27 Noviembre 2010 Seguir en 
Se suele decir, no sin razón, que el arte en todas sus manifestaciones es una hermosa herramienta no sólo para aprender, para crecer espiritualmente, sino también para generar solidaridad y acciones que pueden ayudar a escapar a las personas de flagelos como la miseria o la droga. En los últimos años, surgieron, con el apoyo de la Nación y la Provincia, orquestas en barrios periféricos que tuviesen una misión de inclusión social.
"En la orquesta, ese niño comienza a adquirir un perfil, comienza a adquirir una pertenencia. Pertenezco a esta orquesta. La orquesta se convierte en una extensión de la familia... allí el niño comienza a conocer a fondo la vida social noble, no la vida social de la miseria y la pobreza, sino la vida social de una orquesta que hace belleza, que construye armonía, que construye entre sus miembros vínculos de solidaridad y una motivación al logro enorme, porque el tocar repertorios cada vez más exigentes, el poder mostrar a su familia el éxito, el progreso en un instrumento, el figurar como solista en un concierto, llevarle a tu madre y a tu padre esta alegría, es un elemento transformador enorme", dijo en una ocasión el compositor, director orquestal y doctor en Economía, José Antonio Abreu, que a mediados de la década de 1970 creó en Venezuela la Acción Social para la Música. En los barrios más pobres de su país comenzó a organizar orquestas infanto juveniles que posibilitaron con el tiempo que los chicos de escasos recursos vislumbraran un horizonte de vida diferente. Durante la década de 1980 y comienzos de la del 90, cuando Abreu desempeñó en los cargos de ministro de la Cultura de Venezuela y director del Consejo Nacional de la Cultura, este movimiento tomó fuerza. Se creó el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, una red que contiene a cerca de 250.000 chicos músicos. "Mediante la práctica orquestal diaria, el niño y el joven aceleran profundamente su formación, pero además la orquesta trae consigo un ambiente de participación hermosísimo para el niño que sale solo, solitario, del rancho o de la barriada periférica de una ciudad", dijo Abreu, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008.
Hace dos años, luego de tocar para chicos en el barrio 2 de Septiembre, de Yerba Buena, un violinista, integrante de la Orquesta Estable de la Provincia, impulsado por la grata experiencia, abrió un taller musical en la capilla del Divino Niño Jesús. Con el correr del tiempo, armó una orquesta que tiene por finalidad contener socialmente a los adolescentes. "Todo se hizo de la nada y hoy tenemos 45 violines, dos violas, un contrabajo y cuatro violonchelos, todo donado por gente que apuesta a la cultura y no a la dádiva... Acá todo se hace de corazón, y lo mejor es que generó lazos de solidaridad en el barrio, porque conozco muchos pobres que sólo tienen dinero, pero acá hay familias orgullosas y felices por todo lo que están haciendo sus hijos", contó el músico que trabaja ad honorem. El conjunto que cuenta con 73 chicos, compartirá a mediados de diciembre el escenario del Teatro Colón con la Orquesta de Integración Social de la Villa 31 de Retiro, un hecho que enorgullece a la comunidad: Las madres hicieron bingos y rifas, como los que vienen organizando para reparar instrumentos o comprar cuerdas, para adquirir los materiales para hacerles vestidos a las chicas y chalecos a los varones.
Estas acciones sociales a través del arte les abren a chicos de lugares desfavorecidos la posibilidad de labrarse un futuro diferente, como los ocho jóvenes de esta orquesta que lograron ingresar al exigente Instituto Superior de Música de la UNT. Una tarea que, por cierto, debería contar con el constante apoyo del Estado porque son respuestas concretas a problemáticas sociales cada vez más preocupantes.
"En la orquesta, ese niño comienza a adquirir un perfil, comienza a adquirir una pertenencia. Pertenezco a esta orquesta. La orquesta se convierte en una extensión de la familia... allí el niño comienza a conocer a fondo la vida social noble, no la vida social de la miseria y la pobreza, sino la vida social de una orquesta que hace belleza, que construye armonía, que construye entre sus miembros vínculos de solidaridad y una motivación al logro enorme, porque el tocar repertorios cada vez más exigentes, el poder mostrar a su familia el éxito, el progreso en un instrumento, el figurar como solista en un concierto, llevarle a tu madre y a tu padre esta alegría, es un elemento transformador enorme", dijo en una ocasión el compositor, director orquestal y doctor en Economía, José Antonio Abreu, que a mediados de la década de 1970 creó en Venezuela la Acción Social para la Música. En los barrios más pobres de su país comenzó a organizar orquestas infanto juveniles que posibilitaron con el tiempo que los chicos de escasos recursos vislumbraran un horizonte de vida diferente. Durante la década de 1980 y comienzos de la del 90, cuando Abreu desempeñó en los cargos de ministro de la Cultura de Venezuela y director del Consejo Nacional de la Cultura, este movimiento tomó fuerza. Se creó el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles, una red que contiene a cerca de 250.000 chicos músicos. "Mediante la práctica orquestal diaria, el niño y el joven aceleran profundamente su formación, pero además la orquesta trae consigo un ambiente de participación hermosísimo para el niño que sale solo, solitario, del rancho o de la barriada periférica de una ciudad", dijo Abreu, ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2008.
Hace dos años, luego de tocar para chicos en el barrio 2 de Septiembre, de Yerba Buena, un violinista, integrante de la Orquesta Estable de la Provincia, impulsado por la grata experiencia, abrió un taller musical en la capilla del Divino Niño Jesús. Con el correr del tiempo, armó una orquesta que tiene por finalidad contener socialmente a los adolescentes. "Todo se hizo de la nada y hoy tenemos 45 violines, dos violas, un contrabajo y cuatro violonchelos, todo donado por gente que apuesta a la cultura y no a la dádiva... Acá todo se hace de corazón, y lo mejor es que generó lazos de solidaridad en el barrio, porque conozco muchos pobres que sólo tienen dinero, pero acá hay familias orgullosas y felices por todo lo que están haciendo sus hijos", contó el músico que trabaja ad honorem. El conjunto que cuenta con 73 chicos, compartirá a mediados de diciembre el escenario del Teatro Colón con la Orquesta de Integración Social de la Villa 31 de Retiro, un hecho que enorgullece a la comunidad: Las madres hicieron bingos y rifas, como los que vienen organizando para reparar instrumentos o comprar cuerdas, para adquirir los materiales para hacerles vestidos a las chicas y chalecos a los varones.
Estas acciones sociales a través del arte les abren a chicos de lugares desfavorecidos la posibilidad de labrarse un futuro diferente, como los ocho jóvenes de esta orquesta que lograron ingresar al exigente Instituto Superior de Música de la UNT. Una tarea que, por cierto, debería contar con el constante apoyo del Estado porque son respuestas concretas a problemáticas sociales cada vez más preocupantes.
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