05 Noviembre 2010 Seguir en 
Tal como se había pronosticado, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sufrió una dura derrota en las elecciones legislativas del martes pasado en la primera mitad de su mandato, oportunidad en que perdió la mayoría en la Cámara de Representantes (de diputados) a manos del partido Republicano, mientras logró conservar una pequeña ventaja demócrata en el Senado. También fue vencido en varios estados que elegían gobernador.
Lo que sorprendió es la sinceridad con la que el mandatario de la primera potencia del mundo se refirió públicamente a su traspié. "Esta paliza me deja claro lo importante que es para un presidente salir de la burbuja de la Casa Blanca. He perdido la conexión con la gente que me puso aquí. Es mi responsabilidad. La gente está expresando una gran frustración porque la economía no se ha recuperado", le dijo el miércoles a sus connacionales. El demócrata sostuvo que la gente está muy frustrada con el ritmo de la recuperación económica impulsada por su gobierno, así como con las oportunidades que esperan para sus hijos y nietos. "Como presidente -dijo-, mi principal tarea es conseguir una economía fuerte y por ello tengo que aceptar la responsabilidad de que no hemos logrado los progresos que deberíamos".
El Premio Nobel de la Paz 2009 dio ayer otro paso importante. Convocó a los principales dirigentes del Partido Republicano a un encuentro con él en la Casa Blanca a mediados de noviembre, declaró que no quiere pasar dos años únicamente peleando con ellos. "Esta va a ser una reunión en la cual quiero que hablemos sustancialmente sobre cómo podemos hacer avanzar la agenda del pueblo norteamericano. No va a ser sólo una sesión fotográfica... Está claro que los votantes enviaron un mensaje: quieren que nos centremos en la economía y el empleo y en hacer avanzar este país.... Necesitamos asegurarnos de que todos estemos trabajando juntos, tanto demócratas como republicanos", sostuvo el mandatario.
Varios analistas especializados en política internacional sostienen que la victoria republicana en estos comicios no debería afectar las relaciones de Estados Unidos con nuestro país, porque principalmente los cambios se darán a nivel interno.
Es por demás interesante y digna de elogio la actitud de Obama de responsabilizarse inmediatamente de su fracaso electoral ante toda la ciudadanía y acto seguido, convocar a la oposición para buscar un consenso que favorezca la gobernabilidad en pro del bienestar colectivo. Una actitud poco frecuente, e impensada, por ejemplo, en nuestra clase dirigente tras una debacle política. Más bien trata de echarle la culpa del revés a los otros o a realidades inesperadas. Ello sucedió el año pasado cuando el Gobierno perdió los comicios legislativos, pero no acusó recibo del resultado adverso de las urnas y siguió adelante como si nada hubiese sucedido. Negar la realidad no es una buena salida y más bien conduce a un atolladero. Lo mismo vale para la oposición que pareciera estar más enfrascada en ganar espacios de poder que en consensuar. Un sector critica la intolerancia del otro, pero sin embargo, reacciona de un modo similar.
Podría decirse que la actitud de Barack Obama es una cuestión de estilo, pero también de madurez política que hace posible la tan mentada autocrítica que nos resulta casi imposible a los argentinos. Es un reflejo de que las instituciones han alcanzado un cierto nivel de sensatez. El sano ejercicio de la democracia lleva a la clase política a saber ganar y perder. Obama parece haber hecho realidad aquel pensamiento del estadista británico Winston Churchill: "El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar". Sería positivo que los argentinos lo aprendiéramos alguna vez.
Lo que sorprendió es la sinceridad con la que el mandatario de la primera potencia del mundo se refirió públicamente a su traspié. "Esta paliza me deja claro lo importante que es para un presidente salir de la burbuja de la Casa Blanca. He perdido la conexión con la gente que me puso aquí. Es mi responsabilidad. La gente está expresando una gran frustración porque la economía no se ha recuperado", le dijo el miércoles a sus connacionales. El demócrata sostuvo que la gente está muy frustrada con el ritmo de la recuperación económica impulsada por su gobierno, así como con las oportunidades que esperan para sus hijos y nietos. "Como presidente -dijo-, mi principal tarea es conseguir una economía fuerte y por ello tengo que aceptar la responsabilidad de que no hemos logrado los progresos que deberíamos".
El Premio Nobel de la Paz 2009 dio ayer otro paso importante. Convocó a los principales dirigentes del Partido Republicano a un encuentro con él en la Casa Blanca a mediados de noviembre, declaró que no quiere pasar dos años únicamente peleando con ellos. "Esta va a ser una reunión en la cual quiero que hablemos sustancialmente sobre cómo podemos hacer avanzar la agenda del pueblo norteamericano. No va a ser sólo una sesión fotográfica... Está claro que los votantes enviaron un mensaje: quieren que nos centremos en la economía y el empleo y en hacer avanzar este país.... Necesitamos asegurarnos de que todos estemos trabajando juntos, tanto demócratas como republicanos", sostuvo el mandatario.
Varios analistas especializados en política internacional sostienen que la victoria republicana en estos comicios no debería afectar las relaciones de Estados Unidos con nuestro país, porque principalmente los cambios se darán a nivel interno.
Es por demás interesante y digna de elogio la actitud de Obama de responsabilizarse inmediatamente de su fracaso electoral ante toda la ciudadanía y acto seguido, convocar a la oposición para buscar un consenso que favorezca la gobernabilidad en pro del bienestar colectivo. Una actitud poco frecuente, e impensada, por ejemplo, en nuestra clase dirigente tras una debacle política. Más bien trata de echarle la culpa del revés a los otros o a realidades inesperadas. Ello sucedió el año pasado cuando el Gobierno perdió los comicios legislativos, pero no acusó recibo del resultado adverso de las urnas y siguió adelante como si nada hubiese sucedido. Negar la realidad no es una buena salida y más bien conduce a un atolladero. Lo mismo vale para la oposición que pareciera estar más enfrascada en ganar espacios de poder que en consensuar. Un sector critica la intolerancia del otro, pero sin embargo, reacciona de un modo similar.
Podría decirse que la actitud de Barack Obama es una cuestión de estilo, pero también de madurez política que hace posible la tan mentada autocrítica que nos resulta casi imposible a los argentinos. Es un reflejo de que las instituciones han alcanzado un cierto nivel de sensatez. El sano ejercicio de la democracia lleva a la clase política a saber ganar y perder. Obama parece haber hecho realidad aquel pensamiento del estadista británico Winston Churchill: "El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar". Sería positivo que los argentinos lo aprendiéramos alguna vez.
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