El horizonte desde la cápsula oficialista

Los mineros chilenos sucumbieron ante toneladas de piedras; aquí, la perforadora alperovichista construyó el ducto que lo llevará directo a 2011.

Por Fernando Stanich 13 Octubre 2010
Entre San José de Copiapó y San Miguel de Tucumán hay poco más de 1.000 kilómetros -por el paso de San Francisco- y una muralla de roca y tierra de por medio. En realidad, quizás haya mucho más que eso; por lo menos 68 días de vida más en esta parte del continente. Porque allá el tiempo se paralizó el 5 de agosto, cuando los 33 mineros quedaron sepultados bajo toneladas de piedra y un pueblo entero se quedó sin marcha. En cambio, aquí todo siguió su curso como si nada hubiese pasado. Peor aún, en esta provincia cada paso siguió el curso que quiso el gobernador, José Alperovich.

De casualidades así se va armando el destino; el mismo día en que a los mineros se les cerraba el horizonte a menos de 25 metros cuadrados, Alperovich ampliaba el suyo a por lo menos 1.825 días y 1.825 noches más. Justo, casi sin proponérselo, confirmaba a los cuatro vientos que en 2011 buscaría su re-reelección por otros cuatro años y que lo haría, otra vez, en compañía de Juan Manzur, el ministro de Salud de la Nación que se siente más cómodo como segundo que como primero. A la vez, casi en simultáneo con los derrumbes que paralizaban a los trabajadores chilenos, Alperovich cernía bajo un halo de incertidumbre el camino de su esposa, la senadora Beatriz Rojkés. Porque hoy, la presidenta del PJ tendrá que despejar tanta o más cantidad de rocas que los mineros para tener otra oportunidad de convertirse en la sucesora.

La perforadora
En rigor, habrá que decir que el mandatario provincial nunca detuvo su marcha. Y hasta que a lo largo de estos 68 días y 68 noches de vigilia avanzó con la misma fuerza que la perforadora que devolvió la vida a esos 33 hombres.

Obvio, con algunos desperfectos mecánicos propios de una maquinaria pesada. Porque nada que acostumbre llevarse una montaña por delante sin tener en cuenta lo que pasa a sus costados puede pretender acabar la misión sin magullones. O de buscar otros caminos cuando la resistencia de la razón es más fuerte que el empuje de unos cuantos tornillos y tuercas.

Es que en estos poco más de dos meses de vida en este suelo pedregoso, lo que más de una vez se perforó fue la ciega voluntad del Gobierno. Acá no hubo velas para pedir por la salud de los mineros atrapados, pero sí para reclamar por la dignidad de los miles de trabajadores que cuidan de la salud de los tucumanos. Y el taladro alperovichista, de tanto embestir, debió buscar otro ducto: al final, ese nuevo camino le permitió llegar a destino con éxito y levantar la parálisis en los hospitales.

Tampoco hubo avances en la degradación de los cimientos del Consejo Asesor de la Magistratura. Porque en los tribunales hay más despachos vacíos que huecos en las minadas montañas chilenas. Y la máquina de rescate oficialista iba por el camino más largo hasta que la realidad lo devolvió al sendero más corto. Ahora, Alperovich estima que en un par de semanas podrán cubrirse las primeras vacantes judiciales, cuando al empezar agosto ni imaginaba firmar los decretos que ayer rubricó.

A otra velocidad
A quienes no se podrá apodar como a la perforadora T-130 es a los opositores. "La Liebre", bautizada así por su rapidez, alcanzó el sábado los 622 metros de profundidad y, por ende, a los mineros. En cambio, aquí los referentes enfrentados al Gobierno aún no salieron de su refugio. Por el contrario, si pudieron esquivar la maquinaria alperovichista lo hicieron con habilidad. Valga el ejemplo del radicalismo local, que vivió un fin de semana de éxtasis cuando organizó en esta tierra "su" campamento "La Esperanza". Pero ni siquiera los operarios Ricardo Alfonsín y Julio Cesar Cleto Cobos pudieron lograr que el senador José Cano diga que sí intentará poner un freno a la perforadora oficial en 2011.

Entre hoy y mañana, cuando los 33 mineros pongan nuevamente en marcha sus relojes, en Tucumán serán los mismos los que sigan cronometrando el futuro. Es que la excavadora alperovichista seguirá avanzando y llevándose todo lo que encuentre por delante, porque aquí no se trata de voltear rocas, sino de construir poder. Y para esa empresa no puede haber montañas de por medio. Ni mucho menos tiempo que perder. Como en estos 68 días y 68 noches.

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