En busca de la redención

En 1975, un muchacho protestante asesina a otro, católico, en el marco de los enfrentamientos que tuvieron lugar en Irlanda. Tres décadas después, un programa de televisión propicia el encuentro del matador con el hermano de la víctima, que presenció el hecho cuando era un niño.

21 Agosto 2010
Cinco minutos de gloria | Drama - PM13 89´

Hay una constante en este relato que habla de reencuentros y de la posibilidad de una reconciliación: la impresionante tensión dramática que construye el realizador casi en cada fotograma de su filme. La narración parte de los cruentos enfrentamientos en Irlanda, en la década del 70. Con mano firme, el director Oliver Hirschbiegel describe las sensaciones intensas y contradictorias que experimenta un joven (casi un niño), decidido a matar a otro. Las escenas del crimen que presencia el hermano de la víctima se mezclan con las que transcurren en la época actual, en los momentos previos al encuentro de los dos sobrevivientes del lamentable episodio. El filme muestra entonces cómo ha afectado aquella acción a las existencias de ambos hombres; hay también, lateralmente, una crítica severa a la impudicia con que los medios de comunicación (la televisión, en este caso) suelen manejar las historias que afectan profundamente a los seres humanos. Hirschbiegel, naturalmente, hace referencia al costado político que presenta la anécdota que pulcramente relata, pero prefiere centrarse en la existencia de estos dos seres irremisiblemente signados por el episodio que vivieron 35 años antes. Y desliza interesantes conceptos acerca del carácter irreversible de ciertas decisiones que se toman sin tener la menor idea de las consecuencias que proyectarán en el tiempo. Además, refleja con crudeza la lógica absurda que rige las acciones de un puñado de adolescentes, involucrados casi irracionalmente en un conflicto que ni siquiera alcanzan a comprender cabalmente. El director (como antes ocurrió con la personificación de Adolf Hitler que logró Bruno Ganz en "La caída") vuelve a centrar gran parte de la eficacia de su filme en la tarea de los actores. James Nesbitt logra momentos muy intensos en el papel del testigo involuntario del crimen de su hermano, aunque de a ratos parezca algo excesivo. Y Liam Neeson, con gestos mínimos y silencios cargados de intención, redondea una labor destacable con su personificación del hombre agobiado por las consecuencias del crimen que cometió en su adolescencia y que, tres décadas más tarde, busca la redención.

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