Un diálogo tirante en el rancho de Bush

Abdel Aziz le habría reprochado al presidente su tendencia a apoyar a Israel y a desproteger al gobierno palestino.

27 Abril 2002
WASHINGTON.- El agravamiento de la crisis en Medio Oriente provocó tirones en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita. A pesar del tono cordial que prevaleció en la reciente reunión entre el presidente estadounidense George W. Bush y el príncipe heredero saudita, Abdalá ben Abdel Aziz, se notó una tirantez en la relaciones entre ambos países a causa de la postura de Bush con respecto a la crisis en Medio Oriente. Abdel Aziz le habría reprochado a Bush su tendencia a apoyar a Israel y a desproteger al gobierno palestino. Además, la habría dicho que las estratégicas relaciones entre ambos países pueden verse afectadas si Bush no modera su apoyo a Israel.
Según expertos, las relaciones ente ambos países han sido siempre complicadas. En las últimas semanas, particularmente tras la ofensiva israelí en los territorios palestinos luego de una ola de atentados suicidas, las cosas empeoraron, pero no lo suficiente como para destrozar la sociedad estratégica. Arabia Saudita necesita que Estados Unidos lo ayude a defender su petróleo frente a las amenazas regionales, como las de Irán e Irak, y continúa pidiendo esa protección. Y Washington necesita tener las mejores relaciones con este país inserto en una región hostil para Washington. Según Clovis Maksoud, ex embajador de la Liga Arabe ante la ONU, Washington debe dejar de avergonzar a los líderes sauditas. Si Estados Unidos no respalda el posible despliegue de una fuerza de la ONU que proteja a los palestinos, el riesgo de que ocurra una ruptura aumentará, advirtió.
El príncipe Abdalá no sólo habla en función de las relaciones de Arabia Saudita con Estados Unidos, sino de todo el mundo árabe, que respaldó su plan de paz para Medio Oriente. La iniciativa propone que los israelíes se retiren totalmente de los territorios que ocupan desde 1967 a cambio de establecer relaciones pacíficas entre los países árabes e Israel. La propuesta, más allá de los intereses militares y petroleros, hace que este no sea el momento para poner a prueba las relaciones. (AFP)

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