Un sector sin diálogo

Análisis.

Por Fernando García Soto 30 Noviembre 2010
En la semana que pasó desde que la industria azucarera anunció que habrá que importar azúcar para combatir la especulación que restringe la oferta del producto en el mercado interno, no hubo ningún tipo de diálogo entre los dueños de los ingenios tucumanos y los cañeros, que se oponen a la drástica medida. La tensión es tal en la actividad, que a ninguno se le ocurrió tomar el teléfono para mantener una charla informal sobre la situación que aflige al conjunto del sector. Como facciones que van a la batalla, todos esperan ansiosos la reunión que los integrantes de la mesa de seguimiento de las exportaciones de azúcar llevarán a cabo hoy en la sede del Centro Azucarero Argentino (CAA). Demasiado formalismo para personas de carne y hueso que se ven a diario por las calles tucumanas, o en los campos, o en los ingenios, o en todo tipo de reuniones sociales. Se trata de dirigentes que se han reunido ya decenas de veces, para conversar sobre situaciones que siempre giran sobre lo mismo: mantener bien abastecido de azúcar el mercado interno, lograr precios razonables y exportar excedentes (últimamente, se sumó el tema de los biocombustibles). No son amigos entre sí los dirigentes azucareros tucumanos, y ni siquiera se hablan (salvo en las reuniones formales). Los cañeros se enteran por la prensa de decisiones muy controvertidas que toma la industria, que se arroga un rol de padre que contiene a sus hijos (los cañeros), a quienes no necesitan consultar sobre temas serios. Y así anda la cosa.

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