"Olvide los mitos creados en los medios sobre la Casa Blanca. La verdad es que estos tipos no son muy inteligentes". (Garganta Profunda, hablando con Bob Woodward acerca del espionaje ordenado por el Gobierno de EEUU en el edificio Watergate, en 1972. En: "Todos los hombres del presidente")
Por estos días resonaron desde varios lugares los escándalos surgidos de las cosas que hacen los espías que los gobiernos tienen para hacer la sucia tarea de saber qué hacen y en qué están quienes consideran "amigos" como "enemigos". De eso se trata, a nivel macro, lo que hizo la diplomacia de EEUU con los gobiernos del mundo, y que destapó Wikileaks. De eso se trata, también, lo que tradicionalmente han hecho algunas secciones específicas de la Policía tucumana en busca del ilusorio "control social", y que ha salido a luz en estos últimos tiempos a través de dos papelones oficiales: el de los prontuarios mellizos y el de las detenciones (breves) de mujeres a las que se confundió con mecheras. En ambos casos, los funcionarios policiales hablaron de "errores" y no de intencionalidad o de procedimientos arbitrarios. ¿Qué otra cosa iban a decir?
El caso de los prontuarios viene siendo investigado desde septiembre. Un fiscal de Concepción descubrió que en la División Antecedentes Personales había prontuarios repetidos y hasta triplicados. Personas que figuraban sin antecedentes delictivos o con frondosos antecedentes, o personas que figuraban con diferentes apellidos. Para el fiscal Edgardo Sánchez, de Concepción, esto no significaba solamente la posibilidad de que un acusado de delitos pudiera "comprar" un prontuario limpio, sino la imposibilidad de que la Justicia pudiera proceder tanto para iniciar el proceso para limpiar honras como para procesar a los responsables de los delitos.
A nivel de toda la sociedad -porque, hay que recordarlo, por Antecedentes Personales pasan archivos de todos los ciudadanos, no sólo los de los acusados de delitos- esto significaba la certidumbre de que todo el procedimiento de fichar a los habitantes de esta comunidad está viciado de sorpresa. ¿qué dijeron los funcionarios? "Errores humanos". Lo acaba de dictaminar el Departamento Informaciones Policiales (D2) en un expediente entregado a la fiscala María de las Mercedes Carrizo, quien investiga otra causa vinculada con Antecedentes Personales, la de los oficios truchos. El comisario general Fernando Maruf, jefe del D2, negó en el expediente que haya habido maniobras dolosas. "Sí existió error humano, lo cual fue documentado en una valoración objetiva", dijo. En ese mismo expediente, el comisario Marcelo Santos describe que "es común que el individuo con antecedentes penales mienta sus datos de filiación para eludir su correcta identificación". ¿Cómo hacen, entonces, los policías para saber si el individuo miente? Hasta ahora, por intuición, por experiencia, porque ninguno, que se sepa, ha tenido la preparación del personaje de Tim Roth en "Lie to me".
El comisario Enrique Jiménez, jefe del Centro de Control, dice que ya no se detiene por "portación de cara", sino que se analiza "el lenguaje corporal, y a eso se apunta para prevenir el delito". Pero, claro, Jiménez dio esta explicación luego de que se destapara el escándalo de las arbitrarias detenciones de seis mujeres confundidas con mecheras.
Errores históricos
¿Es válido dudar de las intenciones de los responsables de los operativos de control policial? En teoría, trabajan para proteger al conjunto social. El problema está en la metodología. Aunque tienen nuevas herramientas tecnológicas, los policías siguen trabajando con los mismos métodos de hace 30 o 40 años. El D2 (Informaciones Policiales) fue usado en la época de la dictadura para espiar a estudiantes y docentes de la UNT (así se reveló hace cuatro meses en el juicio por violaciones a los derechos humanos en la ex Jefatura). Curiosamente, las fichas que se hacían tenían los mismos errores que las de ahora: apellidos mal escritos, confusiones de entre b y v, entre g y j, pero los resultados logrados con esas fichas no eran errores: hubo gente desaparecida y asesinada con esos espionajes.
Pocas cosas han cambiado en los métodos del D2 desde hace 30 años a la fecha. Siguen haciendo recortes de publicaciones en medios de prensa (igual que reveló Wikileaks de los servicios diplomáticos norteamericanos), y nadie en la Justicia (ni en la oficial secretaría de Derechos Humanos) averigua qué hacen las distintas secciones de este departamento, sección Hoteles, sección Gremios, sección Servicio de Calle). ¿Hace o hizo espionaje político? ¿Qué cosas descubrió? ¿Ayudó a esclarecer las agresiones oscuras de grupos cuasi mafiosos, como las que fueron notorias en los tiempos de Julio Miranda? No se sabe. La oscuridad rodea los métodos de estas áreas de una policía que, después de lo ocurrido en la época de la dictadura, debería dar profesión de fe democrática. Con hechos, no con errores.
Los errores en estas áreas de espionaje se parecen mucho a los chismes, como lo plantea en uno de sus sermones el padre Flynn, el personaje que interpreta Philip Symour Hoffman en la película "La duda": el chisme es como una almohada de plumas cortada y sacudida al viento. Por más que uno se arrepienta del error, nunca se puede volver a juntar las plumas. Ya han sido esparcidas por todas partes.
