Estamos a prueba: las cámaras vigilantes del Gran Hermano debutaron y los equipos policiales dicen que apuestan a tratar de lograr en algún momento una sociedad más segura. Pero, en fuerte contradicción con eso, se ratifica la vigencia de la modalidad delictiva del arrebato, tras el ataque a la escribana María Isabel Osores en Villa Alem.
Estamos a prueba: los gobernantes que deciden, la sociedad que espera, los medios que comentan, critican y tratan de encontrar sentidos en los hechos. No estamos hablando de la película "The Truman show", donde un Gran Hermano televisivo espía y manipula la vida de un hombre para un programa; ni de "El ultimátum Bourne", donde el Gran Hermano de la CIA espía, persigue y manipula a sus propios agentes. No hablamos de eso, sino de la seguridad de los tucumanos. Los funcionarios están gastando 30 millones de pesos en esto. Por eso estamos a prueba.
Tecnología y sorpresas
No se trata de un filme, pero muchos de los adelantos que se ven en esas películas los tiene nuestro Gran Hermano policial: los GPS para ver dónde están situados los autos y las motos policiales y los mismos agentes de las patrullas. También el centro tiene los medios tecnológicos para interceptar y leer los mensajes de texto de los celulares cercanos y las cámaras que filmarán lo que hacen quienes circulen por el microcentro, tanto los malos (mecheras, descuidistas, ladrones, causantes de desórdenes) como los buenos (incluyendo a los indiferentes y los distraídos que serán captados por las filmadoras).
En el informe que publicó anteayer el diario Los Andes sobre la experiencia de ocho meses de controles del Gran Hermano con 100 cámaras en el microcentro de Mendoza, se comenta que se detuvo a unas 1.000 personas por infracciones y que hubo muchos casos curiosos, entre ellos el de un enfermo que se había escapado de un hospital psiquiátrico y estaba decidido a recorrer el país caminando hacia atrás. Hay de todo en las calles.
El jefe de Policía, comisario general Hugo Sánchez, fue cauto: reconoció que es una apuesta fuerte pero que pasará un tiempo antes de que se vean resultados, y anticipó que podían ocurrir hechos frustrantes. Así fue el del robo al drugstore de 24 de Septiembre y Maipú, local que aunque está por ahora fuera de la vigilancia de las cámaras, se encuentra tan cerca del centro de control que el ataque generó escepticismo.
Todo parece indicar que el Gran Hermano podrá ayudar a intervenir con celeridad en casos de desorden (peleas callejeras, protestas violentas). Además se podrá determinar usos y costumbres en la vida callejera.
No está claro si ahuyentará a mecheras y descuidistas, si estos perfeccionarán su accionar o se trasladarán a sectores sin filmadoras, como las galerías céntricas. A fin de cuentas, las cámaras de vigilancia están instaladas desde hace años en bancos y comercios céntricos y los ladrones siguen operando. Los delincuentes profesionales son los que primero van a adecuar su actividad a la nueva tecnología. En este sentido, el jefe de policial de Mendoza dio a entender que cree, "a ojo", que han bajado las contravenciones, pero que no han hecho un profundo análisis en estos ocho meses.
Por arte de magia
Por otra parte, aún cuando pueda sorprender que haya un ladrón que no se preocupó por las filmaciones y entró igual a robar en el drugstore de 24 de Septiembre y Maipú, lo que preocupa en realidad es que el ladronzuelo haya podido hacer desaparecer los $2.500 y las tarjetas telefónicas que había en la caja registradora en los 100 metros que caminó desde el negocio hasta que fue detenido. Muy llamativo: aún tenía la caja robada pero no la plata. Los policías afirman que había un "socio" que, extrañamente, no fue filmado por las cámaras del local. "Todavía no me dieron ninguna explicación", dijo el comerciante robado, a propósito del "pase de magia". ¿Están los funcionarios de seguridad averiguando qué pasó con ese dinero desaparecido?
El ataque a la escribana también puso a prueba el sistema de seguridad. Ocurrió en un barrio donde no habrá nunca cámaras de vigilancia, en el que viven muchas personas mayores -víctimas preferidas de los arrebatadores- y en el que hay mucha inseguridad. Tanta como había en noviembre pasado en el cercano barrio Aeropuerto, donde fue atacada por un arrebatador la vecina Mercedes de Cahisa, quien falleció a causa de los golpes. Como suele ocurrir, la zona se llenó de policías pero un vecino describió días después lo que ocurría: "están los hombres de la Patrulla Motorizada. Pero los ladrones lo mismo andan por la zona", dijo.
Desde entonces, la estrategia frente al arrebato no ha cambiado, excepto que los funcionarios apuestan cándidamente a que el reciente cambio de un artículo en el Código Procesal sirva para disuadir a los arrebatadores de no volver a robar.
