20 Noviembre 2010 Seguir en 
En los últimos años, fue noticia, ya sea por exceso o escasez, y lo seguirá siendo en el mundo y en nuestra provincia. Desde que se inició el siglo XXI, se viene pronosticando que el agua, recurso indispensable para la supervivencia comenzará a escasear hacia el primer cuarto de siglo. En 2002, en Johannesburgo, durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, se hizo un llamado urgente para hacer frente al problema de la falta de líquido elemento. De acuerdo con el informe las Naciones Unidas, una de cada cinco personas en el mundo no tenía en ese entonces acceso al agua potable, mientras que alrededor de 2.400 millones carecían de condiciones adecuadas de salubridad. El Banco Mundial señaló, en esa ocasión, que en el año 2025, 48 países que tendrían en su conjunto una población de 1.400 millones, experimentarían graves problemas por la escasez de agua, mucho más que los 29 países con una población de 436 millones de personas, calculados en 1995.
En Tucumán, tierra privilegiada por los numerosos ríos que surcan, hay problemas con el suministro de agua. Si bien una parte de la responsabilidad es de la naturaleza, la otra es del hombre. Como viene sucediendo en años anteriores, al aproximarse el verano, hay sectores de la capital, de Yerba Buena o Tafí Viejo que se quedan sin agua casi a diario. En esta ocasión, se viene produciendo una merma en los índices de lluvia. El promedio histórico en octubre suele ser de 80 milímetros pero fue de entre 40 y 50 mm. En noviembre -según dijo un funcionario- la media es de 120 mm y hasta el momento han caído 10 mm. Se estima que el ciclo hidrológico comenzará alrededor del 15 de diciembre. Si bien no se ha declarado la emergencia hídrica han comenzado a efectuarse restricciones en el suministro en los lugares, como Trancas, Choromoro y Benjamín Paz, donde se dará prioridad al consumo humano y al ganado. En el dique Escaba, la situación es crítica. La reserva está cinco metros por debajo de lo que estaba el año pasado y ocho metros por debajo del promedio de los últimos 12 años. El Cadillal no se halla aún en situación de riesgo. Su cota (altura o nivel en una escala de valores) de 594,67 metros sobre el nivel del mar, muy cerca del límite considerado de emergencia, que es de 590 msnm. Según el secretario de Medio Ambiente, las reservas son suficientes para cubrir los servicios de agua potable hasta fin de año.
Funcionarios de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) consideran que las zonas piedemontanas son las que se hallan en mayores aprietos, tal como sucede en El Manantial, La Rinconada, Yerba Buena, El Corte, Villa Carmela y Tafí Viejo, donde se observa una sobre-explotación de las reservas. Afirman que el desmonte excesivo del piedemonte es la causa de que los acuíferos no se recarguen como corresponde y que ello afecta directamente la provisión de agua.
La nuestra pareciera ser una provincia de contradicciones. Mientras, por un lado, hay gente que casi no tiene agua, en varios sectores de la capital o de Tafí Viejo, hay pérdidas constantes en las calles. La histórica ausencia de inversiones, la falta de obras y el derroche de agua de los vecinos, en particular los de Yerba Buena, suelen ser los argumentos que suele esgrimir la SAT, pero pocas veces se dijo desde ese mismo organismo provincial que el desmonte excesivo es uno de los principales problemas. Se supone que el Estado es el que debe controlar los desmontes y la constante depredación que ha venido sufriendo a zona del piedemonte en los últimos lustros. Si no se diseña una política integral para proteger este recurso y realizar, de una vez por todas, las obras indispensables para su obtención y distribución, no se podrá calmar la sed con palabras y explicaciones vanas.
En Tucumán, tierra privilegiada por los numerosos ríos que surcan, hay problemas con el suministro de agua. Si bien una parte de la responsabilidad es de la naturaleza, la otra es del hombre. Como viene sucediendo en años anteriores, al aproximarse el verano, hay sectores de la capital, de Yerba Buena o Tafí Viejo que se quedan sin agua casi a diario. En esta ocasión, se viene produciendo una merma en los índices de lluvia. El promedio histórico en octubre suele ser de 80 milímetros pero fue de entre 40 y 50 mm. En noviembre -según dijo un funcionario- la media es de 120 mm y hasta el momento han caído 10 mm. Se estima que el ciclo hidrológico comenzará alrededor del 15 de diciembre. Si bien no se ha declarado la emergencia hídrica han comenzado a efectuarse restricciones en el suministro en los lugares, como Trancas, Choromoro y Benjamín Paz, donde se dará prioridad al consumo humano y al ganado. En el dique Escaba, la situación es crítica. La reserva está cinco metros por debajo de lo que estaba el año pasado y ocho metros por debajo del promedio de los últimos 12 años. El Cadillal no se halla aún en situación de riesgo. Su cota (altura o nivel en una escala de valores) de 594,67 metros sobre el nivel del mar, muy cerca del límite considerado de emergencia, que es de 590 msnm. Según el secretario de Medio Ambiente, las reservas son suficientes para cubrir los servicios de agua potable hasta fin de año.
Funcionarios de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) consideran que las zonas piedemontanas son las que se hallan en mayores aprietos, tal como sucede en El Manantial, La Rinconada, Yerba Buena, El Corte, Villa Carmela y Tafí Viejo, donde se observa una sobre-explotación de las reservas. Afirman que el desmonte excesivo del piedemonte es la causa de que los acuíferos no se recarguen como corresponde y que ello afecta directamente la provisión de agua.
La nuestra pareciera ser una provincia de contradicciones. Mientras, por un lado, hay gente que casi no tiene agua, en varios sectores de la capital o de Tafí Viejo, hay pérdidas constantes en las calles. La histórica ausencia de inversiones, la falta de obras y el derroche de agua de los vecinos, en particular los de Yerba Buena, suelen ser los argumentos que suele esgrimir la SAT, pero pocas veces se dijo desde ese mismo organismo provincial que el desmonte excesivo es uno de los principales problemas. Se supone que el Estado es el que debe controlar los desmontes y la constante depredación que ha venido sufriendo a zona del piedemonte en los últimos lustros. Si no se diseña una política integral para proteger este recurso y realizar, de una vez por todas, las obras indispensables para su obtención y distribución, no se podrá calmar la sed con palabras y explicaciones vanas.
Lo más popular
Ranking notas premium







