29 Diciembre 2010 Seguir en 
La prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales (las otras son la justicia, la templanza y la fortaleza), que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. Lo contrario de ella, es decir la imprudencia, suele ser una de las madres de las desgracias. Cuando comienzan los primeros calores, el dique Celestino Gelsi (ex El Cadillal) se convierte durante los fines de semana en un destino obligado de miles de tucumanos que no sólo buscan refrescarse en sus aguas, sino pasar una jornada agradable en medio de la naturaleza.
El embalse está ubicado a 29 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Sus aguas ocupan 1.360 hectáreas y que tiene 11 kilómetros de largo por cuatro de ancho. Para bañarse o pescar se deben tomar precauciones; su profundidad máxima es de 67 metros. Sus costas son irregulares, lo que torna muy difícil la vigilancia y la búsqueda de personas. El jefe de la División Bomberos dijo a nuestro diario hace un par de meses que, en algunos sectores, a sólo uno o dos metros de la orilla, el suelo tiene tres metros de profundidad. Mucha gente ingresa pensando que el lago tiene una pendiente suave, pero se da con la sorpresa de que no puede hacer pie. Hay un solo lugar habilitado para bañarse: es el balneario, en la zona del anfiteatro. El resto está terminantemente prohibido. En temporada alta, el número de guardavidas asciende a 30, mientras la cantidad de bañistas llega a 10.000. El 99% de los accidentes se produce por imprudencia de los visitantes e incluso se bañan al lado de carteles que advierten que se trata de aguas profundas.
En esta época, la concurrencia es masiva; cada fin de semana, los bañeros efectúan, por lo menos, diez rescates de chicos -por lo general, menores de 15 años- que se alejan de la costa. El coordinador del grupo de salvavidas que trabaja en el embalse dijo que el principal problema es que la mayoría no sabe nadar y que muchos padres dejan a sus hijos solos, bajo la mirada de los bañeros y se van a comer un asado a 200 o 300 metros. Señaló que los que han ingerido bebidas alcohólicas son los que más trabajo les dan, así como aquellos intrépidos que en forma constante quieren sobrepasar el boyado para bañarse en las zonas prohibidas, donde el agua es muy profunda.
Otro de los sectores de la villa donde se han registrado muertos es en el río Loro, principalmente en el sector conocido como el "Paso de las lanzas", donde el curso de agua hace una curva. Se produce allí un remolino natural; suele estar señalizado pero el problema es que los inadaptados rompen los carteles. Las crecientes también representan otro riesgo porque se producen en forma repentina y se reconocen cuando cambia el color del agua, se vuelve turbia, se llena de ramas y viene con mayor fuerza.
Hemos sugerido en otras ocasiones en esta columna que en las oficinas de la comuna de El Cadillal, que están en la misma ruta de acceso, se podría entregar un folleto con las precauciones que deben tomarse en el caso de usar el balneario, el río Loro, de internarse en el monte, o de pescar, explicitando las profundidades del embalse en las zonas de mayor concurrencia. Tal vez en un caso extremo, se podría entregar un folleto con la nómina y la edad de los fallecidos o poner sus nombres en carteles en los sectores más peligrosos del embalse, a los efectos de que la gente tome mayor conciencia de la importancia de proteger la vida. Quizás sería necesario destinar algún sector o una pileta, donde personal capacitado enseñe a chicos y grandes a nadar, de ese modo, la visita al dique no sólo sería recreativa, sino también de aprendizaje. Controlar que no se violen las normas, preservar la vida y educar debería ser la tarea del Estado. Como dice en refrán, es mejor prevenir que curar o que llorar por una tragedia.
El embalse está ubicado a 29 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Sus aguas ocupan 1.360 hectáreas y que tiene 11 kilómetros de largo por cuatro de ancho. Para bañarse o pescar se deben tomar precauciones; su profundidad máxima es de 67 metros. Sus costas son irregulares, lo que torna muy difícil la vigilancia y la búsqueda de personas. El jefe de la División Bomberos dijo a nuestro diario hace un par de meses que, en algunos sectores, a sólo uno o dos metros de la orilla, el suelo tiene tres metros de profundidad. Mucha gente ingresa pensando que el lago tiene una pendiente suave, pero se da con la sorpresa de que no puede hacer pie. Hay un solo lugar habilitado para bañarse: es el balneario, en la zona del anfiteatro. El resto está terminantemente prohibido. En temporada alta, el número de guardavidas asciende a 30, mientras la cantidad de bañistas llega a 10.000. El 99% de los accidentes se produce por imprudencia de los visitantes e incluso se bañan al lado de carteles que advierten que se trata de aguas profundas.
En esta época, la concurrencia es masiva; cada fin de semana, los bañeros efectúan, por lo menos, diez rescates de chicos -por lo general, menores de 15 años- que se alejan de la costa. El coordinador del grupo de salvavidas que trabaja en el embalse dijo que el principal problema es que la mayoría no sabe nadar y que muchos padres dejan a sus hijos solos, bajo la mirada de los bañeros y se van a comer un asado a 200 o 300 metros. Señaló que los que han ingerido bebidas alcohólicas son los que más trabajo les dan, así como aquellos intrépidos que en forma constante quieren sobrepasar el boyado para bañarse en las zonas prohibidas, donde el agua es muy profunda.
Otro de los sectores de la villa donde se han registrado muertos es en el río Loro, principalmente en el sector conocido como el "Paso de las lanzas", donde el curso de agua hace una curva. Se produce allí un remolino natural; suele estar señalizado pero el problema es que los inadaptados rompen los carteles. Las crecientes también representan otro riesgo porque se producen en forma repentina y se reconocen cuando cambia el color del agua, se vuelve turbia, se llena de ramas y viene con mayor fuerza.
Hemos sugerido en otras ocasiones en esta columna que en las oficinas de la comuna de El Cadillal, que están en la misma ruta de acceso, se podría entregar un folleto con las precauciones que deben tomarse en el caso de usar el balneario, el río Loro, de internarse en el monte, o de pescar, explicitando las profundidades del embalse en las zonas de mayor concurrencia. Tal vez en un caso extremo, se podría entregar un folleto con la nómina y la edad de los fallecidos o poner sus nombres en carteles en los sectores más peligrosos del embalse, a los efectos de que la gente tome mayor conciencia de la importancia de proteger la vida. Quizás sería necesario destinar algún sector o una pileta, donde personal capacitado enseñe a chicos y grandes a nadar, de ese modo, la visita al dique no sólo sería recreativa, sino también de aprendizaje. Controlar que no se violen las normas, preservar la vida y educar debería ser la tarea del Estado. Como dice en refrán, es mejor prevenir que curar o que llorar por una tragedia.







