Se espera que Cristina arme un equipo que la ayude a gobernar

Se avecinan tiempos de cambios en el Gabinete presidencial, donde es posible que ingresen nuevos hombres y otros se vayan.

Por Patricia Vega 31 Octubre 2010
BUENOS AIRES.- La muerte iguala y permite extender sobre los hombres por un cierto tiempo un grado de piedad que se funde en el respeto, aún entre aquellos que en el transcurrir de la vida reflejaban sentimientos encontrados con quien ya no está. Eso no es hipocresía, se llama decoro. En el caso de la muerte de los hombres públicos de fuerte vigor político, como lo ha sido Néstor Kirchner, las pasiones afloran casi de inmediato, sobre todo si quien ya no está hizo de la división tajante una concepción de vida. Precisamente, esa cesura que corta la sociedad es lo que ya le está poniendo a la valoración de su recuerdo tintes demasiado opuestos que, en medio de una situación traumática que no lleva ni una semana, entorpece el análisis sobre su figura porque además la preocupación de todos se ha trasladado en lo inmediato al futuro de Cristina Fernández. Para que las cosas se den de esta manera, al frío estilo del refrán español "a rey muerto, rey puesto", han colaborado, justo es decirlo, las decisiones que se tomaron en el entorno familiar para correr al fallecido del centro de la escena y para dejarle plena la vidriera a su viuda, la presidenta de la Nación. El golpe humano y político que recibió Cristina con la muerte de su marido ha sido inconmensurable. Para disimularlo hacia afuera, ya que la debilidad no es patrimonio reconocido por los Kirchner, los reflejos mediáticos de quienes piensan la vida sólo como manifestación de la política impusieron primero que el velatorio se hiciera en la Casa Rosada, lugar de la individualidad presidencial, por encima del Congreso, espacio natural de la representación democrática y además territorio de Julio Cobos, vituperado hasta el cansancio por el kirchnerismo más acérrimo, como si el vicepresidente hubiese sido el culpable del desenlace.
Pero además, la familia pidió que la ceremonia se hiciese a cajón cerrado, sin que se viera el cuerpo del muerto, que naturalmente hubiese llevado los ojos de la multitud hacia otro lado. La idea fue generar una sensación de capítulo terminado alrededor de Néstor Kirchner y de imponer mediáticamente que ahora se abre otra etapa con la conducción central de la Presidenta, un período de un año que la prensa internacional llamó de "incertidumbre". Sin embargo, para desactivar también la sensación de "pato rengo" acercándose al fin de su mandato, algunos K han arriesgado que la presencia de Cristina en el sillón de los presidentes podría extenderse por cuatro años más. Así lo ha expresado, seguramente por las suyas, el canciller Héctor Timerman a la CNN, ya que es complicado pensar que Cristina le haya dicho al oído, en medio del llanto por su marido, que haga correr oficialmente esa información.    No obstante, si bien se ha dejado trascender que la Presidenta retomará el lunes sus funciones, para elucubrar teorías sobre el futuro habrá que esperar a que decante la cosa y que, más allá del seguro aumento de la popularidad que le generó tan terrible episodio, la gente empiece a valorar otra vez a los protagonistas a la luz del nuevo escenario. Si hay algo que no puede hacerse con la Presidenta es subestimarla, pero ¿quién podría meterse en su cabeza o en su corazón para saber qué cosa hará de ahora en más? ¿Tomará riesgos propios o en cada ocasión se preguntará qué hubiese hecho Néstor ?
Una primera tentación por responder esas preguntas sería decir que por respeto a su compañero de ruta la Presidenta no va a moverse ni un solo centímetro del camino trazado. Sin embargo, un simple ejercicio intuitivo basado en la dinámica de la política permite arriesgar que el primer coletazo instrumental de la muerte del jefe hará que ella arme y comience a consultar con un gabinete, algo impensado cuando el matrimonio cocinaba las políticas, los modos de actuar y hasta las declaraciones públicas de ambos, con Carlos Zannini como testigo y primer ejecutor.
Antes, era Kirchner quien no sólo pensaba, sino quien conocía las debilidades y necesidades de todos y de cada uno de los protagonistas de la política, punteros, sindicalistas, intendentes y gobernadores. Sus conocimientos y su intuición lo llevaban al tire y afloje permanente y él sabía a quién subir y a quién bajar en el momento adecuado. Cristina gestionaba y le ponía el cuerpo a la estrategia. Lo único que parece cierto es que ese doble comando ya fue y ahora la gran pregunta a responder es si puede existir el kirchnerismo sin Kirchner. La Presidenta en persona deberá recoger todas las piezas que volaron por el aire el miércoles pasado en la mañana de su dormitorio en El Calafate y ponerlas, si puede, en la posición correcta, ya que el único que tenía todo el tablero en su cabeza ya no está. Siempre Néstor procedió así, en la soledad de su mente y compartiendo, no se sabe si todo, con Cristina.
