Una historia mínima, sin grandes aspiraciones, construida desde el barrio o desde cualquier culebrón televisivo invade La Sodería con la obra "Traviata". Cuando los espectadores ingresan a la sala ubicada en Villa 9 de Julio en realidad lo hacen como invitados a una gran celebración y, de a poco, se van enterando de qué se trata. A partir de ese momento se logra una gran interacción con los espectadores, porque la puesta se convierte en una verdadera fiesta, donde el límite entre ficción y realidad queda diluido. Queda comprobado, una vez más, que el teatro no necesita de grandes historias para atrapar al público, como tampoco de relevantes profesionales.
Es que Amelia le jugó al 23 y ganó la quiniela después de comprar la carne en el almacén que queda a tres cuadras, y pretende homenajear a todos los vecinos. Y eso sucede efectivamente, porque la platea de La Sodería fue reemplazada para tender un banquete en el que se sirven vino (y no vaya a creerse que de damajuana), empanadas y pasteles y masitas de postre.
En la celebración cada una de las hijas de Amelia representa su numerito, y hasta hay sorteos de plantas de aloe vera, que, con mucha humor, algunos espectadores se llevaron a sus casas. La muda baila, una recita un poema, otra publicita la famosa planta que cura y no falta la interpretación de "Sobreviviré" de quien se cree discípula de Gladys. De repente, como sucede en todo culebrón, algo ocurre para que la fiesta se convierta en un drama.
El fuerte contraste está bien planteado por la directora Alina Wainziger, pero el final feliz terminará por imponerse.
Hay fuertes guiños a una estética bizarra en esta pieza que tiene al humor como principal invitado. "Traviata" alude a muchas referencias históricas de los años 70, teniendo en cuenta que todo sucede en la casa de una familia que se apellida Rucci y que el afortunado número fue el 23. También la ópera de Verdi se llama "La Traviata" (literalmente "La extraviada"), y en verdad, en la obra hay un personaje extraviado, perdido.
Trabajan en la puesta Fabiola Vilte, Olga Ledesma, Popi Cabrera, Blanca Rivadeneira, Liliana Juárez, Florencia Fernández y Alejandra Cruz Videla.
Es que Amelia le jugó al 23 y ganó la quiniela después de comprar la carne en el almacén que queda a tres cuadras, y pretende homenajear a todos los vecinos. Y eso sucede efectivamente, porque la platea de La Sodería fue reemplazada para tender un banquete en el que se sirven vino (y no vaya a creerse que de damajuana), empanadas y pasteles y masitas de postre.
En la celebración cada una de las hijas de Amelia representa su numerito, y hasta hay sorteos de plantas de aloe vera, que, con mucha humor, algunos espectadores se llevaron a sus casas. La muda baila, una recita un poema, otra publicita la famosa planta que cura y no falta la interpretación de "Sobreviviré" de quien se cree discípula de Gladys. De repente, como sucede en todo culebrón, algo ocurre para que la fiesta se convierta en un drama.
El fuerte contraste está bien planteado por la directora Alina Wainziger, pero el final feliz terminará por imponerse.
Hay fuertes guiños a una estética bizarra en esta pieza que tiene al humor como principal invitado. "Traviata" alude a muchas referencias históricas de los años 70, teniendo en cuenta que todo sucede en la casa de una familia que se apellida Rucci y que el afortunado número fue el 23. También la ópera de Verdi se llama "La Traviata" (literalmente "La extraviada"), y en verdad, en la obra hay un personaje extraviado, perdido.
Trabajan en la puesta Fabiola Vilte, Olga Ledesma, Popi Cabrera, Blanca Rivadeneira, Liliana Juárez, Florencia Fernández y Alejandra Cruz Videla.