Habría que pensar si no hará falta algo más que esa esperanza. Estamos a prueba. En algún momento habrá que decir, con elementos que lo sustenten, si la inversión de 30 millones de pesos ha servido para cambiar las cosas.
Estamos a prueba: los gobernantes que deciden, la sociedad que espera, los medios que comentan, critican y tratan de encontrar sentidos en los hechos. No estamos hablando de la película "The Truman show", donde un Gran Hermano televisivo espía y manipula la vida de un hombre para un programa; ni de "El ultimátum Bourne", donde el Gran Hermano de la CIA espía, persigue y manipula a sus propios agentes. No hablamos de eso, sino de la seguridad de los tucumanos. Los funcionarios están gastando 30 millones de pesos en esto. Por eso estamos a prueba.
Tecnología y sorpresas
No se trata de un filme, pero muchos de los adelantos que se ven en esas películas los tiene nuestro Gran Hermano policial: los GPS para ver dónde están situados los autos y las motos policiales y los mismos agentes de las patrullas. También el centro tiene los medios tecnológicos para interceptar y leer los mensajes de texto de los celulares cercanos y las cámaras que filmarán lo que hacen quienes circulen por el microcentro, tanto los malos (mecheras, descuidistas, ladrones, causantes de desórdenes) como los buenos (incluyendo a los indiferentes y los distraídos que serán captados por las filmadoras).
En el informe que publicó anteayer el diario Los Andes sobre la experiencia de ocho meses de controles del Gran Hermano con 100 cámaras en el microcentro de Mendoza, se comenta que se detuvo a unas 1.000 personas por infracciones y que hubo muchos casos curiosos, entre ellos el de un enfermo que se había escapado de un hospital psiquiátrico y estaba decidido a recorrer el país caminando hacia atrás. Hay de todo en las calles.
El jefe de Policía, comisario general Hugo Sánchez, fue cauto: reconoció que es una apuesta fuerte pero que pasará un tiempo antes de que se vean resultados, y anticipó que podían ocurrir hechos frustrantes. Así fue el del robo al drugstore de 24 de Septiembre y Maipú, local que aunque está por ahora fuera de la vigilancia de las cámaras, se encuentra tan cerca del centro de control que el ataque generó escepticismo.
Todo parece indicar que el Gran Hermano podrá ayudar a intervenir con celeridad en casos de desorden (peleas callejeras, protestas violentas). Además se podrá determinar usos y costumbres en la vida callejera.
No está claro si ahuyentará a mecheras y descuidistas, si estos perfeccionarán su accionar o se trasladarán a sectores sin filmadoras, como las galerías céntricas. A fin de cuentas, las cámaras de vigilancia están instaladas desde hace años en bancos y comercios céntricos y los ladrones siguen operando. Los delincuentes profesionales son los que primero van a adecuar su actividad a la nueva tecnología. En este sentido, el jefe de policial de Mendoza dio a entender que cree, "a ojo", que han bajado las contravenciones, pero que no han hecho un profundo análisis en estos ocho meses.
Por arte de magia
Por otra parte, aún cuando pueda sorprender que haya un ladrón que no se preocupó por las filmaciones y entró igual a robar en el drugstore de 24 de Septiembre y Maipú, lo que preocupa en realidad es que el ladronzuelo haya podido hacer desaparecer los $2.500 y las tarjetas telefónicas que había en la caja registradora en los 100 metros que caminó desde el negocio hasta que fue detenido. Muy llamativo: aún tenía la caja robada pero no la plata. Los policías afirman que había un "socio" que, extrañamente, no fue filmado por las cámaras del local. "Todavía no me dieron ninguna explicación", dijo el comerciante robado, a propósito del "pase de magia". ¿Están los funcionarios de seguridad averiguando qué pasó con ese dinero desaparecido?
El ataque a la escribana también puso a prueba el sistema de seguridad. Ocurrió en un barrio donde no habrá nunca cámaras de vigilancia, en el que viven muchas personas mayores -víctimas preferidas de los arrebatadores- y en el que hay mucha inseguridad. Tanta como había en noviembre pasado en el cercano barrio Aeropuerto, donde fue atacada por un arrebatador la vecina Mercedes de Cahisa, quien falleció a causa de los golpes. Como suele ocurrir, la zona se llenó de policías pero un vecino describió días después lo que ocurría: "están los hombres de la Patrulla Motorizada. Pero los ladrones lo mismo andan por la zona", dijo.
Desde entonces, la estrategia frente al arrebato no ha cambiado, excepto que los funcionarios apuestan cándidamente a que el reciente cambio de un artículo en el Código Procesal sirva para disuadir a los arrebatadores de no volver a robar.
Habría que pensar si no hará falta algo más que esa esperanza. Estamos a prueba. En algún momento habrá que decir, con elementos que lo sustenten, si la inversión de 30 millones de pesos ha servido para cambiar las cosas.
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