MUY BUENO
Conocido por sus inolvidables composiciones en películas como "Tomates verdes fritos", "Belleza americana" o "Buscando a Nemo", Thomas Newman es junto a John Williams, Hans Zimmer y Alan Silvestri uno de los compositores favoritos de Hollywood. En este disco de 1998 (reeditado ahora con arreglos digitales) y que forma parte de la película que protagonizó Brad Pitt, Newman despliega una partitura formalmente impecable que recae en un romanticismo de lo más sugerente. La historia de "¿Conoces a Joe Black?" es un juego de espirales temporales que se refleja en la música, a la que Newman consigue darle un estado de melancolía permanente. Esa carga de añoranza acerca de un tiempo que se escurre como agua entre las manos es, en realidad, la gran fortaleza del disco. La música, tocada casi como si el compositor surrara al oído del oyente, cuenta la historia de Bill Parish -un rico empresario dedicado a las comunicaciones- que recibe una mañana la visita inesperada de la muerte, encarnada en Joe Black (Brad Pitt). Joe responde con un resuelto "sí" a la pregunta que ronda por la cabeza de Parish: "¿moriré?" Desde entonces el argumento del filme toma conciencia existencialista. Y Thomas Newman hace posible este sentido a partir de una música ajustada a las escenas. Particularmente bella es la sinfonía final "That next place", que arrebata los sentidos a fuerza de violines y pianos en su justo equilibrio. Un disco para escuchar sin prisa y disfrutar solo o de a dos. No más.
Conocido por sus inolvidables composiciones en películas como "Tomates verdes fritos", "Belleza americana" o "Buscando a Nemo", Thomas Newman es junto a John Williams, Hans Zimmer y Alan Silvestri uno de los compositores favoritos de Hollywood. En este disco de 1998 (reeditado ahora con arreglos digitales) y que forma parte de la película que protagonizó Brad Pitt, Newman despliega una partitura formalmente impecable que recae en un romanticismo de lo más sugerente. La historia de "¿Conoces a Joe Black?" es un juego de espirales temporales que se refleja en la música, a la que Newman consigue darle un estado de melancolía permanente. Esa carga de añoranza acerca de un tiempo que se escurre como agua entre las manos es, en realidad, la gran fortaleza del disco. La música, tocada casi como si el compositor surrara al oído del oyente, cuenta la historia de Bill Parish -un rico empresario dedicado a las comunicaciones- que recibe una mañana la visita inesperada de la muerte, encarnada en Joe Black (Brad Pitt). Joe responde con un resuelto "sí" a la pregunta que ronda por la cabeza de Parish: "¿moriré?" Desde entonces el argumento del filme toma conciencia existencialista. Y Thomas Newman hace posible este sentido a partir de una música ajustada a las escenas. Particularmente bella es la sinfonía final "That next place", que arrebata los sentidos a fuerza de violines y pianos en su justo equilibrio. Un disco para escuchar sin prisa y disfrutar solo o de a dos. No más.







