El robo de tapas de registro de cloacas

20 Octubre 2010
Marketing es una voz inglesa que significa conjunto de técnicas que a través de estudios de mercado intentan lograr el máximo beneficio en la venta de un producto. Se puso de moda hace ya varios lustros y en algunas universidades se transformó en una carrera terciaria. Da la impresión que los ladrones tucumanos -seguramente pocos fueron a la universidad- también hacen su propio estudio de mercado y van cambiando sobre la marcha. Por ejemplo, entre 2002 y 2008, un sector de los delincuentes se dedicó al hurto de cables.

En ese período a EDET le robaron más de 230 kilómetros de cables de baja y mediana tensión, lo que representaba casi 122 toneladas de cobre. Los ladrones también habían posado sus manos en los cables telefónicos. Las zonas que constantemente se quedaban sin servicio telefónico a causa de los robos de cables eran los barrios del acceso norte, de Las Talitas y Villa Mariano Moreno, de Tafí Viejo y de Banda del Río Salí. En 2005 Telecom había sufrido 99 siniestros, que equivalían a 1.100 kilómetros de cable robados. De acuerdo con la información oficial, se dijo en 2008 que en varios corralones se compraba este material a precio mucho más bajo del valor de mercado. Los compradores los enviaban luego a Córdoba o Rosario para que fuese procesado. Parte de ese cargamento, según confiaron varias fuentes, termina exportado.

Los delincuentes cambiaron de rubro, dejaron los cables y se dedicaron a hurtar las tapas de registro de las cloacas. Durante los últimos dos meses se registraron robos similares en 400 lugares de la ciudad, según un informe de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT). A instancias de las denuncias de los vecinos, el organismo efectuó una inspección para determinar en qué lugares se producían los robos y con qué frecuencia. Detectaron que no hay sectores preferidos, sino que se extienden en toda la ciudad. Los robos de tapas ponen en peligro a peatones y automovilistas, causan daños en la red cloacal y perjudican económicamente a la SAT. Cada tapa cuesta entre $ 700 y $ 800.

Según un gerente de la repartición, hay dos tipos de sustracción. En el primer caso, golpean la tapa, la levantan y se la llevan. En el segundo, deben romper con una maza el hormigón en el que está amurado el marco; destrozan la calle. "Es una cuestión de mercado, de oferta y demanda. Si hay demanda se produce el robo. Venden las tapas en corralones y desarmaderos. Las trocean y las ofrecen por kilo de hierro. Haremos relevamientos en conjunto con la Policía y esperamos que luego se hagan allanamientos", dijo el directivo.

Por otro lado, se quejó de los vecinos porque no denuncian el hurto en el momento que se está efectuando. "El robo de la tapa y el marco les lleva un buen rato a los ladrones, porque tienen que romper el hormigón. Pero parece que nadie los ve ni los escucha a pesar del escándalo que hacen", dijo. Para evitar este latrocinio y contrarrestar esta práctica, la SAT comenzó a reemplazar las tapas y los marcos de hierro dúctil por tapas y marcos de hormigón porque a estas no se las roban y tienen un costo parecido. Para advertir el peligro y evitar que alguien caiga en los agujeros los vecinos los cubren con ramas, cajones o cubiertas.

Evidentemente, no se puede colocar un vigilante en cada esquina durante las 24 horas, pero la Policía debería investigar y detectar en qué corralones o desarmaderos se compra el hierro robado. Debería indagar en toda la provincia, no sólo en la capital. En septiembre pasado, unos 20.000 habitantes de Río Chico y Santa Ana permanecieron durante más de 10 horas sin energía porque robaron más de 500 metros del tendido eléctrico. Si no se desarticula la mafia que posiblemente haya detrás de estos robos, el pillaje proseguirá.

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