Por estos días resonaron desde varios lugares los escándalos surgidos de las cosas que hacen los espías que los gobiernos tienen para hacer la sucia tarea de saber qué hacen y en qué están quienes consideran "amigos" como "enemigos". De eso se trata, a nivel macro, lo que hizo la diplomacia de EEUU con los gobiernos del mundo, y que destapó Wikileaks. De eso se trata, también, lo que tradicionalmente han hecho algunas secciones específicas de la Policía tucumana en busca del ilusorio "control social", y que ha salido a luz en estos últimos tiempos a través de dos papelones oficiales: el de los prontuarios mellizos y el de las detenciones (breves) de mujeres a las que se confundió con mecheras. En ambos casos, los funcionarios policiales hablaron de "errores" y no de intencionalidad o de procedimientos arbitrarios. ¿Qué otra cosa iban a decir?
El caso de los prontuarios viene siendo investigado desde septiembre. Un fiscal de Concepción descubrió que en la División Antecedentes Personales había prontuarios repetidos y hasta triplicados. Personas que figuraban sin antecedentes delictivos o con frondosos antecedentes, o personas que figuraban con diferentes apellidos. Para el fiscal Edgardo Sánchez, de Concepción, esto no significaba solamente la posibilidad de que un acusado de delitos pudiera "comprar" un prontuario limpio, sino la imposibilidad de que la Justicia pudiera proceder tanto para iniciar el proceso para limpiar honras como para procesar a los responsables de los delitos.
A nivel de toda la sociedad -porque, hay que recordarlo, por Antecedentes Personales pasan archivos de todos los ciudadanos, no sólo los de los acusados de delitos- esto significaba la certidumbre de que todo el procedimiento de fichar a los habitantes de esta comunidad está viciado de sorpresa. ¿qué dijeron los funcionarios? "Errores humanos". Lo acaba de dictaminar el Departamento Informaciones Policiales (D2) en un expediente entregado a la fiscala María de las Mercedes Carrizo, quien investiga otra causa vinculada con Antecedentes Personales, la de los oficios truchos. El comisario general Fernando Maruf, jefe del D2, negó en el expediente que haya habido maniobras dolosas. "Sí existió error humano, lo cual fue documentado en una valoración objetiva", dijo. En ese mismo expediente, el comisario Marcelo Santos describe que "es común que el individuo con antecedentes penales mienta sus datos de filiación para eludir su correcta identificación". ¿Cómo hacen, entonces, los policías para saber si el individuo miente? Hasta ahora, por intuición, por experiencia, porque ninguno, que se sepa, ha tenido la preparación del personaje de Tim Roth en "Lie to me".
El comisario Enrique Jiménez, jefe del Centro de Control, dice que ya no se detiene por "portación de cara", sino que se analiza "el lenguaje corporal, y a eso se apunta para prevenir el delito". Pero, claro, Jiménez dio esta explicación luego de que se destapara el escándalo de las arbitrarias detenciones de seis mujeres confundidas con mecheras.
Errores históricos
¿Es válido dudar de las intenciones de los responsables de los operativos de control policial? En teoría, trabajan para proteger al conjunto social. El problema está en la metodología. Aunque tienen nuevas herramientas tecnológicas, los policías siguen trabajando con los mismos métodos de hace 30 o 40 años. El D2 (Informaciones Policiales) fue usado en la época de la dictadura para espiar a estudiantes y docentes de la UNT (así se reveló hace cuatro meses en el juicio por violaciones a los derechos humanos en la ex Jefatura). Curiosamente, las fichas que se hacían tenían los mismos errores que las de ahora: apellidos mal escritos, confusiones de entre b y v, entre g y j, pero los resultados logrados con esas fichas no eran errores: hubo gente desaparecida y asesinada con esos espionajes.
Pocas cosas han cambiado en los métodos del D2 desde hace 30 años a la fecha. Siguen haciendo recortes de publicaciones en medios de prensa (igual que reveló Wikileaks de los servicios diplomáticos norteamericanos), y nadie en la Justicia (ni en la oficial secretaría de Derechos Humanos) averigua qué hacen las distintas secciones de este departamento, sección Hoteles, sección Gremios, sección Servicio de Calle). ¿Hace o hizo espionaje político? ¿Qué cosas descubrió? ¿Ayudó a esclarecer las agresiones oscuras de grupos cuasi mafiosos, como las que fueron notorias en los tiempos de Julio Miranda? No se sabe. La oscuridad rodea los métodos de estas áreas de una policía que, después de lo ocurrido en la época de la dictadura, debería dar profesión de fe democrática. Con hechos, no con errores.
Los errores en estas áreas de espionaje se parecen mucho a los chismes, como lo plantea en uno de sus sermones el padre Flynn, el personaje que interpreta Philip Symour Hoffman en la película "La duda": el chisme es como una almohada de plumas cortada y sacudida al viento. Por más que uno se arrepienta del error, nunca se puede volver a juntar las plumas. Ya han sido esparcidas por todas partes.
Lo más popular
Ranking notas premium







