Al violador serial le espera una larga estadía en la cárcel hasta que comience el juicio oral
La jueza Lenis de Vera ordenó la prisión preventiva contra el hombre de 38 años acusado de haber raptado al menos a seis menores. La fiscala Giannoni aportó pruebas genéticas que comprometen seriamente al detenido. El acusado ya había sido juzgado por abuso. Aislado por prevención.
23 Octubre 2010 Seguir en 
En un calabozo de cuatro metros cuadrados, en el sector de máxima seguridad del penal de Villa Urquiza, Oscar Emilio Fernández deberá aguardar el juicio oral y público en su contra. Así lo decidió ayer la jueza de Instrucción, Mirta Lenis de Vera, a pedido de la fiscala Adriana Giannoni, quien había solicitado la prisión preventiva contra el violador serial.
Fernández, de 38 años, nunca había estado en la cárcel, aunque la Justicia ya lo había investigado (e incluso juzgado) por otros dos casos de abuso sexual. Pero esta vez los investigadores afirman que las pruebas lo tienen contra las cuerdas.
Seis víctimas, o más
El 2 de febrero de 2008, a una niña de ocho años la raptaron cerca de la rotonda de San Cayetano, la llevaron a Los Chañaritos y la violaron. Era un hombre de tez morena, estatura media, amable, que se movilizaba en una bicicleta. Al mes siguiente se registraron otros tres casos, dos al sur de la capital y uno más en Yerba Buena. El depravado, según los investigadores, repetía su modus operandi como si fuera un ritual. Por eso, los expertos llegaron a la conclusión de que se trataba de un violador serial.
Confirmaron esto cuando realizaron informes genéticos en cada uno de los hechos. El examen demostró que los investigadores estaban en lo cierto.
Lo mismo hicieron cuando se confirmó que dos niñas fueron raptadas meses después en circunstancias similares. En noviembre de 2008, el depravado atacó en Lastenia; en marzo de 2009 lo hizo en Villa Luján (abandonó a la víctima en Marti Coll).
Los investigadores tienen en carpeta otros episodios donde podría haber actuado el violador serial. Pero como no encontraron evidencias para cotejar mediante pericias de ADN, aún no pudieron confirmarlo científicamente. Además, no descartan que existan casos no denunciados.
La prueba en la sangre
La ciencia permitió guiar a los policías a Fernández.
El hombre, junto con dos amigos suyos, fue juzgado en julio por otra causa sobre abuso sexual. Las denunciantes, dos jovencitas, afirmaban que en septiembre de 2007 habían ido a bailar a un boliche de la zona del Abasto. Allí, según ellas, se les acercaron los tres muchachos y les invitaron un trago.
Las mujeres sospechan que la bebida alcohólica tenía drogas, pero esto nunca fue probado en el debate oral y público.
Aunque los acusados admitían haber mantenido relaciones sexuales con las denunciantes, decían que todo había sido consentido. Los vocales de la sala VI de la Cámara Penal (con un voto en disidencia) consideraron que no había evidencias suficientes como para echar por tierra la coartada de los tres amigos. Fernández, en esa ocasión, respiró aliviado.
Pero, antes del juicio, la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, pidió que se les realizara un examen de ADN a los imputados.
En Buenos Aires, los científicos descubrieron que el cromosoma "Y", que marca el patrón genético masculino de un hombre, coincidía en un 99,99% en los casos de Fernández y de el violador serial.
Camino al penal
Con orden judicial en la mano, los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabeza, jefes de la División Homicidios y Delitos Complejos, arrestaron a Fernández el 21 de septiembre. Asesorado por su defensor, Mario Mirra, el sospechoso se abstuvo de declarar. Pero aseguró que es inocente.
Días después, otra pericia genética confirmó en un 99% que era el autor de dos de las seis violaciones. En los otros casos no se pudo certificar eso, pues las muestras genéticas de las víctimas y del autor del hecho están demasiado mezcladas. Pero en esos casos sí se detectó el cromosoma "Y".
