04 Octubre 2010 Seguir en 
Corazones conmovidos, palmas enrojecidas, lágrimas que pugnan por liberarse. Emociones aquí y allá. El concierto lírico que cerró el 50º Septiembre Musical invitó a recorrer un itinerario felizmente popular, espléndidamente interpretado. Digno cierre para un festival enraizado en la cultura de los tucumanos. Hubo fuegos artificiales y sonrisas en la despedida. No fue para menos.
Darío Volonté se robó el protagonismo. Regaló su voz potente y las notas rebotaron en cada rincón de la estación del Ferrocarril Mitre. La antigua construcción albergó cerca de 4.000 espectadores. Un nuevo espacio, céntrico, cómodo y funcional, se está consolidando. Habrá que ajustar un par de detalles para que funcione a la perfección. Anoche, los duendes y las musas le dieron el visto bueno, condición indispensable para que el arte fluya con comodidad.
Fueron 19 temas y un bis, inteligentemente elegidos. Por el escenario desfilaron Volonté y su esposa -la mezzo soprano Vera Cirkovic- y el Coro Estable, que conduce Ricardo Sbrocco. El hilo conductor de la gala corrió por cuenta de la Orquesta Estable, bajo la batuta de Jeff Manookian y de la directora invitada Andrea Mijailovsky.
El público -heterogéneo, entusiasta, atento, con notoria presencia de grupos familiares- fue generoso en ovaciones. Lástima que muchos no pudieron seguir las traducciones de los temas, debido a la incómoda ubicación de la pantalla.
Volonté atesoró el amor de los tucumanos a fuerza de oficio y expresividad. Le puso el cuerpo y la voz al desafío. Cuatro fueron los momentos cumbres entre sus intervenciones: un fragmento del "Otello" de Giuseppe Verdi; "No puede ser", de la zarzuela "La tabernera del puerto" (Pablo Sorozábal); el incombustible "Nessun dorma" ("Turandot", de Giacomo Puccini); y la "Canción de la Bandera", la que cantamos todos cuando niños (pertenece a la ópera "Aurora", de Héctor Panizza).
Cirkovic se desenvolvió más cómoda cuando se adentró en el mundo de Georges Bizet y su "Carmen". Le sacó brillo a "Habanera" y formó un estupendo trío junto a Valeria Albarracín y Claudia Manrique para cantar la "Canción bohemia".
El matrimonio Volonté se divirtió con el crescendo del contrapunto que conforma el dúo de la ópera "Il Trovatore" (de Verdi). A esa altura la dinámica del concierto funcionaba ajustadamente y el público estaba inmerso en el espectáculo. Misión cumplida.
El "Coro de los gitanos" le abrió la puerta al grupo conducido por Sbrocco, mientras que la Orquesta encontró su mejor momento de la mano de las "Danzas polonesas" (de la ópera "Príncipe Igor", de Alexander Borodin).
La multitud se unió para reclamar un bis y la interpretación de un fragmento de "La Traviata" fue una celebración. Síntesis de un show lírico de masivo gozo, algo así como el ABC de la difusión cultural.
Darío Volonté se robó el protagonismo. Regaló su voz potente y las notas rebotaron en cada rincón de la estación del Ferrocarril Mitre. La antigua construcción albergó cerca de 4.000 espectadores. Un nuevo espacio, céntrico, cómodo y funcional, se está consolidando. Habrá que ajustar un par de detalles para que funcione a la perfección. Anoche, los duendes y las musas le dieron el visto bueno, condición indispensable para que el arte fluya con comodidad.
Fueron 19 temas y un bis, inteligentemente elegidos. Por el escenario desfilaron Volonté y su esposa -la mezzo soprano Vera Cirkovic- y el Coro Estable, que conduce Ricardo Sbrocco. El hilo conductor de la gala corrió por cuenta de la Orquesta Estable, bajo la batuta de Jeff Manookian y de la directora invitada Andrea Mijailovsky.
El público -heterogéneo, entusiasta, atento, con notoria presencia de grupos familiares- fue generoso en ovaciones. Lástima que muchos no pudieron seguir las traducciones de los temas, debido a la incómoda ubicación de la pantalla.
Volonté atesoró el amor de los tucumanos a fuerza de oficio y expresividad. Le puso el cuerpo y la voz al desafío. Cuatro fueron los momentos cumbres entre sus intervenciones: un fragmento del "Otello" de Giuseppe Verdi; "No puede ser", de la zarzuela "La tabernera del puerto" (Pablo Sorozábal); el incombustible "Nessun dorma" ("Turandot", de Giacomo Puccini); y la "Canción de la Bandera", la que cantamos todos cuando niños (pertenece a la ópera "Aurora", de Héctor Panizza).
Cirkovic se desenvolvió más cómoda cuando se adentró en el mundo de Georges Bizet y su "Carmen". Le sacó brillo a "Habanera" y formó un estupendo trío junto a Valeria Albarracín y Claudia Manrique para cantar la "Canción bohemia".
El matrimonio Volonté se divirtió con el crescendo del contrapunto que conforma el dúo de la ópera "Il Trovatore" (de Verdi). A esa altura la dinámica del concierto funcionaba ajustadamente y el público estaba inmerso en el espectáculo. Misión cumplida.
El "Coro de los gitanos" le abrió la puerta al grupo conducido por Sbrocco, mientras que la Orquesta encontró su mejor momento de la mano de las "Danzas polonesas" (de la ópera "Príncipe Igor", de Alexander Borodin).
La multitud se unió para reclamar un bis y la interpretación de un fragmento de "La Traviata" fue una celebración. Síntesis de un show lírico de masivo gozo, algo así como el ABC de la difusión cultural.
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