Un docente universitario cuenta esta anécdota, en ronda de amigos: "vino Juan, y me dijo: 'che, a mi hijo le gusta andar todo el día traveseando con la computadora. ¿te parece que se inscriba en ingeniería informática?' ". Juancito, fanático de Facebook, de twitter y de los videojuegos en red, se inscribe; pero a la primera clase de álgebra, huye raudo de la Universidad.
Pasa en Ciencias Exactas, pero la escena se repite, con matices, en todas las carreras de las popularmente bautizadas "ciencias duras" que se dictan en las universidades argentinas, y que exhiben matrículas cada vez más bajas en esa franja. Según el economista Alieto Guadagni, por cada 100 abogados recibidos, se gradúan apenas dos matemáticos y un físico. El mismo experto indica que los alumnos que estudian ingenierías, ciencias agropecuarias, química, física y matemática no llegan al 10 % del total en las universidades públicas.
En la UNT, según fuentes de ese organismo, la disciplina Matemática, en el nivel de grado, ya es considerada "área de vacancia". Y hay otras disciplinas, como las ingenierías y las ciencias relacionadas con la Química, que no han llegado a tanto, pero que muestran una inquietante curva de descenso en la matrícula. Un escenario paradójico, en estos tiempos en los que la demanda laboral en áreas del sector productivo y de desarrollos tecnológicos (campo, petróleo, nuevas tecnologías de la Comunicación) supera la oferta.
¿Cómo explicar ese desajuste entre los deseos de los chicos y los reclamos del mercado? Esta semana, el ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, le dijo a la periodista Laura Hojman que los jóvenes argentinos no ven que las carreras científicas les garanticen movilidad social. Sin embargo, tanto la vicerrectora de la UNT, Alicia Bardón, como la vicedecana de Exactas, Patricia Fernández, proponen una perspectiva diferente: las dos funcionarias (egresadas e investigadoras en las trincheras de las "ciencias duras") observan que los chicos buscan ofertas en las que no haya que lidiar con fórmulas aritméticas, con logaritmos ni con exámenes de ingreso como los que se han incorporado en los últimos años en la mitad de las facultades de la UNT.
Con facilidades, "en cuotas" (las oportunidades para aprobar son muchas), pero exámenes al fin, aunque las autoridades se ocupen de puntualizar que la medida no intenta ser expulsora, sino, por el contrario, inclusiva.
Entre esas medidas de contención, señala la vicedecana Ibáñez, hay un menú generoso de becas del Estado y de empresas privadas líderes. Pero ni esos estímulos económicos parecen alcanzar para animar a los jóvenes a la aventura de los números, las fórmulas y las ecuaciones. A las autoridades universitarias les preocupa el tema. Y un camino para revertir esa tendencia, opina la subsecretaria académica de la UNT, Marta Tuzza, es la figura del tutor, que es una suerte de "lazarillo" del estudiante universitario, tanto en sus interrogantes académicos como en las otras múltiples aristas sociales, económicas y psicológicas que se ponen en juego en la vida universitaria.
Y aquí viene otra paradoja; así como en el nivel de grado hay poco interés en las áreas señaladas, en el Posgrado pasa lo contrario.
Según el secretario del área en la UNT, Edgardo Cutin, los posgrados en Exactas, en Económicas y en Bioquímica han evolucionado tanto en cantidad como en calidad; y cada vez tienen más inscriptos. Una señal de que los diagnósticos que se han acercado son correctos; que el desafío mayor reside en la retención y que la pasión por el saber científico viene por añadidura.
Pasa en Ciencias Exactas, pero la escena se repite, con matices, en todas las carreras de las popularmente bautizadas "ciencias duras" que se dictan en las universidades argentinas, y que exhiben matrículas cada vez más bajas en esa franja. Según el economista Alieto Guadagni, por cada 100 abogados recibidos, se gradúan apenas dos matemáticos y un físico. El mismo experto indica que los alumnos que estudian ingenierías, ciencias agropecuarias, química, física y matemática no llegan al 10 % del total en las universidades públicas.
En la UNT, según fuentes de ese organismo, la disciplina Matemática, en el nivel de grado, ya es considerada "área de vacancia". Y hay otras disciplinas, como las ingenierías y las ciencias relacionadas con la Química, que no han llegado a tanto, pero que muestran una inquietante curva de descenso en la matrícula. Un escenario paradójico, en estos tiempos en los que la demanda laboral en áreas del sector productivo y de desarrollos tecnológicos (campo, petróleo, nuevas tecnologías de la Comunicación) supera la oferta.
¿Cómo explicar ese desajuste entre los deseos de los chicos y los reclamos del mercado? Esta semana, el ministro de Ciencia y Tecnología de la Nación, Lino Barañao, le dijo a la periodista Laura Hojman que los jóvenes argentinos no ven que las carreras científicas les garanticen movilidad social. Sin embargo, tanto la vicerrectora de la UNT, Alicia Bardón, como la vicedecana de Exactas, Patricia Fernández, proponen una perspectiva diferente: las dos funcionarias (egresadas e investigadoras en las trincheras de las "ciencias duras") observan que los chicos buscan ofertas en las que no haya que lidiar con fórmulas aritméticas, con logaritmos ni con exámenes de ingreso como los que se han incorporado en los últimos años en la mitad de las facultades de la UNT.
Con facilidades, "en cuotas" (las oportunidades para aprobar son muchas), pero exámenes al fin, aunque las autoridades se ocupen de puntualizar que la medida no intenta ser expulsora, sino, por el contrario, inclusiva.
Entre esas medidas de contención, señala la vicedecana Ibáñez, hay un menú generoso de becas del Estado y de empresas privadas líderes. Pero ni esos estímulos económicos parecen alcanzar para animar a los jóvenes a la aventura de los números, las fórmulas y las ecuaciones. A las autoridades universitarias les preocupa el tema. Y un camino para revertir esa tendencia, opina la subsecretaria académica de la UNT, Marta Tuzza, es la figura del tutor, que es una suerte de "lazarillo" del estudiante universitario, tanto en sus interrogantes académicos como en las otras múltiples aristas sociales, económicas y psicológicas que se ponen en juego en la vida universitaria.
Y aquí viene otra paradoja; así como en el nivel de grado hay poco interés en las áreas señaladas, en el Posgrado pasa lo contrario.
Según el secretario del área en la UNT, Edgardo Cutin, los posgrados en Exactas, en Económicas y en Bioquímica han evolucionado tanto en cantidad como en calidad; y cada vez tienen más inscriptos. Una señal de que los diagnósticos que se han acercado son correctos; que el desafío mayor reside en la retención y que la pasión por el saber científico viene por añadidura.
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