Tucumán lo hizo

El fin de semana radical acelera el pulso electoral en la provincia. Mientras la UCR busca mensajes de unidad, Alperovich ya armó las listas que competirán en agosto.

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 12 Septiembre 2010
Tucumán tiene esas cosas raras.
Cuando el país tenía un presidente por día, la plaza de Mayo era un pandemonio y la plata quedaba acorralada, el presidente Eduardo Duhalde llamó por teléfono a Tucumán. Julio Miranda escuchó las necesidades y en el acto el gobernador de entonces le llenó la plaza Independencia. Fue un impulso trascendental. El senador bonaerense devino Presidente y tomó fuerzas que no tenía y después se fueron multiplicando los actos a lo largo de la República. Por entonces, Miranda se había tornado impresentable: sin embargo, convocó al peronismo y sembró la esperanza de que se podría salir.
Años antes de aquel episodio de este siglo, hubo un general de la dictadura que se hizo gobernador democrático. Como hongos se esparcieron episodios idénticos en el resto del país. Crecieron los Rico y los Patti. Pasaron los años y el mismo general retirado fue juzgado en un histórico juicio que después tuvo eco en cuanto tribunal federal pudo.
Julio Cobos se convirtió en radical K varios años después de que José Alperovich haya cambiado su piel yrigoyenista por la de peronista -primero- y la de kirchnerista -después-.
Pasan cosas raras en Tucumán. Y, lo curioso, es que después se repiten en el resto del país.
Ayer Julio Cobos y Ricardo Alfonsín se sentaron a dialogar. Un buen mensaje en estos tiempos en los que el diálogo escasea. Es un buen comienzo para dos figuras que son como Kirchner y el campo o, mejor dicho, como Tom y Jerry: sin la existencia de uno no puede sobrevivir el otro.
El almuerzo en la casa del senador José Cano es una señal muy interesante dentro del radicalismo, pero camina sobre la cuerda floja del indómito espíritu de estos dos hombres que tienen veleidades. Cuando miran las encuestas, primero se comparan y después prestan atención a cómo van los K o los peronistas. Originariamente la visita del vicepresidente había estado prevista para el viernes, pero cuando se constató que el otro Alfonsín coincidiría con su estada, corrió la agenda un día. El inesperado líder que hasta el tono de voz de su padre heredó, reconoció ante algunos correligionarios provinciales que no era tan importante la reunión tucumana. En la comida del jueves por la noche, el diputado nacional fue muy claro: puede que haya muchos encuentros pero la verdad se va a dirimir en las internas.
"Tucumán se adelanta a los hechos". Alguna vez esa fue la confesión de un enviado de la Comunidad Europea que explicó que la UE monitorea de cerca el comportamiento social de la provincia porque la sociedad anticipa algunos sucesos.
Los episodios le dieron la razón al Viejo Continente, como aquella vez cuando Ramón Ortega se hizo gobernador y después aparecieron los políticos automovilistas o basquetbolistas.

Tom y Jerry
A pesar de que el encuentro radical sólo es un necesario calentamiento de motores, la aparición de Tom y Jerry por estos lares encendió el corazón de los boinas blancas, pero también hizo hablar al oficialismo.
Fue la primera vez en mucho tiempo que José Alperovich se pronunció sobre la oposición. Hacía más de un lustro que la agenda se invertía. Las visitas le hicieron decir al gobernador tucumano que Néstor Kirchner será el candidato a presidente de los K y, específicamente, le dio una bienvenida a Alfonsín. Eso si, no se la extendió a Cobos. Un experto en discursos podría decir que a los Kirchner ya eligieron el enemigo porque al vicepresidente no lo sacan del casillero de traidor. Aunque parezca un juego de palabras, no deja de ser una señal. También al oficialismo le transmite más tranquilidad el radicalismo que el peronismo disidente. La historia reciente escrita por la Alianza y por el padre del pre-candidato se sigue explicando cuando no tendrían que perder tiempo en eso y debería ser un expediente cerrado.

