Kirchneristas se defienden y la oposición no sale de su laberinto

No deja de ser paradójico que la ausencia de Kirchner haya contribuido a moderar el discurso oficial. Se han reducido, por ahora, bastante los niveles de confrontación.

Por Patricia Vega 07 Noviembre 2010
BUENOS AIRES.- Todo está bien revuelto en la Argentina de estos días. Hasta las consecuencias de la elección que perdió "por paliza" el presidente Barack Obama en los Estados Unidos y la decisión de este país de inyectar fondos frescos en su economía tuvieron repercusión local, en medio del reposicionamiento forzoso de todos los actores de la política, lo que ha obligado a cambiar la dirección de las luces sobre un escenario casi descontrolado para algunos y de parálisis para otros, tablado que saltó por el aire cuando falleció el ex presidente Néstor Kirchner.
Debido a tanta incertidumbre, parece prematuro todavía sacar conclusiones definitivas sobre las expectativas electorales a un año vista sólo por lo que ha sucedido hasta ahora, ya que en la sociedad aún prima lo afectivo por sobre lo racional y en los dirigentes las especulaciones por sobre los proyectos. Por ahora, la sensación que prevalece es que la oposición es una bolsa de gatos, mientras que en el oficialismo se nota algo más de coherencia, ya que hay un modelo a defender.
En lo estrictamente operativo existe una ansiedad manifiesta en el kirchnerismo que no termina de definir del todo su rumbo, aunque es una cuestión que probablemente está condicionada por los tiempos interiores de Cristina Fernández. En la puja alrededor de la Presidenta, por un lado, están los que creen que habría que aprovechar ya mismo la inercia del apoyo popular que generó el doloroso episodio de la pérdida del líder y por eso se han largado a dotarla desde el minuto cero de una candidatura para 2011, aunque todavía ella no ha insinuado nada al respecto. Por otro lado, en el círculo de kirchneristas pragmáticos, el gobernador bonaerense Daniel Scioli, los intendentes del Conurbano, las organizaciones sociales, La Cámpora y sobre todo la CGT de Hugo Moyano, entre otros, aunque lo nieguen de la boca para afuera y disfracen sus gestos con manifestaciones de lealtad, se han largado a condicionarla con apoyos más o menos interesados, para intentar preservar así espacios o negocios. El camionero fue uno de los ejes de la semana, ya que fue mimado a través de los micrófonos por ministros y miembros de la Juventud Peronista, aunque por otro lado la Justicia avanzó en el caso de la falsificación de troqueles de remedios oncológicos para que su Obra Social cobre reintegros, lo que podría derivar en acusaciones por estafa y asesinato. En paralelo, Moyano siguió adelante con la idea de repartir por Ley las ganancias de las empresas y apuntaló un proyecto para que los trabajadores de empresas tercerizadas pasen a depender de la compañía contratante, temas con los que no le hace ningún favor al Gobierno.
En cuanto al discurso gubernamental, no deja de ser paradójico que la ausencia de Kirchner haya contribuido a moderarlo por simple comparación, ya que, salvo algún desborde de la Presidenta el jueves cuando habló de los "necios y traidores" y criticó a los "loros y chimpancés", más algunos twits del canciller Héctor Timerman puntualmente contra el Grupo Clarín y las expresiones irritantes de Amado Boudou sobre la inflación, se han reducido bastante los niveles de confrontación conocidos.
Justamente, la actuación del ministro de Economía tiene desconcertados a varios miembros del  Gobierno, quienes califican sus apreciaciones, cada vez con menos prurito, como de "infantilismo".
Boudou salió a decir que la "inflación no es un tema", ya que afecta "a un sector de la clase media-alta", lo que contradice no sólo a los libros sino a la evidencia empírica del jubilado o de los changarines en negro, que padecen la suba de precios cada vez que compran comida, mientras que los pudientes tienen recursos e intelecto para defenderse mejor del flagelo que él tan alegremente niega.
Desde lo político, probablemente, el comentario del ministro haya sido una bisagra que ha comenzado a limar la tregua que los sectores medios de la sociedad le han dispensado hasta ahora a la Presidenta, debido a su dolor.
Donde el Gobierno se ha sentido más cómodo en estos días ha sido en anudar alianzas políticas, sobre todo para retomar el control dentro del peronismo. Con el olfato como primer sentido, todo se conversa y está bien claro que lo que era una corriente casi segura de una sola mano hacia afuera del PJ oficial, ahora podría convertirse en una contracorriente de quienes estarían buscando meter otra vez los pies dentro del plato.
Como ejemplo más que claro está el grupo de los ocho intendentes peronistas del Conurbano que eran refractarios a Kirchner asistieron encolumnados al acto de Berazategui del jueves y tras el viaje con la Presidenta a Córdoba, parece confirmarse la alianza del kirchnerismo con José Manuel de la Sota para llevarlo nuevamente a la gobernación de esa provincia.
