BUENOS AIRES.- Una muy buena parte de la corporación política de todo pelaje y color que, entrelazada en sus intereses, decidió durante la última semana que era mejor terminar de una vez con el caso de los misteriosos abandonos de las bancas de la Cámara de Diputados la noche en que se discutía el Presupuesto, se ha comportado de modo patético. Apelando a lo que los futbolistas llaman "códigos de vestuario", los legisladores enterraron las cuestiones de privilegio en el fondo de un cajón y dejaron a la ciudadanía en ascuas.
Así, con la complicidad que sólo se explica a partir de una verdadera omertá legislativa, la resistencia de algunas pocas voces valientes que denunciaron presiones y corrupción tuvieron que llamarse a silencio para no sacar del todo los pies del plato. Lo que han hecho los políticos con este vergonzoso pacto de silencio es subestimar a los votantes, ya que en el fondo creen que la ciudadanía no es capaz de discernir qué diferencias existen entre los llamados favores políticos y una coima. O cómo les cuesta explicar lo inexplicable, lo mejor para ellos ha sido barrer las circunstancias debajo de la alfombra.
Hasta el sonoro sopapo de Graciela Camaño a Carlos Kunkel resultó funcional a la movida, ya que su difusión televisiva sirvió para cubrir los dos hechos bien graves que dejó la sesión de aquella oscura noche: que finalmente no habrá Presupuesto 2011 votado por el Congreso y que los chanchullos del toma y daca son consentidos por igual por oficialistas y opositores. Y la nave siguió su rumbo.
Igualmente, aquella sesión no resultó gratis para nadie. El oficialismo, de modo indirecto, tuvo que reconocer la guasada de sus propias proyecciones, sobre todo la de la inflación (8,9%), y admitir por omisión que no tenía elementos para defenderlas. De allí, que haya sonado hasta lógico pensar que quería quedarse sin Presupuesto para repetir el de este año con ajustes a puro decreto, tal como lo hace desde 2004. Seguramente, si se tomaban parámetros más realistas de recaudación, peligraba la discrecionalidad a la que está acostumbrado el Gobierno y, por eso, la falta de quórum del miércoles le vino como anillo al dedo.
En lo demás, el kirchnerismo ganó en toda la línea. No sólo porque desde lo mediático se dio el lujo de ponerse en víctima una vez más, sino porque de convencer a casi todos que la animosidad estaba del otro lado, zafó de las acusaciones de ofrecimiento de estímulos no lícitos que se le endilgaron a cuatro ministros y dejó a los opositores más divididos que nunca.
Tanto ridiculizó a la oposición, que lo que había sido el mandato del recinto en la votación final de la sesión del bochorno, que los proyectos volvieran a Comisión para rediscutirlos, fue una misión de imposible cumplimiento, ya que el oficialismo jamás convocó a sus miembros, lo que motivó que los opositores, más apegados al reglamento que a la viveza de la política, dejaran vacío el recinto para regodeo de Agustín Rossi y su tropa. Mientras tanto, entre balbuceos, radicales y macristas atendían más a sus propias internas que a la celada oficial. Quizás por ese agrande político o, sin poderlo decir, por haber tomado al fin conciencia de que la inflación es un problema grave que le pega de frente a la clase más humilde y que puede enterrar las pretensiones de reelección, lo cierto es que la Presidenta salió a pregonar el Acuerdo Tripartito entre sindicatos, empresarios y Estado y además a cantarle varias loas seguidas al modelo económico, una materia donde el Gobierno viene flojo de papeles debido justamente a la suba de los precios. Es evidente que sin querer discutir con nadie el modo de abordar la solución, lo que la Presidenta está buscando es apelar a remedios no ortodoxos que frenen la escalada de los precios y en esa línea el Acuerdo puede ser que funcione como una aspirina en el mar, ya que es algo que ha sido probado y reprobado en la Argentina por varios gobiernos, incluido los militares. En ese marco, debe considerarse además la zanahoria para frenar a Hugo Moyano, a quien la Justicia lo está acorralando en varios frentes. El titular de la CGT nunca se pudo sacar de la cabeza que Néstor Kirchner estaba detrás de las causas que lo jaquean, sobre todo la de los medicamentos por cobros indebidos en la Superintendencia de Salud, que en el caso de la Obra Social de su gremio parece involucrar troqueles de remedios oncológicos falsos para cobrar reembolsos en nombre de afiliados que no existían. La cárcel de Juan José Zanola lo tiene al camionero con las barbas en remojo. Desde lo político, la gran apuesta del pacto en ciernes será que se estire lo más posible en el tiempo, para conseguir así cierto confort a las próximas elecciones, mientras desde Olivos se promete a sindicalistas y a industriales cierto protagonismo y un mejor clima para las inversiones, tema en el que las negociaciones abiertas con el Club de París para salir del default, aún vidriosas en cuanto al plazo que se requiere para evitar un Programa del FMI, también ayudan para mejorar la relación con el mundo. En este sentido, la danza de misterio que hicieron el canciller Héctor Timerman y el ministro Amado Boudou, para que se note lo menos posible que la Argentina está concurriendo al FMI una vez más a negociar, aunque sea cuestiones de forma, tal como se lo impone su pertenencia al G-20, ha tenido mayor difusión mediática que aquella que los protagonistas le querían dar, sólo por su empeño de principiantes en ocultarla. Pese a que la Presidenta reivindica desde su tradición peronista el rol del Estado, tanto está atada la economía argentina a su acción discrecional u opresiva, no ya a su carácter regulador o de árbitro como a ella le gusta decir, que el país está sacrificando una extraordinaria oportunidad de pasar al frente. El mundo, preocupado, desparrama por estos días divisas por todas las economías emergentes, tal como, con sus reparos para evitar que se les revalúen sus monedas, están aprovechando hoy la volada Brasil, Chile, Uruguay o Perú, mientras la Argentina apenas moja el pancito.
