Si alguna vez se filmara una película sobre la actividad azucarera argentina, una alternativa de título podría ser "Nacida para sufrir", o alguno de similar tenor. Definitivamente, parece no haber períodos buenos para este sacrificado sector, que es el puntal de la economía de Tucumán y de la región.
El año pasado, al promediar la zafra, el precio de la bolsa de azúcar mayorista era de $ 60, y este año se comercializó a entre $ 140 y $ 150. O sea, en la presente temporada los precios fueron inigualables, pero el plano productivo fue decepcionante: de un potencial resultado de 1,5 millón de toneladas de azúcar en nuestra provincia, finalmente apenas se alcanzará 1,18 millón de toneladas -300.000 toneladas menos-, por efecto del clima y de la decisión del sector de usar buena parte de la caña para expandir el cañaveral. Sin embargo, ninguno de estos factores adversos -ni sus consecuencias- habían logrado neutralizar el excelente humor de los azucareros, que este año ganaron buen dinero y lograron compensar varias temporadas de frustraciones, además de vislumbrar un futuro con enorme optimismo. Pero algo tenía que pasar para que la fiesta no fuera completa, o para que el panorama desmejorara drásticamente.
Durante la semana que acaba de concluir, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, intimó a la dirigencia azucarera nacional para que tome las medidas necesarias que amplíen el cupo de azúcar que el sector entrega al mercado, a fin de cumplir con la exigencia de que el producto llegue a precios muy bajos a las góndolas de Buenos Aires. Con gran esfuerzo, buena parte de los industriales y cañeros del país destinan un 6% de su azúcar -algunos ingenios aportan un 4% más- para satisfacer las demandas de Moreno. Hasta ahora, son cerca de 200.000 toneladas que se comercializan para fraccionado a precios de quebranto, ya que representan ingresos para los azucareros del orden de $ 75 por bolsa de 50 kilos, la mitad del valor de mercado.
La de estos días fue la segunda intervención en el año del funcionario kirchnerista en la actividad azucarera, ya que a mediados de año decidió restringir las exportaciones a sólo 150.000 toneladas hasta septiembre. Más allá de si las medidas intempestivas de Moreno son justificadas o no, lo cierto es que en el mercado persiste la noción de que la oferta de azúcar es escasa. Los azucareros aseguran que el producto está y que es suficiente para atender la demanda, pero no les resulta fácil a los compradores hacerse del azúcar. Aparentemente, en un año de producción acotada, los grandes operadores del sector no lograron que prevalezca la sensación de mercado bien abastecido, tal vez porque las principales empresas azucareras no pudieron tener el pleno control de la oferta, como en temporadas anteriores. Según se comenta, los grandes ingenios del norte (Jujuy y Salta) no consiguieron crear un "colchón" de azúcar con las habituales compras que realizan en Tucumán, y se vieron obligados a ofertar más que lo habitual para evitar que se propague la sensación de desabastecimiento. Para colmo, dicen que Moreno no tiene sintonía plena con algunos de los dirigentes azucareros que se encargan de intermediar con el Gobierno nacional.
En el fuego cruzado entre Moreno y los azucareros se encuentran los mandatarios de las provincias productoras de azúcar. Entre estos se ubica el gobernador tucumano, José Alperovich, uno de los favoritos del tándem Néstor y Cristina Kirchner. Alperovich escuchó las quejas de los industriales tucumanos, cuando estos se enteraron del posible cierre de las exportaciones, y se comprometió a gestionar una salida amigable al problema. No obstante, se entiende que tendrá que ofrecerle algo al funcionario más polémico del Gobierno nacional, que no podrá ser otra cosa que lo que éste pide. Caso contrario, las ventas externas se cerrarán, y habrá que ver qué hacen los azucareros con los excedentes de la próxima campaña, ya que la opción de reemplazar crudos de exportación por alcohol para naftas es parcial, al menos hasta que se terminen de materializar las inversiones en destilerías en los ingenios para captar la caña sobrante. Y, dada la expansión que se impulsó este año en el cañaveral, todo parece indicar que en 2011 la producción será más que generosa. Ahora, ¿qué pasará si el negocio azucarero entra en un cono de sombras, en un escenario de pérdidas a causa de los excedentes? Algunos especulan que la crisis agropecuaria nacional de 2008, a causa de la resolución 125 que establecía retenciones móviles a la soja, que puso en vilo al entonces flamante gobierno de Cristina Kirchner, será "caja chica" en comparación con la situación que se podría generar si se levanta en protesta la actividad azucarera del NOA. Los ex presidentes Menem, De la Rúa y Duhalde tuvieron la oportunidad de conocer el largo y la fuerza del brazo azucarero, cuando, por cuerda separada, se oponían a diversos proyectos de ley para impedir el ingreso de azúcar del exterior a la Argentina.
Hay tiempo para trabajar y para intentar encontrar salidas a esta nueva crisis que se le presenta al sector azucarero. Es probable que si la producción de la próxima temporada es abundante, ni recuerdos queden de la advertencia de Moreno. Sin embargo, queda claro que un ojo poderoso está posado sobre la actividad azucarera argentina.
El año pasado, al promediar la zafra, el precio de la bolsa de azúcar mayorista era de $ 60, y este año se comercializó a entre $ 140 y $ 150. O sea, en la presente temporada los precios fueron inigualables, pero el plano productivo fue decepcionante: de un potencial resultado de 1,5 millón de toneladas de azúcar en nuestra provincia, finalmente apenas se alcanzará 1,18 millón de toneladas -300.000 toneladas menos-, por efecto del clima y de la decisión del sector de usar buena parte de la caña para expandir el cañaveral. Sin embargo, ninguno de estos factores adversos -ni sus consecuencias- habían logrado neutralizar el excelente humor de los azucareros, que este año ganaron buen dinero y lograron compensar varias temporadas de frustraciones, además de vislumbrar un futuro con enorme optimismo. Pero algo tenía que pasar para que la fiesta no fuera completa, o para que el panorama desmejorara drásticamente.
Durante la semana que acaba de concluir, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, intimó a la dirigencia azucarera nacional para que tome las medidas necesarias que amplíen el cupo de azúcar que el sector entrega al mercado, a fin de cumplir con la exigencia de que el producto llegue a precios muy bajos a las góndolas de Buenos Aires. Con gran esfuerzo, buena parte de los industriales y cañeros del país destinan un 6% de su azúcar -algunos ingenios aportan un 4% más- para satisfacer las demandas de Moreno. Hasta ahora, son cerca de 200.000 toneladas que se comercializan para fraccionado a precios de quebranto, ya que representan ingresos para los azucareros del orden de $ 75 por bolsa de 50 kilos, la mitad del valor de mercado.
La de estos días fue la segunda intervención en el año del funcionario kirchnerista en la actividad azucarera, ya que a mediados de año decidió restringir las exportaciones a sólo 150.000 toneladas hasta septiembre. Más allá de si las medidas intempestivas de Moreno son justificadas o no, lo cierto es que en el mercado persiste la noción de que la oferta de azúcar es escasa. Los azucareros aseguran que el producto está y que es suficiente para atender la demanda, pero no les resulta fácil a los compradores hacerse del azúcar. Aparentemente, en un año de producción acotada, los grandes operadores del sector no lograron que prevalezca la sensación de mercado bien abastecido, tal vez porque las principales empresas azucareras no pudieron tener el pleno control de la oferta, como en temporadas anteriores. Según se comenta, los grandes ingenios del norte (Jujuy y Salta) no consiguieron crear un "colchón" de azúcar con las habituales compras que realizan en Tucumán, y se vieron obligados a ofertar más que lo habitual para evitar que se propague la sensación de desabastecimiento. Para colmo, dicen que Moreno no tiene sintonía plena con algunos de los dirigentes azucareros que se encargan de intermediar con el Gobierno nacional.
En el fuego cruzado entre Moreno y los azucareros se encuentran los mandatarios de las provincias productoras de azúcar. Entre estos se ubica el gobernador tucumano, José Alperovich, uno de los favoritos del tándem Néstor y Cristina Kirchner. Alperovich escuchó las quejas de los industriales tucumanos, cuando estos se enteraron del posible cierre de las exportaciones, y se comprometió a gestionar una salida amigable al problema. No obstante, se entiende que tendrá que ofrecerle algo al funcionario más polémico del Gobierno nacional, que no podrá ser otra cosa que lo que éste pide. Caso contrario, las ventas externas se cerrarán, y habrá que ver qué hacen los azucareros con los excedentes de la próxima campaña, ya que la opción de reemplazar crudos de exportación por alcohol para naftas es parcial, al menos hasta que se terminen de materializar las inversiones en destilerías en los ingenios para captar la caña sobrante. Y, dada la expansión que se impulsó este año en el cañaveral, todo parece indicar que en 2011 la producción será más que generosa. Ahora, ¿qué pasará si el negocio azucarero entra en un cono de sombras, en un escenario de pérdidas a causa de los excedentes? Algunos especulan que la crisis agropecuaria nacional de 2008, a causa de la resolución 125 que establecía retenciones móviles a la soja, que puso en vilo al entonces flamante gobierno de Cristina Kirchner, será "caja chica" en comparación con la situación que se podría generar si se levanta en protesta la actividad azucarera del NOA. Los ex presidentes Menem, De la Rúa y Duhalde tuvieron la oportunidad de conocer el largo y la fuerza del brazo azucarero, cuando, por cuerda separada, se oponían a diversos proyectos de ley para impedir el ingreso de azúcar del exterior a la Argentina.
Hay tiempo para trabajar y para intentar encontrar salidas a esta nueva crisis que se le presenta al sector azucarero. Es probable que si la producción de la próxima temporada es abundante, ni recuerdos queden de la advertencia de Moreno. Sin embargo, queda claro que un ojo poderoso está posado sobre la actividad azucarera argentina.
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