Lo que ha ocurrido con los "federales" esta semana ha sido también un ejemplo de su desenfoque actual a la espera de los reacomodamientos partidarios, ya que no sólo Felipe Solá admitió no mirar ahora del todo mal a ciertos kirchneristas mansos, sino que Carlos Reutemann hizo trascender que no firmó un documento común de crítica porque no quiere "apresurarse", mientras que se dice que Eduardo Duhalde estaría algo deprimido porque no mide bien en las encuestas. En medio de este repliegue, el habitualmente belicoso jefe de Gabinete, Aníbal Fernández se ha dedicado a pasarle paternalmente la mano por el lomo a sus compañeros para mostrarse dialoguista y unificador.
Los armados partidarios
En tanto, el resto de la oposición está metida en sus respectivos laberintos, que son de tal calibre que durante la semana sus integrantes no pudieron llegar siquiera a imponer en Diputados un dictamen alternativo común al Presupuesto 2011, proyecto que consiguieron armar recién 24 horas después, haciéndose concesiones mutuas. Debido a que Proyecto Sur presentó un tercer proyecto propio que dejó en ventaja en la Comisión a los diputados del Frente para la Victoria, la carrera fue ganada por el oficialismo que pidió una sesión especial para la semana próxima.
En lo puntual de los armados partidarios rumbo a 2011, está la situación en el PRO, que dice sin pelos en la lengua que está trabajando por la candidatura a presidente de Mauricio Macri, pero que ha quedado preso del Peronismo Federal, ya que esa "pata peronista" le resulta imprescindible en el interior y sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde Francisco de Narváez todavía podría aportarle votos. Por el lado de la izquierda, una eventual presencia de Pino Solanas en la Capital Federal le recortaría al jefe de Gobierno la pretensión de renovar su mandato, si éste debiera abdicar de sus planes nacionales. En cuanto al radicalismo, Julio Cobos ha sido limado desde el Gobierno y quedó como el malo de la película por lo que los ultra K llaman la "usurpación" del cargo de vicepresidente, lo que le abre casi el camino a Ricardo Alfonsín. En el juego de la futurología, el Acuerdo Cívico Social (ACS) va a ser el polo de centro-izquierda que competirá contra el kirchnerismo, ya que a la UCR se le unirán los socialistas de Hermes Binner, probable candidato a vicepresidente, y el GEN de Margarita Stoltbizer, postulante a la gobernación de Buenos Aires. La gran duda del ACS aparece por el lado de la Coalición Cívica, una fuerza que resulta más que necesaria para sumar votos, pero que es demasiado dependiente de Elisa Carrió, quien solía apuntar contra el Gobierno, más allá de ir contra muchos de sus ex socios, a quienes histeriquea de continuo. Para cubrir el vacío que dejó la diputada, quien se llamó a silencio, el radical Oscar Aguad recogió el guante de lo que dijo la Presidenta y fue el primero en incentivar las críticas hacia un mecanismo que calificó como "perverso y falaz" consistente en "decir una cosa y hacer otra", ya que "dice querer el diálogo para consensuar políticas y jamás se sienta a una mesa", denunció.
El tema del consenso justo entronca con lo sucedido en EEUU con el ofrecimiento que le hizo Obama a la ahora mayoría legislativa republicana de la Cámara de Representantes de gobernar juntos y también con el reconocimiento de su responsabilidad, por haber perdido las elecciones. Ambas cuestiones han servido en la Argentina como un espejo en el cual mirarse, para bien o para mal, tareas en las cuales los kirchneristas no se ha destacado, ya que nunca se muestran perdidosos y prefieren poner las culpas en terceros, mientras que sólo buscan dialogar con los que piensan como ellos.
En esa regla, también hay que enmarcar la formación del Acuerdo del Bicentenario o los Consejos Económicos y Sociales que nunca pudieron avanzar más allá de lo declamativo. Otro tanto ocurre con las "políticas de Estado", que serían cuestiones que deberían quedar inmutables por cierto tiempo y ser continuadas por los gobiernos, pero que el kirchnerismo interpreta que son sus propias obras, lo que cierra todos los espacios.
A la hora de poner piedras en el camino, los opositores locales tampoco deberían dejar de observar qué ocurrió con los republicanos en los EEUU, quienes rechazaron la solicitud del Presidente, para obligarlo a correrse más a la derecha, en los dos años que le quedan de gobierno. Justamente, las restricciones fiscales que le va a imponer la oposición, hizo que Obama hiciera adelantar la gran inyección de fondos de U$S 600.000 millones para revitalizar la alicaída economía de EEUU, con los coletazos que pegarán en el mundo emergente, con la revaluación de sus monedas y la menor competitividad, pero que podrían beneficiar a la Argentina desde la suba del precio de la soja, del ingreso de fondos y desde el plano comercial con una mejora de competitividad, sobre todo frente a Brasil.
Por todas estas ventajas colaterales, han sonado al menos algo descolgados los comentarios públicos que hizo Cristina sobre que la FED le transfirió Reservas al Tesoro estadounidense. Es verdad que la tentación por comparar era grande, pero Boudou debió haberle explicado bien de qué se trataba, antes de que la Presidenta se expusiera como lo hizo.

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