Camuflados entre los enemigos

Tanto el ministro de Seguridad como el jefe de Policía creen que hay intencionalidad política detrás de las críticas. Y parecen no ver la realidad.

Juan Manuel Montero
Por Juan Manuel Montero 10 Diciembre 2010
Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones.

(Jorge Luis Borges)

Es un rasgo distintivo de esta gestión. Siempre están al acecho. Siempre miran con desconfianza. Siempre creen que detrás de todo hay algo más. Sospechan hasta de sus sombras y ven operaciones detrás de cada línea publicada. Por eso no debiera sorprender que en una fecha tan cara en lo institucional como la del Día de la Policía, y más teniendo en cuenta que el gobernador José Alperovich estaba presente, tanto el ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera como el jefe de la institución, Hugo Sánchez, dedicaran gran parte de sus discursos a atacar a quienes, según ellos, son sus enemigos. Ante cada frase pusieron de manifiesto la creencia de que entre las sombras hay quienes están dispuestos a dar el zarpazo.

"La lucha no ha terminado, queda mucho por hacer. Lo importante es que hemos decidido, Sociedad, Policía, Gobierno y Justicia, trabajar juntos. Y estoy convencido de que ese es el camino y no hay otro. No es el de la confrontación como algunos pretenden", dijo Sánchez. Extraño, al menos, sonó cuando afirmó: "a los señores fiscales y jueces penales provinciales. La Policía de Tucumán es su auxiliar; sin un trabajo conjunto, difícilmente logremos el éxito. Es una institución y un poder del Estado, que se precisan y complementan mutuamente. No permitamos que terceros distraigan nuestros objetivos y esfuerzos". Paradójico fue, ya que el mismo Sánchez se encargó hace poco más de dos meses de advertir que parte de la inseguridad se debía a que ellos detenían y los fiscales liberaban a los acusados en 10 días. ¿Quiénes son entonces los "terceros" que distraen los objetivos y esfuerzos, si fue él quien casi causa un conflicto entre poderes del que tuvo que sacarlo el mismo presidente de la Corte, Antonio Estofán, a pedido del gobernador.

El jefe de Policía disparó luego: "la sociedad, en su gran mayoría, reconoce y nos agradece, lo que hacemos... a pesar de algunos errores. Y allí es cuando surge lo mejor de la institución, sus hombres, sus recursos humanos. Hombres que a pesar de las críticas, a veces fundadas y otras, no bien intencionadas, continúan trabajando". Nadie discute que de 7.000 policías, la mayoría lo hace con vocación y voluntad cívica. El agente Eduardo Rivadeneira, que esta semana salvó a una criatura de Lastenia de morir tras una descarga eléctrica, es una muestra de esto. Pero nadie desconoce también que hay grupos que están descontrolados. Y cuya acción se conoce cuando salen en los medios. Y es en ese momento cuando los funcionarios creen ver al enemigo.

Sánchez defendió a rajatabla la utilización de las cámaras de seguridad. "Estoy convencido de que será un salto de calidad y una herramienta muy útil para la prevención", dijo. Pero nada aclaró sobre las situaciones grotescas que llevaron a que seis mujeres, dos de ellas de 60 años, fueran confundidas con mecheras por el ojo de "Gran Hermano". Ni tampoco consideró que alguien, al menos, debió pedirles disculpas.

López Herrera también ve enemigos. "No puede estar permanentemente atacándose y desacreditándose a la institución y a sus integrantes. A la Policía hay que mejorarla día a día, porque es la principal herramienta con que cuenta un Estado para luchar contra la delincuencia", dijo muy serio. El tiene que saberlo bien. Fue en su mismo ministerio donde una mujer denunció que en la comisaría de El Manantial un preso tenía libertades para salir y aparentemente vendía drogas. Pero nadie hizo nada. Eso sí, cuando el escándalo tomó estado público, la culpa fue del mensajero. Hace pocas horas ya lo pidió Julian Assange: "no maten al mensajero", en referencia al escándalo mundial por las revelaciones de Wikileaks.

Nadie puede querer en toda la provincia que la gestión de seguridad fracase. Su éxito sería el de los tucumanos, que se sentirían libres de salir de su casa sabiendo que regresarán con todas sus pertenencias, y que al pasar la puerta encontrarán todo como lo dejaron. Los tucumanos sabrían que pueden llamar a una comisaría y que su pedido de ayuda será respondido en minutos, con las motos y los autos que se compraron. Que no les pasará lo que a la familia de Yerba Buena que se comunicó cuatro veces con la Policía y jamás tuvo respuesta. Que no deberán estar cuidándose de que los mismos policías que ellos creen que deben protegerlos los asalten, como le pasó en los primeros meses del año a la maestra de Banda del Río Salí, o los que fueron víctimas de la banda que, según la investigación de la Justicia, comandaba un oficial que trabajaba en Tribunales. Que podrán sacar su certificado de conducta sin sorprenderse porque de pronto uno tiene más causas que Al Capone y el verdadero delincuente parece recién salido de un monasterio.

Será por todo esto que la semana pasada Sánchez se reunió con sus principales lugartenientes en un bar cerca del casino y les exigió resultados. "Hay que hacer operativos, detener delincuentes, hay que mostrar que estamos haciendo cosas. Van a venir por mi cabeza. Pero si eso pasa, también van a rodar las suyas". Sonó a advertencia. Ya lo decía Jacinto Benavente: "Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios