El 70 aniversario de una confitería del sur

11 Octubre 2010
A veces cuesta encontrarlas, pero que las hay, las hay. Pocas veces tienen que ver con lo que atañe a nuestra historia, al pasado, teniendo en cuenta nuestra suerte de adicción a destruir el patrimonio en pro de la tan mentada modernidad. Ayer celebró siete décadas la confitería La Estrella, de Concepción, que fue un motor de la historia comercial de esta ciudad, lo cual es una muy buena noticia. Sus dueños, así como otros emprendedores, transformaron la ciudad con su empuje y por ese florecimiento se la bautizó "La Perla del Sur".

En la crónica que publicamos en nuestra edición de ayer, se señala que el negocio fue fundado el 10 de octubre de 1940 por Raúl Osvaldo Iturbe y su esposa Sara Neme. Comenzó como un pequeño negocio de mercaderías -que nunca dejó de crecer- en San Martín 1.230. En 1960 el matrimonio adquirió otro inmueble que se transformó en confitería y comenzó a funcionar en el edificio que ocupa actualmente frente a plaza Mitre. Disfrutaron del lugar ex presidentes, ex gobernadores, cantantes, modelos y artistas. Uno de los parroquianos asiduos fue "EL Califa" Nasif Estéfano, notable corredor que dio Concepción. Con el correr del tiempo, el negocio adquirió notoriedad por sus masitas, consideradas incluso hoy como unas de las más exquisitas que se venden en la provincia. En los años 80 tuvo una disco que competía con la memorable Madrás.

La historia de los comienzos de los dueños de La Estrella es similar a la de otros que por aquel entonces apostaban al sacrificio y al trabajo constante para hacer crecer el emprendimiento. "Mi papá era pastelero y trabajaba en La Royal de la capital. Siempre le habían dicho que esta ciudad era una buena oportunidad para emprender su propio negocio. En 1935 se vino en tren con un amigo Galván. Este decidió seguir hasta Aguilares y mi papá se quedó. En aquel entonces -según mis padres- las calles eran de piedra, las veredas elevadas, con palenques y argollas en el piso que servían para atar los animales que tiraban los sulkys. En este transporte o montados a caballo llegaban los vecinos. En los alrededores había pulperías y otros negocios", contó su hijo.

Tal vez la vigencia de la confitería se deba a que está enraizada en la vida de los concepcionenses y sigue siendo a lo largo de siete décadas un rincón para la buena comunicación y amistad. Al decir de un parroquiano, fue siempre fue un lugar de encuentro de familias, de profesionales, de amigos, de novios y de jóvenes estudiantes. Se conocieron muchas parejas, algunas de las cuales terminaron en matrimonio. Pero llegar a los 70 años seguramente no fue fácil. "Es un legado de familia que uno trata de enriquecerlo con el aporte de nuestros hijos. Estos le imprimen su energía y su sello a este emprendimiento que soportó muchas vicisitudes. Es un orgullo haber sobrevivido y ser hoy una empresa", dijo el hijo de don Iturbe.

Toda ciudad suele tener sus bares símbolos, como por ejemplo, El Café de la Paz o el Tortoni en Buenos Aires o El Cairo en Rosario, que se salvó milagrosamente de la piqueta en varias oportunidades. En San Miguel de Tucumán, desgraciadamente casi no quedan vestigios de aquel pasado que le daba identidad cultural y arquitectónica a nuestra ciudad. En mayo de 1983 se fue de la vida el Bar Colón, que funcionaba en San Martín al 400, un reducto de la bohemia tucumana. Otra pedrada al alma de la cultura fue la demolición de "El Buen Gusto", ubicado en 9 de Julio primera cuadra, ocurrida en mayo de 1992. Por allí habían pasado Luis Sandrini, Jorge Luis Borges y Lino Spilimbergo, entre algunos notables.

Lo curioso es que Tucumán es una de las ciudades que más bares tiene, pero deja que su pasado se destruya. Por esa razón que La Estrella brinde por sus 70 años es una muy buena noticia.

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