Guerra a muerte o consensos, las dos caras de la próxima elección

El escenario electoral que se avecina para 2011 fue materia de preocupación entre los empresarios que fueron al coloquio de IDEA.

Por Patricia Vega 17 Octubre 2010
BUENOS AIRES.- La contracara del Gobierno una vez más estuvo en Mar del Plata, en el Coloquio de IDEA y es sencillo explicar por qué. Conceptos como tolerancia, consenso, diálogo, transparencia, certidumbre, políticas de Estado o institucionalidad, que han sido repetidos hasta el cansancio en la 46 reunión anual de la entidad, no son muy populares en la lógica kirchnerista de amigo-enemigo que, para el mundo de los negocios, enturbia las relaciones, genera expectativas negativas e inhibe las inversiones. Es más, los casi 1.000 asistentes al encuentro, quienes se la pasaron tres días tratando de convencer al Gobierno sobre lo bueno que sería para el país tirar a la basura el estilo de confrontación que es marca registrada del oficialismo, para aprovechar así las oportunidades excepcionales que hoy el mundo le brinda a la Argentina desde los precios altísimos de las materias primas y la inercia cambiaria de Brasil hasta el costo casi nulo del dinero, no tuvieron del otro lado a nadie interesado en cruzar un solo argumento al respecto, ya que el matrimonio presidencial, convencido de que su modelo de consumo y subsidios es el correcto, no debate ni quiere sugerencias y menos que las críticas se ventilen a través de la prensa.
Entre las sombras enemigas que ha sabido corporizar el kirchnerismo a lo largo de sus siete años y medio de historia, el caso de IDEA es notable, ya que no se trata de una cámara empresaria deseosa de sacar ventajas para su sector, sino de una institución académica, plural y no corporativa, donde lo que subyace siempre como ideas-fuerza son precisamente las cosas que más le molestan al modo centralizado de conducción que tienen los K. "Cuánto mejor podrían vivir los argentinos si al menos se intentaran cambiar las formas" ha sido uno de los lamentos más escuchados en los pasillos del Coloquio, entre hombres de negocios de todo tipo y color político, donde también había muchos defensores de los primeros años del kirchnerismo, con el superávit fiscal como bandera, y otros tantos que hoy están ganando mucho dinero en sus empresas debido al boom de consumo. "No son tontos, ¿por qué no lo harán los Kirchner?", se interrogaban sin respuestas a mano, salvo elucubraciones ideológicas.
La situación se enturbia más ya que, ante la deserción gubernamental que ha buscado desde siempre vaciar de interlocutores a los Coloquios (y hasta es lícito pensar que ello sucede porque no hay argumentos valederos para contraponer, aunque Hugo Moyano y el diputado Héctor Recalde dijeron que les hubiese gustado asistir para explicar el proyecto de reparto de ganancias empresarias), la única voz que se escucha en ellos es la de la otra vereda lo que, por extensión, convierte a los encuentros marplatenses en cajas de resonancia de la oposición. De allí que "los empresarios de IDEA" siempre son metidos en una misma bolsa por el Gobierno, como si fuesen una única expresión que no atiende a las individualidades o a las realidades sectoriales de las empresas que se reúnen en Mar del Plata. Ya casi se han acostumbrado a que se los tilde de enemigos, tal como si fuesen los hombres de campo, los militares, la Corte, la Iglesia, el vicepresidente de la Nación o la oposición legislativa. Si hay algo que al Gobierno le molesta sobremanera del pensamiento empresario es que, por formación y porque el mundo de los negocios funciona de esa manera en todos lados, ellos suelen priorizar las soluciones de mercado por sobre las intervenciones feroces del Estado, al estilo caótico de Guillermo Moreno. Sin embargo, ese punto no parece tampoco ir más allá de las formas, ya que los políticos que fueron invitados a debatir al Coloquio, el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, el diputado peronista Francisco de Narváez y el senador mendocino de la UCR, Ernesto Sanz, han reivindicado desde las posturas históricas de sus tres partidos el rol de Estado ordenador.
Es  más, si pese a su cháchara, Moyano y Recalde se hubiesen animado a viajar de todas formas para explicar y debatir, se hubiesen encontrado con la sorpresa de que allí estaban juntos tres defensores del sentido del proyecto del oficialismo, ya que éste encuadra en un mandato constitucional. Es verdad que lo destrozaron por sus formas, ya que lo consideraron no prioritario, inoportuno y provocador y que apunta a la cogestión para, según Sanz, "meterse en las empresas, como parte del proyecto hegemónico del Gobierno". Igualmente, si hay algo que el estilo del oficialismo no tolera es la discusión de sus posturas en ningún tema, ya que los debates y los eventuales retrocesos de cualquier negociación los procesa como derrotas y no como algo superador.
