Con pronóstico reservado

Con pronóstico reservado

Análisis.

Aunque el último acuerdo normalizó la atención de la salud y edulcoró la relación con el Gobierno, las tensiones internas de los autoconvocados y la dinámica que pueden adquirir acontecimientos externos, permiten descreer que esa paz vaya a durar largo tiempo.

En principio, faltan cinco meses para que los dirigentes del Sindicato de Trabajadores Autoconvocados de la Salud (Sitas) se sienten con el Ejecutivo a discutir recomposiciones de salarios. Si se toma la historia inmediata de esas reuniones, se debe considerar que siempre se llega a un acuerdo; que los gremialistas siempre argumentan que es insuficiente, pero que algo se logró; y que los trabajadores estatales siempre aceptan a regañadientes lo conseguido.

Pero el caso de los autoconvocados podría marcar una excepción a esta regla. No debe olvidarse que los trabajadores de la salud que se identificaron desde el inicio con el movimiento -hayan avalado o no el Sitas- cuentan con una rica experiencia de lucha por fuera de la estructura gremial; cosa de lo que, por ahora, adolecen los afiliados a ATE, UPCN y Vialidad, entre otros.

Además, desde que arrancó el proceso de sindicalización, el sector que lo impulsaba y el que lo rechazaba mostraron sus cartas. Pero un gran grupo quedó expectante, sin definir tras qué tendencia alinearse: está estudiando lo dicho por unos y por otros. Acaso en febrero -o antes- asuma su postura.

La primera moción votada en los albores de 2009 era que se duplique la base de cálculo. Cuando se reúnan en paritarias estarán por cumplirse dos años de la propuesta. Habrá que ver si con lo que cuentan entonces satisface a los autoconvocados o si vuelve a ganar la calle la muñeca de chaqueta blanca que encabezó las protestas.

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