No hay mejor escenario que afrontar las elecciones con plata en el bolsillo. Y es lo que aprovechará, el año que viene, la gestión de José Alperovich. A nueve días de presentar en la Legislatura el proyecto de Presupuesto 2011, las cifras que se manejan en la Casa de Gobierno son tan suculentas que Alperovich no tendrá siquiera que hacer campaña para captar votos. La oposición tampoco ha mostrado aún signos vitales de que puede hacerle frente al actual gobernador, que peleará por la tercera gestión consecutiva al frente del Poder Ejecutivo. No es un dato menor para una provincia donde -al parecer- sólo importa la ubicación que los candidatos tendrán en las nóminas bendecidas por la Casa de Gobierno.
Los políticos surfean sobre el millonario tsunami presupuestario de la provincia. Y tan grande es la ola fiscal que en 2011 Alperovich puede llegar a administrar una partida global cercana a los $ 10.000 millones. Sí, un gasto que equivale a $ 6.667 por habitante, lo que en los hechos debería implicar mejores servicios de salud, de educación y de seguridad que los años anteriores, los de crisis y los de ahorro; los de recuperación y luego, de acumulación de fondos para momentos electorales como los que se vienen.
Tanta plata también debería implicar un redireccionamiento de partidas para consolidar el empleo, bajar los niveles de pobreza y hacer desaparecer (en la realidad, no en las estadísticas del Indec) la indigencia. De otro modo, no se justificaría gestionar semejante presupuesto.
El cálculo de gastos y erogaciones estatales será en 2011 un 18% superior al ampliado presupuesto de este año. Además, Tucumán replicará las pautas fijadas por el Gobierno nacional en la iniciativa que está tratando el Congreso: un crecimiento económico del 4,3%, con un dólar a $ 4,10. ¿Y la inflación? Bien, gracias. El 8,9% pautado por la Nación no se condice con la evolución del presupuesto (federal y provincial). Si sólo se toma en cuenta la evolución que ha tenido el último año la recaudación del impuesto a los Ingresos Brutos, podrá observarse que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) está por encima del 20% anual. Y está prohibido que eso aparezca en las estadísticas oficiales, cada vez menos públicas.
De hecho, la política encuentra en esa inflación un colchón para descansar o guarecerse cuando asoman los frentes de tormenta fiscal.
Las dos puntas
La gestión necesita imperiosamente cortar las cintas antes del 28 de agosto y, también, después de esa fecha, hasta el 23 de octubre del año que viene, con los comicios presidenciales. El Presupuesto 2011 vendrá plagado de financiamiento para seguir pavimentando el camino hacia la reelección. Al menos $ 1.500 millones será la inversión en obras públicas.
Pero la gran porción de la torta presupuestaria del año electoral se la llevará el gasto en Personal. Según algunas proyecciones preliminares, los salarios insumirán casi la mitad del ejercicio, unos $ 5.000 millones para poder abonar 12 salarios y el aguinaldo a unos 88.000 empleados públicos de la provincia.
¿Cómo se hará frente a tamaño nivel del gasto público? Al menos el 70% de los recursos que se precisan para atender las obligaciones del sector público tucumano serán desembolsados por el Gobierno nacional, vía transferencias de fondos coparticipables. El 30% restante tendrá que ser cubierto con recursos propios. Y en esto, la Dirección General de Rentas tiene una meta: no bajar la recaudación de un piso mensual de $ 120 millones. Eso es clave para el sostenimiento financiero de la gestión Alperovich.
No habrá incremento de alícuotas para el año que viene, pero sí una readecuación de valores de los bienes de los tucumanos. Por caso, vale mencionar que el Poder Ejecutivo ha previsto para 2011 la plena vigencia del revalúo efectuado en 2007. Esto impactará en el cálculo del impuesto Inmobiliario y en el bolsillo de, al menos, unos 130.000 contribuyentes de la provincia. Paralelamente, habrá más fiscalización, más controles sobre los morosos para que regularicen su situación por la vía administrativa o judicial, en última instancia.
Así se presenta el año electoral, holgado para la clase política que va por la reelección, ajustado para aquellos que cumplen con el fisco y que, a diario, soportan la inflación.
Los políticos surfean sobre el millonario tsunami presupuestario de la provincia. Y tan grande es la ola fiscal que en 2011 Alperovich puede llegar a administrar una partida global cercana a los $ 10.000 millones. Sí, un gasto que equivale a $ 6.667 por habitante, lo que en los hechos debería implicar mejores servicios de salud, de educación y de seguridad que los años anteriores, los de crisis y los de ahorro; los de recuperación y luego, de acumulación de fondos para momentos electorales como los que se vienen.
Tanta plata también debería implicar un redireccionamiento de partidas para consolidar el empleo, bajar los niveles de pobreza y hacer desaparecer (en la realidad, no en las estadísticas del Indec) la indigencia. De otro modo, no se justificaría gestionar semejante presupuesto.
El cálculo de gastos y erogaciones estatales será en 2011 un 18% superior al ampliado presupuesto de este año. Además, Tucumán replicará las pautas fijadas por el Gobierno nacional en la iniciativa que está tratando el Congreso: un crecimiento económico del 4,3%, con un dólar a $ 4,10. ¿Y la inflación? Bien, gracias. El 8,9% pautado por la Nación no se condice con la evolución del presupuesto (federal y provincial). Si sólo se toma en cuenta la evolución que ha tenido el último año la recaudación del impuesto a los Ingresos Brutos, podrá observarse que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) está por encima del 20% anual. Y está prohibido que eso aparezca en las estadísticas oficiales, cada vez menos públicas.
De hecho, la política encuentra en esa inflación un colchón para descansar o guarecerse cuando asoman los frentes de tormenta fiscal.
Las dos puntas
La gestión necesita imperiosamente cortar las cintas antes del 28 de agosto y, también, después de esa fecha, hasta el 23 de octubre del año que viene, con los comicios presidenciales. El Presupuesto 2011 vendrá plagado de financiamiento para seguir pavimentando el camino hacia la reelección. Al menos $ 1.500 millones será la inversión en obras públicas.
Pero la gran porción de la torta presupuestaria del año electoral se la llevará el gasto en Personal. Según algunas proyecciones preliminares, los salarios insumirán casi la mitad del ejercicio, unos $ 5.000 millones para poder abonar 12 salarios y el aguinaldo a unos 88.000 empleados públicos de la provincia.
¿Cómo se hará frente a tamaño nivel del gasto público? Al menos el 70% de los recursos que se precisan para atender las obligaciones del sector público tucumano serán desembolsados por el Gobierno nacional, vía transferencias de fondos coparticipables. El 30% restante tendrá que ser cubierto con recursos propios. Y en esto, la Dirección General de Rentas tiene una meta: no bajar la recaudación de un piso mensual de $ 120 millones. Eso es clave para el sostenimiento financiero de la gestión Alperovich.
No habrá incremento de alícuotas para el año que viene, pero sí una readecuación de valores de los bienes de los tucumanos. Por caso, vale mencionar que el Poder Ejecutivo ha previsto para 2011 la plena vigencia del revalúo efectuado en 2007. Esto impactará en el cálculo del impuesto Inmobiliario y en el bolsillo de, al menos, unos 130.000 contribuyentes de la provincia. Paralelamente, habrá más fiscalización, más controles sobre los morosos para que regularicen su situación por la vía administrativa o judicial, en última instancia.
Así se presenta el año electoral, holgado para la clase política que va por la reelección, ajustado para aquellos que cumplen con el fisco y que, a diario, soportan la inflación.
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