Desde hace algunas semanas, Fernández fue llevado a la unidad 9 del penal. Lo mantienen aislado por prevención. Y ahora se confirmó que seguirá detenido hasta su juicio, salvo que Lenis de Vera u otro magistrado revea la resolución.
Fernández, de 38 años, nunca había estado en la cárcel, aunque la Justicia ya lo había investigado (e incluso juzgado) por otros dos casos de abuso sexual. Pero esta vez los investigadores afirman que las pruebas lo tienen contra las cuerdas.
Seis víctimas, o más
El 2 de febrero de 2008, a una niña de ocho años la raptaron cerca de la rotonda de San Cayetano, la llevaron a Los Chañaritos y la violaron. Era un hombre de tez morena, estatura media, amable, que se movilizaba en una bicicleta. Al mes siguiente se registraron otros tres casos, dos al sur de la capital y uno más en Yerba Buena. El depravado, según los investigadores, repetía su modus operandi como si fuera un ritual. Por eso, los expertos llegaron a la conclusión de que se trataba de un violador serial.
Confirmaron esto cuando realizaron informes genéticos en cada uno de los hechos. El examen demostró que los investigadores estaban en lo cierto.
Lo mismo hicieron cuando se confirmó que dos niñas fueron raptadas meses después en circunstancias similares. En noviembre de 2008, el depravado atacó en Lastenia; en marzo de 2009 lo hizo en Villa Luján (abandonó a la víctima en Marti Coll).
Los investigadores tienen en carpeta otros episodios donde podría haber actuado el violador serial. Pero como no encontraron evidencias para cotejar mediante pericias de ADN, aún no pudieron confirmarlo científicamente. Además, no descartan que existan casos no denunciados.
La prueba en la sangre
La ciencia permitió guiar a los policías a Fernández.
El hombre, junto con dos amigos suyos, fue juzgado en julio por otra causa sobre abuso sexual. Las denunciantes, dos jovencitas, afirmaban que en septiembre de 2007 habían ido a bailar a un boliche de la zona del Abasto. Allí, según ellas, se les acercaron los tres muchachos y les invitaron un trago.
Las mujeres sospechan que la bebida alcohólica tenía drogas, pero esto nunca fue probado en el debate oral y público.
Aunque los acusados admitían haber mantenido relaciones sexuales con las denunciantes, decían que todo había sido consentido. Los vocales de la sala VI de la Cámara Penal (con un voto en disidencia) consideraron que no había evidencias suficientes como para echar por tierra la coartada de los tres amigos. Fernández, en esa ocasión, respiró aliviado.
Pero, antes del juicio, la fiscala de Cámara, Juana Prieto de Sólimo, pidió que se les realizara un examen de ADN a los imputados.
En Buenos Aires, los científicos descubrieron que el cromosoma "Y", que marca el patrón genético masculino de un hombre, coincidía en un 99,99% en los casos de Fernández y de el violador serial.
Camino al penal
Con orden judicial en la mano, los comisarios Miguel Gómez y Hugo Cabeza, jefes de la División Homicidios y Delitos Complejos, arrestaron a Fernández el 21 de septiembre. Asesorado por su defensor, Mario Mirra, el sospechoso se abstuvo de declarar. Pero aseguró que es inocente.
Días después, otra pericia genética confirmó en un 99% que era el autor de dos de las seis violaciones. En los otros casos no se pudo certificar eso, pues las muestras genéticas de las víctimas y del autor del hecho están demasiado mezcladas. Pero en esos casos sí se detectó el cromosoma "Y".
Desde hace algunas semanas, Fernández fue llevado a la unidad 9 del penal. Lo mantienen aislado por prevención. Y ahora se confirmó que seguirá detenido hasta su juicio, salvo que Lenis de Vera u otro magistrado revea la resolución.
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