Quien no tiene nada que perder, sólo puede aspirar a sumar. Es la idea que puede sintetizar la sorpresiva decisión de la diputada nacional Stella Maris Córdoba (PJ) de aspirar a ser precandidata a gobernadora. Cuando quedó en claro su meta no hubo cimbronazos, ni corridas, ni temblores, ni cosquillas en la Casa de Gobierno; su postulación -hasta ella debe saberlo, como hábil política- aún no puede hacerle sombra al tercer período consecutivo que va a disputar José Alperovich. Ni siquiera los opositores externos creen que van a llegar al Gobierno en 2011. Con crudo realismo estos últimos sólo intentan cerrarle el camino a la re-reelección del titular del Poder Ejecutivo con trabas judiciales a la espera de una eventual intervención favorable de la Justicia. Un semáforo que no parece que se vaya a poner en rojo frente al convoy oficialista. Y si toda la estructura del PJ estará al servicio del alperovichismo el 12 de diciembre, la victoria en la interna partidaria de ese día pinta como un mero trámite; entonces, ¿a qué aspira la ultrakirchnerista Córdoba cuando dice yo quiero ser?
Antes cabe recordar que el mandato de la parlamentaria vence en 2013, por lo que el año próximo no está en juego su continuidad en el Congreso. Es decir, su decisión de combatir no puede considerarse una medida de presión para aparecer en la boleta de senadores o de diputados nacionales en 2011. A no ser que quiera seguir siendo parte del consejo provincial del PJ -donde actualmente ocupa un puesto por la minoría-, algo que no puede tomarse como un hecho político vital. Lo razonable -lo admiten desde las propias filas del alperovichismo- es que intenta recuperar o ganar nuevos espacios territoriales para afianzar su presencia política en el peronismo tucumano. Sería lo lógico, además de que, por ahora, es la única opositora declarada con nombre y apellido dentro del PJ, y con escudo kirchnerista. Si piensa en su futuro en el PJ, no es una mala jugada decir que quiere llegar al sillón de Lucas Córdoba, por más que parezca un sueño inalcanzable frente a la muralla china que es el oficialismo. En política aconsejan mirar al cielo para arañar una nube. En términos populares sería "pegar arriba para sacar algo abajo".
Buscando espacios
Sus pretensiones territoriales quedaron expuestas la semana pasada, cuando hizo un acto en Aguilares y levantó la mano a un precandidato a intendente: Alfredo Flores. Allí pronunció un duro discurso contra el alperovichismo: "nos dolió ver a legisladores que defendieron y militaron junto a (Antonio) Bussi como anfitriones de Néstor Kirchner en la sede del PJ, mientras los militantes se quedaron afuera". Y, como para que no queden dudas de que su ataque iba más allá, recalcó que no confundía administración eficiente con una construcción política sólida. Todo un tiro a la gestión.
Frente al aparato institucional y político y frente a los triunfos electorales del alperovichismo, la actitud de Córdoba parece quijotesca. Pero, nada tiene para perder. Si su meta es construir poder, su iniciativa es inteligente. Pero, si sólo es para negociar espacios con los que tienen el poder político real, su jugada, aunque muy política, se devalúa. Lo real y significativo por estos días es que es la única dirigente que se animó a decir yo me opongo en un peronismo hegemonizado por el alperovichismo; algo que no pueden decir otros que se opusieron antes y que ahora están en el redil oficialista. La ex intendenta de Las Talitas, por ahora, puede jactarse de haber llamado la atención, aunque más no sea en forma mínima a los oficialistas, aunque con seguridad no pueda competir con suerte contra Alperovich. Además logró que algunos de los escuderos del mandatario salieran a denostarla por sus actitudes. En este tiempo, eso no es poco, y a ella le suma, porque hoy por hoy no tiene nada que perder.
Antes cabe recordar que el mandato de la parlamentaria vence en 2013, por lo que el año próximo no está en juego su continuidad en el Congreso. Es decir, su decisión de combatir no puede considerarse una medida de presión para aparecer en la boleta de senadores o de diputados nacionales en 2011. A no ser que quiera seguir siendo parte del consejo provincial del PJ -donde actualmente ocupa un puesto por la minoría-, algo que no puede tomarse como un hecho político vital. Lo razonable -lo admiten desde las propias filas del alperovichismo- es que intenta recuperar o ganar nuevos espacios territoriales para afianzar su presencia política en el peronismo tucumano. Sería lo lógico, además de que, por ahora, es la única opositora declarada con nombre y apellido dentro del PJ, y con escudo kirchnerista. Si piensa en su futuro en el PJ, no es una mala jugada decir que quiere llegar al sillón de Lucas Córdoba, por más que parezca un sueño inalcanzable frente a la muralla china que es el oficialismo. En política aconsejan mirar al cielo para arañar una nube. En términos populares sería "pegar arriba para sacar algo abajo".
Buscando espacios
Sus pretensiones territoriales quedaron expuestas la semana pasada, cuando hizo un acto en Aguilares y levantó la mano a un precandidato a intendente: Alfredo Flores. Allí pronunció un duro discurso contra el alperovichismo: "nos dolió ver a legisladores que defendieron y militaron junto a (Antonio) Bussi como anfitriones de Néstor Kirchner en la sede del PJ, mientras los militantes se quedaron afuera". Y, como para que no queden dudas de que su ataque iba más allá, recalcó que no confundía administración eficiente con una construcción política sólida. Todo un tiro a la gestión.
Frente al aparato institucional y político y frente a los triunfos electorales del alperovichismo, la actitud de Córdoba parece quijotesca. Pero, nada tiene para perder. Si su meta es construir poder, su iniciativa es inteligente. Pero, si sólo es para negociar espacios con los que tienen el poder político real, su jugada, aunque muy política, se devalúa. Lo real y significativo por estos días es que es la única dirigente que se animó a decir yo me opongo en un peronismo hegemonizado por el alperovichismo; algo que no pueden decir otros que se opusieron antes y que ahora están en el redil oficialista. La ex intendenta de Las Talitas, por ahora, puede jactarse de haber llamado la atención, aunque más no sea en forma mínima a los oficialistas, aunque con seguridad no pueda competir con suerte contra Alperovich. Además logró que algunos de los escuderos del mandatario salieran a denostarla por sus actitudes. En este tiempo, eso no es poco, y a ella le suma, porque hoy por hoy no tiene nada que perder.







