La cultura entre comillas

Samuel Schkolnik.

26 Diciembre 2010
El número y la calidad de muestras plásticas, conciertos, puestas teatrales, conferencias, congresos y actividades de extensión generadas por cuatro universidades, hacen de nuestra provincia una de las más destacadas en lo que concierne a la "cultura".
Las comillas que acaban de leerse se deben a la siguiente comprobación: aunque las personas que participan de las prácticas mencionadas sean muchas (y a veces son multitudes), resultan pocas comparadas con la mayoría de la población. Se dirá quizás que siempre y en todas partes ha sido así, pero tal observación no es válida; hubo tiempos en que el proscenio y la biblioteca proyectaban sus efectos en las calles y en las plazas, y no era extraño que un obrero pasara en bicicleta, camino de los talleres de Tafí Viejo, silbando una obertura de Verdi. Esa exposición del ánimo colectivo a las manifestaciones más altas del espíritu es lo que ha cesado.
Algunas evidencias de tal cesantía son el imperio de la brutalidad en la vía pública, la indiferencia ante la destrucción del patrimonio arquitectónico, la crispación que campea en tantas vidas abundantes de urgencias pero escasas de horizontes. Porque de eso se trata con las artes y las letras: de dilatar el alma apuntando a lo más lejos.
Ahora bien, podemos, si queremos, sacar las comillas de la palabra "cultura", empleándola en su sentido antropológico. De esa manera, resultará que el rock, sus bandas y sus tribus, el fútbol y las suyas, los políticos y sus punteros, el tránsito y sus inspectores, son parte de nuestra cultura quizás más genuinamente que el Cancionero Popular de Tucumán, recopilado por Juan Alfonso Carrizo. (Y conste que no evoco literatura "culta".) Por eso es mejor seguir refugiándonos en las comillas; también en nuestra provincia, más vale lo universal que lo público.

(Artículo publicado el 4 de julio, dos meses antes de su muerte).

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