24 Noviembre 2010 Seguir en 
Un refrán antiguo dice que "una mano lava la otra y las dos lavan la cara". La solidaridad, uno de los sentimientos más nobles del ser humano, parte siempre del amor por el prójimo, pero no siempre la sociedad lo tiene en cuenta. A veces es necesario que una realidad tome estado público para que algunas personas se sientan impulsadas a hacer algo por otro sin ningún tipo de especulación.
Hace exactamente una década, un joven de 20 años se tiró a una pileta a medio llenar durante unas reunión de amigos; su cabeza chocó contra el fondo, sufrió una luxofractura cervical en la quinta vértebra y quedó cuadripléjico. Durante nueve años, sobrevivió desesperanzado, condenado a permanecer inmóvil en una cama, hasta que por gestión de un grupo de legisladores locales, el titular del Centro Argentino de Medios Alternativos de Comunicación (Camac), le instaló una computadora que, gracias a un comando de voz, le permitía realizar varias funciones: subir y bajar la cama, encender el televisor, prender y apagar las luces y llamar por teléfono, entre otras cosas. Fue el comienzo de comenzar a vivir. La nota que le hizo nuestro diario el año pasado, en la que Adrián Pasteris contaba las penurias que le causaban la parálisis y la indiferencia social, movilizó a varias personas. Le montaron una computadora especial con la que podía conectarse a internet. Actualmente, tiene su propio blog y mantiene una columna radial sabatina. Le han ofrecido hacer videos para músicos ingleses y colabora con una asociación bancaria de otra provincia en la construcción de piletas adaptadas para discapacitados. La tecnología le cambió la vida de postración y lamento. "Es una herramienta excelente para mejorar la vida de los discapacitados, pero hay que estar dispuesto a aprender. A mí todo esto me cambió la vida en un 1.000% y se la puede cambiar a todos los discapacitados que quieran aprender. Incluso, ahora me va mejor con la rehabilitación física porque estoy muy estimulado anímicamente. Por eso debería haber más políticas sociales del Gobierno apuntadas a ayudar a los que tenemos este tipo de problemas", dijo.
El presidente del Camac afirmó que en los costos de la salud, instalar estos equipos es muy económico. "Hace falta más difusión y que las obras sociales se den cuenta de que esto es mucho mejor que darle antidepresivos al paciente. Los conecta al mundo y les da mejor calidad de vida. La tecnología y los hallazgos deben ser difundidos para que lleguen a todas las personas que los necesitan", indicó.
La mala nota de esta historia la da el Estado, que debería ser el principal sostén. Los padres de este joven de 30 años cobran la jubilación mínima, con la cual mantienen también a otro hijo discapacitado. La Anses le quitó a su papá el salario por discapacidad, en consecuencia debe reiniciar todos los trámites para que su hijo pueda volver a percibir ese dinero. Tal vez ello se deba a la indiferencia de un empleado o a la perversidad de un sistema que justamente debería auxiliar con particular atención a los discapacitados.
La historia de Adrián pone de relieve la importancia del afecto en la superación de un discapacitado. La contención social a través de acciones concretas lo rescatan del desamparo, de la discriminación que padecen habitualmente estos seres humanos que merecen un trato digno como todos. Durante nueve años, este joven estuvo atado a la desesperanza y al dolor de ya no ser, pero la solidaridad, el amor y la tecnología, en este caso, le cambiaron la vida. "Possunt quia posse videntur" ("pueden, porque creen poder" o "querer es poder"), escribió el poeta Virgilio. Si la sociedad los contiene y los ayuda no sólo contribuirá a su bienestar, sino que podrán realizar sus sueños porque juntos somos mejores.
Hace exactamente una década, un joven de 20 años se tiró a una pileta a medio llenar durante unas reunión de amigos; su cabeza chocó contra el fondo, sufrió una luxofractura cervical en la quinta vértebra y quedó cuadripléjico. Durante nueve años, sobrevivió desesperanzado, condenado a permanecer inmóvil en una cama, hasta que por gestión de un grupo de legisladores locales, el titular del Centro Argentino de Medios Alternativos de Comunicación (Camac), le instaló una computadora que, gracias a un comando de voz, le permitía realizar varias funciones: subir y bajar la cama, encender el televisor, prender y apagar las luces y llamar por teléfono, entre otras cosas. Fue el comienzo de comenzar a vivir. La nota que le hizo nuestro diario el año pasado, en la que Adrián Pasteris contaba las penurias que le causaban la parálisis y la indiferencia social, movilizó a varias personas. Le montaron una computadora especial con la que podía conectarse a internet. Actualmente, tiene su propio blog y mantiene una columna radial sabatina. Le han ofrecido hacer videos para músicos ingleses y colabora con una asociación bancaria de otra provincia en la construcción de piletas adaptadas para discapacitados. La tecnología le cambió la vida de postración y lamento. "Es una herramienta excelente para mejorar la vida de los discapacitados, pero hay que estar dispuesto a aprender. A mí todo esto me cambió la vida en un 1.000% y se la puede cambiar a todos los discapacitados que quieran aprender. Incluso, ahora me va mejor con la rehabilitación física porque estoy muy estimulado anímicamente. Por eso debería haber más políticas sociales del Gobierno apuntadas a ayudar a los que tenemos este tipo de problemas", dijo.
El presidente del Camac afirmó que en los costos de la salud, instalar estos equipos es muy económico. "Hace falta más difusión y que las obras sociales se den cuenta de que esto es mucho mejor que darle antidepresivos al paciente. Los conecta al mundo y les da mejor calidad de vida. La tecnología y los hallazgos deben ser difundidos para que lleguen a todas las personas que los necesitan", indicó.
La mala nota de esta historia la da el Estado, que debería ser el principal sostén. Los padres de este joven de 30 años cobran la jubilación mínima, con la cual mantienen también a otro hijo discapacitado. La Anses le quitó a su papá el salario por discapacidad, en consecuencia debe reiniciar todos los trámites para que su hijo pueda volver a percibir ese dinero. Tal vez ello se deba a la indiferencia de un empleado o a la perversidad de un sistema que justamente debería auxiliar con particular atención a los discapacitados.
La historia de Adrián pone de relieve la importancia del afecto en la superación de un discapacitado. La contención social a través de acciones concretas lo rescatan del desamparo, de la discriminación que padecen habitualmente estos seres humanos que merecen un trato digno como todos. Durante nueve años, este joven estuvo atado a la desesperanza y al dolor de ya no ser, pero la solidaridad, el amor y la tecnología, en este caso, le cambiaron la vida. "Possunt quia posse videntur" ("pueden, porque creen poder" o "querer es poder"), escribió el poeta Virgilio. Si la sociedad los contiene y los ayuda no sólo contribuirá a su bienestar, sino que podrán realizar sus sueños porque juntos somos mejores.
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