Un estreno del Estable marcado por la controversia

"Manual de un seductor", de Alfredo Fenik, retrata a un Alberdi sólo interesado en sus mujeres

EL PROCER Y SU BIOGRAFO. Los diálogos entre ellos revelan la moral de cada uno y sus diferencias.
EL PROCER Y SU BIOGRAFO. Los diálogos entre ellos revelan la "moral" de cada uno y sus diferencias.
Por Jorge Figueroa 11 Octubre 2010
Controvertido. Es el concepto más adecuado para calificar la puesta de "Manual de un seductor", que el Teatro Estable estrenó este fin de semana en la sala Caviglia. La novela "Vida de un ausente", de José Ignacio García Hamilton, plantea una mirada desmitificadora de Juan Bautista Alberdi, dirigida a su mundo privado en el que sus relaciones con las mujeres ocupan su principal preocupación. La adaptación que hizo Alfredo Fenik acentúa aún más este posicionamiento, al punto de que los deberes con la patria le sirven de excusa al prócer para romper sus relaciones amorosas. En la obra se retrata un Alberdi que en su afán de no comprometerse sentimentalmente llega hasta a renunciar prácticamente a su hijo, alejándolo de él (en París, por ejemplo, lo regaña por que Manuel Alberdi contó a sus compañeros de colegio que el gran estadista y patriota era su padre).

La controversia señalada atraviesa la hora y 45 minutos que dura la obra. Y para qué hablar cuando en un diálogo con su biógrafo este le pide un consejo para las elecciones de 2011, y el autor de las Bases se despacha con un fuerte discurso contra los políticos, a quienes acusa de lo peor (afirmaciones que a la salida del teatro algunos espectadores no dejaron de criticar duramente y de atribuírselas al director y adaptador).

Pero más allá de estas controversias -en las que se puede o no coincidir con el texto de García Hamilton y la adaptación de Fenik-, la puesta se desenvuelve en un derrotero en el que sólo por momentos entretiene, sin planteos de interesantes tensiones dramáticas.

Los diálogos entre el prócer y su biógrafo (interpretados por Ricardo Podazza y Oscar Zamora, respectivamente) constituyen las escenas más ricas, ya que todo comienza en un teatro, precisamente. A partir de allí se suceden los encuentros con algunas de las mujeres de la vida de Alberdi, de las cuales sólo una, Ignacia Gómez viuda de Cánepa (Daniela Canseco), tiene en claro la diferencia entre el amor y el sexo. Las demás serán amadas y sucesivamente abandonadas, incluso la última, que es con la que permanece más tiempo.

Otra de las escenas para destacar es la última, en la que se luce Podazza con el monólogo de un Alberdi agonizante y fuera de sí, luchando contra los fantasmas de su pasado, de sus seis mujeres y de sus compromisos políticos.

La escenografía divide el escenario en el pasado y el presente, porque el biógrafo García Hamilton dialoga con Alberdi 150 años después de su muerte, partiendo de la premisa de que "el teatro mata al tiempo"; y mientras el escritorio y piano del prócer respetan su época, la biblioteca de García Hamilton hasta tiene una notebook. En estos diálogos, no se puede soslayar, el biógrafo siempre aventaja con su moral al constitucionalista, lo cual también genera controversia.

Completan el elenco Liliana Sánchez, Susana Santos, Lilian Mirkin, Daniela Villalba, Daniela Canseco, Cristina Fiz Lobo y Nelson Alfonso. La asistencia es de Sánchez y Marcela García Mottes.

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