Al respecto, DyN le preguntó a tres senadoras opositoras de tres partidos diferentes (la cobista mendocina Laura Montero, María Eugenia Estenssoro de la Coalición Cívica y la cordobesa Norma Morandini de la Alianza Frente Cívico) si en algún momento del debate en comisiones o aun en el recinto, el oficialismo acercó alguna postura intermedia para que el proyecto de aumento de la jubilación mínima al 82% del sueldo más bajo y de adecuación del resto de los haberes al fallo de la Corte por el caso Badaro pudiese ser debatido y sintetizado en una postura más o menos común, inclusive para que todos los partidos se lleven un poco del rédito político, y las tres contestaron que no, que eso es impensable con el oficialismo, ya que siempre se aparta de la lógica legislativa. En esa votación hubo dos cuestiones de fondo que no aparecieron tanto en la superficie, pero que se van a develar con el tiempo. En primer lugar, si la oposición en verdad forzó la máquina para obligar al veto de una ley que no tenía recursos explícitos para ser aplicada, salvo una reasignación de prioridades, como una manera de tornar impopular a la Presidenta entre los jubilados. Las tres senadoras lo negaron espantadas, con el aditamento de Estenssoro quien dijo que "no fue una táctica electoralista porque nosotros aspiramos a ser gobierno y creemos que se podrá pagar". En un punto más principista, lo que se discutió en verdad en la votación en el Senado es quién fija prioridades y distribuye los recursos, si el Legislativo, con leyes o el Ejecutivo, con discrecionalidad.
En relación a lo equilibrado de la votación, cuando Montero fue consultada sobre si era posible que Julio César Cobos tuviese que desempatar, la senadora opinó que seguramente algún miembro del oficialismo se iba a levantar de la banca para no darle protagonismo al vicepresidente. Sin embargo, se llegó a un empate en 35 y parece lícito especular que desde Olivos se determinó que era mejor empatar que perder y que se necesitaba un puching ball para desviar la atención del veto presidencial, por lo que la figura "traidora" de Cobos apareció como la ideal para el castigo, sobre todo porque el vicepresidente está lanzado a la pelea por la interna radical. Su presencia en el cierre de las jornadas de IDEA le sirvió de tribuna para hacer la presentación de un aún balbuceante programa de gobierno, donde se habló demasiado para el gusto de los empresarios de "planificación estratégica" de los sectores, bien en línea con lo que el actual gobierno hizo desde siempre con escaso éxito de gestión, lo  que vuelve a demostrar por qué andariveles parecidos se desarrollarán las campañas electorales, en función de lo que se consideran son las demandas de la sociedad, en cuanto a la preeminencia del Estado. No obstante, el propio senador Sanz, titular además del radicalismo y conocedor del auditorio, había atenuado un rato antes ese tipo de definiciones, al señalar que en 2011 se terminará con la "democracia discrecional" basada en personas y no en programas y que llegará el ciclo del "ciudadano-centrismo" como equilibrio de un sistema pendular que llevó a la sociedad durante los '90 al mercado-centrismo y luego al Estado-centrismo kirchnerista. Sanz es para el ambiente empresario el mejor candidato radical, por encima de Cobos y de Ricardo Alfonsín, aunque en términos de preferencias para los asistentes al Coloquio, el de la UCR parece no superar a Carlos Alberto Reutemann y sobre todo a Mauricio Macri.
Entre tantos "opositores", el caso de la presencia de Daniel Scioli, quien inauguró el encuentro anual, es tan complejo desde lo político que, por ahora, el kirchnerismo no ha tenido más remedio que tragárselo. El gobernador bonaerense también usó la tribuna de IDEA para mostrarse como candidato, pero sobre todo para empezar a convencer que él no es Kirchner-dependiente, aunque su acción pendular lo llevó al día siguiente a abrazarse con la Presidenta, quien le agradeció que acompañara su veto al 82% para jubilados, porque de otorgar esos recursos, dijo Cristina Fernández con gravedad, "quebraría" el Estado.
Nadie consultado por DyN en Mar del Plata se traga por ahora que Scioli se haya desmarcado de los Kirchner, aunque algunas definiciones suyas hayan sonado para ese lado y en general se piensa que quiere mostrase como su "versión prolija". Sin embargo, el discurso del gobernador ha dejado alguna tela para cortar, en dos o tres frases que muestran que se siente candidato y que ahora espera que se lo considere. "Estamos reunidos para ver cómo, después de la recuperación, empezamos a afrontar el desarrollo... y tenemos una agenda para los tiempos que se vienen", implica mucho para el discurso de metamensajes que maneja el gobernador.
Sin embargo, hubo otra mención que es la antítesis del kirchnerismo duro, ya que fue de amplio alineamiento con el espíritu del Coloquio, pero también los sectores más moderados del peronismo federal, entre ellos de Narváez, quien aseguró que el único límite que tiene para acercarse a Scioli son los Kirchner: "Desde el consenso deberemos alcanzar acuerdos para producir cada vez más y para vivir cada vez mejor", sentenció bien lejos de las posturas radicalizadas del todo o nada.
Se suele decir en el boxeo que cuando uno no quiere, dos no pelean. Cómo se hace para superar este diálogo de sordos que impide el desarrollo es lo que el Coloquio de IDEA no ha podido desentrañar y es por eso que quienes estuvieron en Mar del Plata se han quedado con la sensación de que esa cuestión tan crucial también se dirimirá en las urnas, en octubre del año que viene. (DyN)

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