En cambio, la postura oficial de defensa a ultranza del vivir con lo nuestro, de allí los déficits que se contabilizan como superávits cada vez que aparecen fondos no fiscales como son las supuestas utilidades del BCRA o plata de la Anses, de negación de la inflación y de todas las secuelas (emisión, gasto creciente, distribución del ingreso, pobreza o falta de inversión) le han generado a la Argentina, sin querer, un escudo protector que frena el ingreso de dólares y que evita la revaluación del peso. Mientras tanto, los opositores se miran su propio ombligo y no logran articular cosas en común, o bien porque piensan casi igual (como sucedió en el Congreso) o porque no tienen argumentos que oponer o quizás porque creen que es la sociedad la que prefiere el modelo paternalista basado en subsidios y prebendas y no se quieren arriesgar a perder votos con argumentos, si intentan convencerla para que cambie. Todos estas inconsistencias de la oposición le dejan el campo orégano al oficialismo para que siga ganando imagen e intención de voto a favor de la reelección, un proceso que Cristina bien puede mantener en reserva hasta marzo para evitar pronunciarse en un tema que si es por el "no" la dejaría mal parada hasta el fin de su mandato.
Por su lado, los radicales tienen en la mano la bomba de la interna que les va a explotar en cualquier momento, con dos candidatos que, si bien son conocidos a nivel país, representan el agua y el aceite, como Ricardo Alfonsín y Julio Cobos. El primero es un hombre "del partido", sin experiencia en cargos ejecutivos, pero con el carisma que le aporta el apellido y la lamentable muerte de su padre, mientras que el vicepresidente, un hombre con mayor experiencia en el gobierno, tras el fulgor el éxtasis de su voto "no positivo", ha quedado con el mote de traidor que le endilga el Gobierno y también muchos de sus correligionarios que no le perdonan su ida de la UCR. Ante tantos tironeos, a muy pocos les ha extrañado ver que esta misma semana haya aparecido un tercer candidato de unidad en la marquesina radical, un hombre de San Rafael, muy poco conocido a nivel país, lo que le resta posibilidades objetivas de comenzar siquiera a carretear ya mismo: el senador Ernesto Sanz, hoy presidente de la UCR. Sanz es el candidato preferido del establishment para encabezar la fórmula del Acuerdo Cívico y Social, cuyo segundo término tiene como postulante cantado al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner.
En este armado hay aún muchas piezas por mover, ya que si Cobos o Sanz son candidatos a presidente, Alfonsín debería aspirar a la gobernación de Buenos Aires, con lo cual se cae el casillero para Margarita Stolbizer (GEN). Además, si se supone que la Coalición Cívica no volverá al espacio, el Acuerdo pierde, medido por su performance en las últimas elecciones, cuando Elisa Carrió salió segunda, con el 22,9% de los votos. Por el lado del Peronismo Federal, las cosas no van mejor, ya que los tres postulantes juntos apenas arañan hoy algo más de 10% de intención de voto y el corrimiento de Carlos Reutemann de la Mesa de Conducción los ha dejado huérfanos. El senador santafesino priorizó el armado peronista en su provincia para disputarle al socialismo la gobernación, aún uniéndose al kirchnerismo de los hermanos Rossi (Agustín y Alejandro), que un avance a nivel nacional con sus pares anti-K.
Desde alguna influyente oficina de la Casa Rosada se ha llegado a decir esta semana que una fórmula Cristina-Reutemann no podría descartarse a nivel nacional, aunque en réplica, desde el cobismo, se deja trascender que una alianza por fuera de la UCR con el senador y con Francisco de Narváez sería factible. Las fichas de los disidentes hay que engarzarlas con Mauricio Macri, quien hoy es el opositor mejor posicionado a muchos puntos de distancia de la Presidenta, pero el Jefe de Gobierno tiene problemas en la Legislatura y también en su bloque en Diputados, espacio donde algo se rompió la noche de las sospechas, ya que cuatro diputados del PRO se fueron del recinto. Otros candidatos, de otras ideologías, también están en la grilla, aunque a casi un año vista, todas las especulaciones, cruces y armados posibles, como son las encuestas que hoy salen como chorizo de la Casa Rosada, resultan provisorias de toda provisoriedad.
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