Detrás del estrado

JUNTOS. Margarita Toro, junto a los otros acusados, mira de reojo. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
JUNTOS. Margarita Toro, junto a los otros acusados, mira de reojo. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
30 Octubre 2010
RECLAMO.- Mientras declaraba el comisario Miguel Juárez, Martín Toro alzó la mano y pidió la palabra para cuestionar la forma en que se había realizado la requisa en su casa en enero de 2009. "Yo he pedido participar, pero me esposaron y me pisaron la cabeza. La llevaron a mi señora (Marta Ligerón), pero a mí no me dejaron estar", dijo, molesto.

RELATO.- Durante la mañana, declararon varios policías que participaron de los allanamientos y las pesquisas que derivaron en la detención de los Toro. El oficial principal Silvio Luna, por ejemplo, contó que había detenido en 2006 a supuestos compradores que visitaban la casa de "Maño".

UBICACIONES.- Los acusados fueron separados por sexo en los banquillos. Delante estaban Margarita, Ana Verónica, Verónica Paola Toro y Marta Ligerón; delante, Manuel y Martín Justino Toro, Jorge Walter Sandoval, Juan Enrique Díaz, Julio Antonio Martínez y Javier Armando Aguirre. Todos, excepto los dos últimos, están acusados de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por participar en forma organizada.

LOS CAMPANAS.- Uno de los momentos que despertó risas entre los presentes al juicio fue durante un contrapunto entre el abogado Manuel Pedernera, y el subcomisario Jorge Nacusse, uno de los jefes de Inteligencia de la Dirección General de Drogas Peligrosas. Nacusse contaba que ellos no podían hacer vigilancias demasiado largas ya que enseguida eran observados. "En todas las esquinas hay satélites, vigilantes o campanas". "¿Y cómo sabe usted que eran campanas? ¿acaso los identificó?", le preguntó Pedernera. "Sí, doctor, me le paré al lado, saqué la identificación, le dije que era de la Digedrop, y le pregunté ¿usted es campana?". Hasta los serios miembros del Tribunal sonrieron ante la respuesta.

HOMBRE MUERTO.- En otro momento del testimonio de Nacusse, Pedernera le preguntó por qué no habían utilizado medios técnicos para obtener fotos o filmaciones en la zona de las casas de los imputados. "Doctor, si yo voy ahí y saco una máquina de fotos, soy hombre muerto. No estaría declarando en este juicio, y me parece que mi testimonio es importante, ¿no?", respondió el policía. Nacusse también pidió que no "tiraran abajo el trabajo" cuando Pedernera le advirtió que no había pruebas para contrastar todo lo que se estaba diciendo. "Uno pasa horas en la calle esperando para encontrar pistas. No es tan fácil como usted cree", agregó el subcomisario.

EXPLICACIONES.- En cierto momento, y luego de que un testigo ya hubiera repetido varias veces un detalle de lo que había visto, el defensor oficial Ciro Lo Pinto le pidió que lo dijera de nuevo ya que él no lo había entendido. Molesto, el vocal Carlos Enrique Jiménez Montilla le advirtió: "doctor, eso ya quedó claro. Me parece que no podemos volver sobre lo mismo". Lo Pinto no se quedó atrás: "excelente -dijo- entonces le puedo pedir a usted que me lo explique". Tras esto, el testigo tuvo que profundizar sus dichos mientras defensor y vocal cruzaban miradas.

GESTO CARACTERISTICO.- A Margarita Toro no le gusta que le tomen fotografías. El jueves, cuando la fotoperiodista de LA GACETA estaba apuntado su cámara hacia ella, levantó su mano sobre el rostro y levantó el dedo medio, en una señal que se entiende en cualquier parte del mundo.

CATEGORICO.- Ayer, mientras declaraba uno de los testigos que habían presenciado el allanamiento en la casa de Margarita Toro, Jorge Sandoval se levantó enojado de su asiento para decir que lo que estaba diciendo era mentira. "Usted estaba en la casa -le dijo el testigo- pero no se debe acordar de nada. Todos vimos que estaba drogado", aseguró. Ante esto Sandoval se sentó sin decir más nada.

DE PESIMA CALIDAD.- El informe de las peritos acerca de la calidad de la droga que había sido incautada en la casa de los sospechosos fue concreto. Ambas mujeres afirmaron que ninguna de las muestras que ellas analizaron pasaban del 10% de pureza. Algunas, incluso, tenía sólo el 2% de pureza. El resto eran medicamentos y otras sustancias molidas, utilizadas para estirar la droga.

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