26 Diciembre 2010 Seguir en 

Aprendí a leer a los cinco años, en un colegio de Cochabamba. Esa fue la cosa más importante que me pasó en la vida. Recuerdo cómo se enriqueció mi vida gracias a esa operación mágica que era leer, porque me permitió entrar a vivir en un mundo mil veces más rico, más aventurero y más comprensible que el mundo real en el que vivía. La lectura para mí fue algo milagroso, y gocé tanto sumergiéndome en esto que me permitía viajar en el tiempo y en el espacio. Todo eso fue empujándome hacia la literatura, por el placer inmenso que me daba la lectura desde muy niño?
Todos los escritores utilizan su memoria como materia prima de sus obras. Yo creo que la memoria es la fuente principal de la invención. Lo que invento, la mayor parte de las veces tiene siempre una semilla en imágenes de la memoria. Muchas veces soy consciente de que la fantasía está utilizando ese embrión que es el recuerdo. Todas las ficciones que he escrito siempre han nacido de algún hecho vivido, nunca han sido un puro movimiento de la imaginación. Que yo recuerde, todas tienen un punto de partida en algo que me ocurrió. Una persona que conocí o una situación que me afectó profundamente y que dejó algo en mi memoria. Eso, luego, se convierte en algo fértil para inventar. No quiero decir que todo lo que he escrito sea una biografía disimulada, no. Creo que es un punto de partida, algo que me da pie para trabajar con la imaginación?
Yo siempre quise escribir historias que tuvieran, sobre los demás, el mismo efecto increíble que habían tenido en mí las lecturas de aventuras que tuve en mis manos desde niño. Por eso digo que siendo niño, creía que era huérfano y la lectura, ese acto de descifrar las palabras, me sumergía en destinos tan deslumbrantes. La literatura es un alimento fundamental para nosotros, para vivir mejor. Creo que hay algo esencial en el progreso humano, que deriva de esa necesidad que hemos tenido desde los tiempos de las cavernas de inventar historias, de crear una realidad paralela a la que estamos inmersos. Sin historias, sin literatura, tal vez no hubiésemos salido nunca de las cavernas...
(Entrevista de Miguel Velárdez publicada el 21 de febrero)
Todos los escritores utilizan su memoria como materia prima de sus obras. Yo creo que la memoria es la fuente principal de la invención. Lo que invento, la mayor parte de las veces tiene siempre una semilla en imágenes de la memoria. Muchas veces soy consciente de que la fantasía está utilizando ese embrión que es el recuerdo. Todas las ficciones que he escrito siempre han nacido de algún hecho vivido, nunca han sido un puro movimiento de la imaginación. Que yo recuerde, todas tienen un punto de partida en algo que me ocurrió. Una persona que conocí o una situación que me afectó profundamente y que dejó algo en mi memoria. Eso, luego, se convierte en algo fértil para inventar. No quiero decir que todo lo que he escrito sea una biografía disimulada, no. Creo que es un punto de partida, algo que me da pie para trabajar con la imaginación?
Yo siempre quise escribir historias que tuvieran, sobre los demás, el mismo efecto increíble que habían tenido en mí las lecturas de aventuras que tuve en mis manos desde niño. Por eso digo que siendo niño, creía que era huérfano y la lectura, ese acto de descifrar las palabras, me sumergía en destinos tan deslumbrantes. La literatura es un alimento fundamental para nosotros, para vivir mejor. Creo que hay algo esencial en el progreso humano, que deriva de esa necesidad que hemos tenido desde los tiempos de las cavernas de inventar historias, de crear una realidad paralela a la que estamos inmersos. Sin historias, sin literatura, tal vez no hubiésemos salido nunca de las cavernas...
(Entrevista de Miguel Velárdez publicada el 21 de febrero)
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