Funcionario en pose
Mientras los distintos sectores de la oposición tratan de ordenar sus huestes, el oficialismo avanza y arrasa. No pasa un segundo sin que tomen el mínimo resquicio de poder. La Defensoría del Pueblo era un lugar que alguna vez el alperovichismo le había cedido al ya desaparecido jurismo. Esta semana quedó en manos del matrimonio gobernante en la provincia. Y Daniel Posse trata de explicar que su vínculo no entorpecerá su gestión.
"Son atribuciones y deberes del Defensor del Pueblo la defensa, protección de los derechos humanos y demás derechos e intereses individuales, colectivos y difusos tutelados en esta Constitución, la Constitución Nacional, los Tratados Internacionales y las leyes, frente a los actos, hechos u omisiones de la Administración Pública provincial y municipal o de prestadores de servicios públicos, siendo todas las actuaciones gratuitas para el ciudadano". Exactamente eso dice el artículo 82 de la Constitución que se hizo a medida Alperovich en 2006 y que ya le queda chica por cómo está engordado de poder.
¿Cómo hará Posse para cumplir con este mandato constitucional si tiene tantos "amigos" y siente un "enorme orgullo de ser funcionario del gobierno" de José? Posse, en su primera declaración como ombudsman de los tucumanos, recordó que la Defensoría tiene el rol de peticionar modificaciones de políticas públicas, pero no tiene el rol de auditar cuentas públicas. Absolutamente cierto, pero las obligaciones pasan por defender al ciudadano de las reparticiones que lo afecten. En síntesis, de sus amigos. Tanta ambición alperovichista y tanta obsecuencia de una de las Legislaturas más costosas han terminado por descuidar al ciudadano. Posse hizo "la gran Estofán". Antes de empezar su gestión blanqueó su amistad con el poder al que debe controlar.
La misma Legislatura que nunca quiso mostrar ni transparentar su presupuesto le dio un velocísimo trámite a la designación pensando sólo en cumplir con los deseos de José y no con el bienestar general que aseguraría poner a alguien no pertenece al Gobierno como sabiamente lo exigen otras constituciones. ¿Será en busca de este perfeccionamiento que el oficialismo ya empieza a hablar de una nueva reforma?
El alperovichismo tiene todo armado para afrontar todas las elecciones que están por venir. Hasta tal punto que no le incomodaría intentar una más para reformar la Carta Magna.
Alperovich, que todo lo manda, ya tiene prácticamente definidas las listas para los comicios de agosto próximo: incluso, la de los partidos acoplados. Los que seguirán al camión oficialista en las tres secciones electorales serán Rolando Alfaro y el devaluado Fernando Juri. En la Casa de Gobierno sugieren que también seguirá el mismo camino un acople "pirincho" para las tres circunscripciones.
En el Este, se repetiría la lista oficial de las últimas elecciones y los acoplados serían partidos que encabecen José Alberto Cúneo Vergés, Olijela del Valle Rivas y Alberto Herrera.
En el Oeste, los lugares en la lista se discuten por departamento. En Tafí Viejo se anota Roque Alvarez para los primeros puestos y Alejandro Martínez se quedaría con un lugar asegurado entre los últimos salibles. En Monteros Juan Antonio Ruiz Olivares y Regino Amado harían lo mismo. Y en Alberdi, Raúl Hadla y Roque Cativa calcarían la jugada.
Hasta ahí, algunos de los bendecidos. Cuando algún dirigente se anima a preguntarle al gobernador qué va a ser de su futuro, Alperovich responde: "Hablá con Jaldo". A otros les cambia de interlocutor: "Hablá con Mansilla". Tanto uno como el otro serían cabezas de lista en el Este y en el Oeste, respectivamente.
En la Capital, uno de los que ya avisó que será candidato es el secretario privado del gobernador e hijo del ministro de Desarrollo Productivo, Guillermo Gassenbauer. El otro se llama Ramiro González Navarro, quien dejaría la Secretaría General de la Gobernación para llegar a la Cámara. El primero de estos dos está sosteniendo una dura pulseada con el increíble Armando Cortalezzi. El que venza al otro tendrá un lugar más arriba en el voto.
La danza de los nombres es uno de los bailes que más divierte al peronismo, que está cansado de hacer lo que se le viene en ganas. Es tal vez el juego que más le gusta. Y el que mejor juega.
Tanta distracción puede traerle problemas al Ejecutivo tucumano. Los graves problemas como la droga o como la inseguridad se le escapan como agua de las manos. Son madres como las de Tafí Viejo o como las de la Costanera las que le están advirtiendo al Gobierno que la sociedad está herida. No basta que el gobernador diga que la droga es su deuda. No alcanza con la espantosa imagen que dieron los legisladores oficialistas al mando del vicegobernador Juan Manzur, quienes mandaron a cuarteles de invierno a Hugo Balceda cuando denunció cuestiones referidas a la droga que se consume seres humanos. A los detenidos que le vendían droga en la comisaría a un puñado de jóvenes no los agarró nadie con poder, sino un familiar desesperado que hasta tuvo el coraje de filmar lo que poderosos esquivan ver.
Tucumán suele anticipar episodios sociales, pero a veces cuando adelanta, atrasa.

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