Ahora, si realmente se forma un gabinete ejecutivo para construir la política, habrá que ver en primer término si el mismo es de consejos o de decisiones. En cualquier caso, el tejido será muy arduo por la cantidad de frentes que se deberán abordar en materia de gobierno y de relación con el Congreso, los jueces, el resto del mundo y la prensa, a lo que se sumará el futuro de la Presidenta dentro del Partido Justicialista, donde habrá que evaluar un lugar para Daniel Scioli y la relación con el Peronismo Federal y el sindicalismo, personalizado en Hugo Moyano. En esa conformación, a Zannini se sumarán seguramente Julio De Vido, Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Juan Carlos Mazzón, el senador santacruceño Nicolás Fernández y el diputado Carlos Kunkel, quizás Julio Alak, Timerman y no muchos más. La presencia en el velatorio de los partidarios más acérrimos y sus gritos de "fuerza", también deberá ser evaluado por la Presidenta en su justo término. Ella con sus manos en el pecho gesticuló agradecimientos y cercanía sentimental para quienes se acercaron con los dedos en alto para dibujar el símbolo peronista de la "V" y aunque la televisión amplificó ese tipo de apoyos entre los muchos miles que pasaron por la Casa Rosada, está claro que la gran mayoría de los argentinos siguió, algunos doloridos y otros no tanto, con su vida normal. La referencia tiene que ver con que muchos de los jóvenes que alentaban a Cristina eran de la corriente La Cámpora que fundó y lidera Máximo Kirchner, probablemente desde ahora un nuevo referente de peso en el entorno presidencial ante la ausencia del viejo león. ¿Quién manejará desde ahora la discrecionalidad de la caja de premios y de castigos como hacía su padre para disciplinar a gobernadores y organizaciones sociales? Es otra pregunta bien central que aún no tiene respuesta, aunque como marido y mujer compartían la desconfianza, un hijo podría resultar ideal. Es probable también que la Presidenta deba reforzar el flanco de la economía con equipos, ya que Amado Boudou servía como fiel ejecutor de las directivas del propio Kirchner, quien alguna vez dijo que quizás se había equivocado en la carrera y que lo económico le tiraba más, pero carecía de juego propio. Sin Néstor cuidando la caja o imaginando manotazos para engordarla, probablemente debería aparecer un técnico más imaginativo que el actual ministro que ancle los aspecto económicos del "modelo" hasta diciembre del año que viene.
Si hay algo que ha dejado Kirchner como legado es precisamente el llamado "modelo", pero en sus aspectos filosóficos. Y es justamente en este punto donde se habla de un triunfo, más allá de que el kirchnerismo ha rescatado como central que la llegada del santacruceño a la Casa Rosada volvió a poner a la autoridad presidencial y a la política en el centro de la escena, sobre todo en el campo de las ideas.    Sin embargo, lo que ha sido notorio desde 2003 hacia aquí no es tanto este punto, ya que Kirchner ha preferido imponerlas antes que discutirlas, sino la pasividad opositora que no ha sabido o no ha querido atacar los conceptos, quizás porque está de acuerdo en sus fundamentos y sólo se ha dedicado a combatir las formas que derivan de los mismos, incluida la corrupción.
¿Qué es el "modelo" que reivindica al Gobierno y que Cristina seguramente seguirá cultivando a ultranza? Para el ministro de Ciencia de la Nación, Lino Barañao, se basa "en una mayor distribución de la riqueza; en la búsqueda permanente de la equidad; en la reparación histórica de la identidad y el respeto por los derechos humanos; en el fortalecimiento de la producción científico tecnológica nacional y en su articulación el sector productivo". En tanto, para el economista Jorge Todesca, enrolado con el Peronismo Federal, el esquema viene del modelo productivo de Eduardo Duhalde e incluye "el funcionamiento de la economía con alto crecimiento, basado en la industria y el agro como generadores de empleo, al que se le agregó una intervención del Estado no siempre feliz y la aparición de la inflación y que ha perdido el tipo de cambio competitivo y el superávit fiscal".
Más desde lo práctico, un esquema populista de este tipo, que se percibe como un gran andamiaje de construcción de poder bastante pobre en cuanto a conceptos y con un anclaje muy discrecional que apunta más al cliente-votante que al ciudadano, se basa en que el Estado sea el gran concentrador de las dádivas y subsidios hacia millones de personas, en función de planes sociales, empleo público y jubilaciones para todos, privilegiando el consumo inflacionario como placebo antes que la inversión. En otros países del mundo, ya sea los que han definido sus preferencias hacia las leyes del mercado u otros hacia la supervisión del Estado, este tipo de medidas no tienen cabida por retrógradas que, aunque dicen basarse en una mejor distribución del ingreso, no son para nada progresistas y destilan una innegable raigambre conservadora de manipulación de voluntades.
Lo que ocurre con los opositores, quienes tenían como cómodo puching ball a Kirchner, es que ahora deberán empezar a trabajar para diferenciarse y para mostrarle a los votantes que otro entramado social basado en el progreso es posible. Hasta ahora eso no sucedía porque había miedo o no había convicciones ni valores. Como decía el General, en el fondo "todos son peronistas".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios