La Cumbre Climática en México

13 Diciembre 2010
A fines de la década de 1980 y a comienzos de los 90, las alteraciones climáticas comenzaron a inquietar a los científicos por las nefastas consecuencias que podían traer en el futuro. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático o Protocolo de Kyoto 1997 obligaba a casi 40 naciones industrializadas a reducir las emisiones de gas invernadero a un promedio de un 5,2% menos que los niveles de 1990, durante el lustro 2008-2012.

Como se sabe, la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, provocada por el hombre, ha alcanzado ya niveles tan altos que el sistema climático se ha desequilibrado. La concentración de anhídrido carbónico y la temperatura del mundo han aumentado aceleradamente en los últimos 50 años y subirán todavía más rápido en las próximas décadas. "Esto se suma a multitud de desequilibrios ecológicos, cuyo impacto pone en peligro las vidas y medios de subsistencia de los pueblos del mundo, y en particular de las personas desfavorecidas y otros grupos vulnerables", se indica en el sitio http://www.cumbrescambioclimatico.org/. Entre los efectos que pueden predecirse están las sequías y las inundaciones. Cuando el clima se calienta, aumenta la evaporación terrestre y marina. Esto causa sequías en las áreas del mundo en que este aumento de evaporación no se ve compensado con mayores precipitaciones. El vapor de agua adicional de la atmósfera debe volver a caer en forma de precipitaciones, lo que puede provocar inundaciones en otras partes del mundo. Los glaciares de todo el mundo se están deshelando rápidamente.

Tras la frustrada Cumbre de Copenhague, en la que los principales contaminadores hicieron caso omiso de las conclusiones, acaba de terminar la Cumbre de Cancún (México), donde casi 200 naciones acordaron un plan para diseñar un Fondo Climático Verde, que incluye medidas para proteger las selvas y nuevas vías para compartir tecnologías de energía limpia, así como ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático. Por otro lado, se reafirma la meta de recaudar 100.000 millones de dólares al año para ayudar a los países pobres hasta 2020 y prescribe el objetivo de limitar el aumento del promedio de las temperaturas a menos de dos grados Celsius sobre la era preindustrial. Sin embargo, no quedó claro cómo se recaudará ese dinero y tampoco se vieron grandes progresos en cómo extender el Protocolo de Kyoto, que obliga a casi 40 países desarrollados a recortar sus emisiones de gases de efecto invernadero. El texto acordado por la mayoría de los países indica que las emisiones de gas invernadero de las naciones desarrolladas deberían descender hacia 2020 a entre un 25 y un 40% menos que los niveles de 1990 para evitar daños peores. Se reconoce la necesidad de revisar un objetivo más difícil de 1,5 grados centígrados, y establece una meta de elaborar un objetivo global para reducir sustancialmente las emisiones globales en 2050. Como se recordará, China e India han resistido los llamados para establecer una meta global de rebajar a la mitad las emisiones mundiales en 2050.

Bolivia se ha opuesto a suscribir el documento repite los errores de la Cumbre de Dinamarca, en la que las naciones desarrolladas se negaron a cambiar sus políticas irracionales de industrialización que provocan la contaminación ambiental y la destrucción del mundo.

Su posición no es descabellada porque la discusión de los grandes temas ha sido postergada en Cancún para 2011. Los países ricos siguen tirando tierra bajo la alfombra y cerrando los ojos a la contaminación del planeta. Se sabe que cuando la naturaleza reaccione ante las constantes agresiones del hombre, toda la riqueza de las potencias de nada servirá para impedir las catástrofes.

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