17 Octubre 2010 Seguir en 
Miguel Mateos es un showman histriónico y seductor, y el paso de los años no le quitó la energía ni la chispa (al menos con este proyecto, porque hubo algunas presentaciones de él en los últimos años en Tucumán para el olvido).
Sabe conquistar a las mujeres y hacerse amigo de los varones. Para ellos hay complicidad; y para ellas, seducción.
Cuando presentó "El jardín del amor", de su último trabajo como solista (2009), contó que surgió hace unos años en Tafí del Valle después de que le indicaron tomar té de muña muña. "Tomé 400 tés... hizo efecto", dijo haciendo el movimiento de pelvis acompañado con los brazos como si esquiara. Y lo repitió en varias de esas canciones que hablan de amores juveniles.
Tras las graciosas explicaciones, les tiró a las chicas dos docenas de rosas rojas. Delirio total, con gritos y empujones incluidos.
Entre el público, formado principalmente por fans que superan los 40 años -muchos acompañados por hijos adolescentes o niños- sobresalieron las chicas superproducidas que, seguramente, hace 25 años se apostaron contra las vallas para cantar con Mateos.
Una de las más eufóricas y con aspecto de pasar varias horas a la semana en el gimnasio, no dudó en anunciarle al cantante que lo partiría en dos, y difícil será saber si pudo cumplir con su cometido.
Poco después, y antes de interpretar "Obsesión" ("la más frívola y boba de mis canciones", dijo), hizo subir al escenario a Martín y Daniel, dos niños cuyo padre estaba frente al escenario saltando como hace 25 años. Habló con ellos y a Daniel le permitieron tocar la guitarra. Cuando parecía que la situación se desbordaría porque muchos fanáticos se treparon a las tablas para sacarse una foto o abrazarlo, Mateos sacudió con la canción disco-dance.
Sabe conquistar a las mujeres y hacerse amigo de los varones. Para ellos hay complicidad; y para ellas, seducción.
Cuando presentó "El jardín del amor", de su último trabajo como solista (2009), contó que surgió hace unos años en Tafí del Valle después de que le indicaron tomar té de muña muña. "Tomé 400 tés... hizo efecto", dijo haciendo el movimiento de pelvis acompañado con los brazos como si esquiara. Y lo repitió en varias de esas canciones que hablan de amores juveniles.
Tras las graciosas explicaciones, les tiró a las chicas dos docenas de rosas rojas. Delirio total, con gritos y empujones incluidos.
Entre el público, formado principalmente por fans que superan los 40 años -muchos acompañados por hijos adolescentes o niños- sobresalieron las chicas superproducidas que, seguramente, hace 25 años se apostaron contra las vallas para cantar con Mateos.
Una de las más eufóricas y con aspecto de pasar varias horas a la semana en el gimnasio, no dudó en anunciarle al cantante que lo partiría en dos, y difícil será saber si pudo cumplir con su cometido.
Poco después, y antes de interpretar "Obsesión" ("la más frívola y boba de mis canciones", dijo), hizo subir al escenario a Martín y Daniel, dos niños cuyo padre estaba frente al escenario saltando como hace 25 años. Habló con ellos y a Daniel le permitieron tocar la guitarra. Cuando parecía que la situación se desbordaría porque muchos fanáticos se treparon a las tablas para sacarse una foto o abrazarlo, Mateos sacudió con la canción disco-dance.
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