04 Mayo 2003 Seguir en 
Paola M. es una madre de familia de Tucumán, nacida y desarrollada en el seno de la clase media. Paola, esposa y madre de dos hijos, se jacta ante sus más íntimos que le pelea a la crisis con sus propias armas. Dice que cuando concurre a un gran supermercado instalado en esta provincia cambia los precios de las bandejitas de carne que decide comprar, de manera tal que paga valores bajos por cortes caros.
Pequeños actos de corrupción como este, que en apariencia no son más que una individualidad insignificante frente a los millonarios negociados que ocurren en las altas esferas públicas y privadas de la provincia y del país, son la clave fundamental para entender la enorme crisis que desde hace décadas azota sin piedad a toda la Argentina. Por lo menos así lo sostiene el economista Ricardo Arriazu en su libro "Lecciones de la crisis argentina", presentado hace pocos días en Tucumán.
En diálogo con LA GACETA, Arriazu fue categórico: "con la viveza criolla, nuestro país no tiene futuro". Considera que mientras los ciudadanos no se den cuenta de que la viveza criolla es un delito en otros países, no habrá una salida para la Argentina.
El historiador especializado en economía Roberto Cortés Conde refuerza esta idea, y carga sobre la inflación el origen de la tan mentada viveza criolla argentina, que luego derivó en la aparición de todos los males que hoy son moneda corriente en el país. Sitúa el relato en la década del 40: "yo que fui a la escuela primaria y pública en una época en que no había inflación. La pérdida de la fibra moral de los argentinos se inicia con la inflación". Según este concepto, antes de que el aumento sostenido de los precios en un período determinado se instale como una realidad de todos los días, los argentinos creían en determinadas virtudes, una de las cuales era el ahorro. "Con la aparición de la inflación, quien ahorraba pasó a ser un imbécil y el que debía dinero era el ?vivo?. Con la inflación, el que guardaba dinero se perjudicó y el que se endeudaba, ?chicaneaba? y luego no pagaba se transformó en el estereotipo del ?piola? argentino". Cortés Conde evalúa que "es difícil sostener un alto estándar moral cuando uno pierde siempre", y explica: "si siempre le va mal al que se porta bien, entonces llega un momento en que ese también se porta mal".
El especialista sostiene que, desde el punto de la moral del trabajo y de la ética, la inflación fue tremendamente perjudicial para el país. A lo largo de décadas, los procesos inflacionarios fueron degradando la moral de la gente hasta derivar en un cambio cultural profundo y arraigado que socavó el destino de las futuras generaciones.
El historiador Horacio Ortega publicó en el New York Times, el 24 de marzo de 1998, que "Argentina ha estado muchas veces al borde de la gloria, sólo para verla escaparse de entre nuestras manos. Esto ha tenido un profundo efecto en nuestra psicología nacional. Sabemos que somos capaces, pero nunca concretamos nuestro potencial. De ahí el problema de nuestra soberbia".
Arriazu asegura que la viveza criolla terminó distorsionando toda la educación básica en la Argentina. "La educación primaria en el país es enciclopedista, en lugar de fomentar valores y de tratar de inculcar la fibra moral de los pueblos", dice el economista, y se pregunta cuánto tiempo se tardará en cambiar esos factores.
Las leyes
Otro aspecto que propicia los vicios de la viveza criolla -según Arriazu- sucede cuando el encargado de hacer cumplir las leyes no las hace cumplir y además es el primero en hacerlas incumplir. "El argentino tiene la cultura de la viveza, y eso se nota en todos lados. Cuántas veces ocurrió que uno llama a una persona para que le arregle el lavarropas, le adelanta $ 100 para que compre la pieza dañada y finalmente, el técnico se queda con el lavarropas y con los $ 100. O el caso del del almacén que pesa de menos con la balanza. Todas estas costumbres existen en otras partes del mundo donde no hay alguien que haga cumplir las leyes", sentencia el economista.
El drama de los bocade
Hace algunas décadas, Borges dijo que "el argentino prefiere pasar por inmoral que por tonto". Afirmaba que eso hacía de la Argentina un país sin futuro. Esa descripción de la viveza criolla hoy parece una profecía. En Tucumán, las penurias diarias que paceden los sufridos poseedores de Bocade pueden estar originadas en la "viveza criolla" de los gobernantes locales que en los últimos emitieron estos títulos de manera irresponsable, a sabiendas de que se estaba perjudicando la economía de miles de personas, y confiando en que la Nación arreglaría ese desaguisado.
El festejo por el default
Cuando el Congreso festejó la decisión argentina de declararse en default se produjo un episodio de "viveza criolla" con efectos aún impredecibles. Esta es la típica actitud de los "genios de la patria financiera", que proliferaron a partir de la época de Martínez de Hoz. ¿Qué hacían? Tomaban dinero prestado ajeno, y si les iba bien, se enriquecían, pero si les iba mal, dejaban el "muerto" a los ahorristas e inversores y escondían parte del botín en el exterior. De aquí proviene la "cultura" financiera de quienes manejan las posiciones claves de la economía nacional.
Es oficio y estilo de vida
El periodista Raúl Urtizberea señala que que en una competencia entre un vivo y un inteligente, corrida en pista argentina, el vivo gana por varios cuerpos de ventaja. El vivo hace de su viveza un oficio y un estilo de vida. En el colegio, zafa; en el trabajo, empuja sin hacer fuerza. En el mejor de los casos -dice Urtizberea-, la viveza puede ser un subproducto o un estadio inferior de la inteligencia que ha logrado en nuestro país ocupar el lugar que antes estaba reservado sólo a la inteligencia. Un éxito rotundo al precio de una catástrofe.
Avivadas en la televisión
Un notero del programa televisivo "El Show de Videomach", del conductor Marcelo Tinelli, le pregunta al primer ministro de Noruega "¿premier, en su país se garcan de ofri?" y todos festejan en el estudio. El gobernante, que no entiende nada, maneja un país que está considerado el primero de la Tierra en índices de bienestar. El notero representa al periodismo de un país que hace cincuenta años estaba entre los diez primeros del mundo y que hoy comparte el final de la tabla con varias naciones africanas. Casos cotidianos de nuestra viveza criolla.
La pizza con champagne
Un caso emblemático de viveza criolla se vivió durante casi toda la última década en el país. Todavía está firme en la memoria de la gente las "fiestitas" oficiales y la pizza con champagne, además de la certeza de que la corrupción acabó por institucionalizarse en el país. En la reciente elección para Presidente -que aún debe dirimirse en segunda vuelta-, la mayoría de los argentinos le dio la espalda a un posible retorno al poder de esta forma de viveza criolla. Ya había un antecedente: De la Rúa ganó en 1999 porque la gente creía que él era la antítesis de la viveza criolla nacional.
Pequeños actos de corrupción como este, que en apariencia no son más que una individualidad insignificante frente a los millonarios negociados que ocurren en las altas esferas públicas y privadas de la provincia y del país, son la clave fundamental para entender la enorme crisis que desde hace décadas azota sin piedad a toda la Argentina. Por lo menos así lo sostiene el economista Ricardo Arriazu en su libro "Lecciones de la crisis argentina", presentado hace pocos días en Tucumán.
En diálogo con LA GACETA, Arriazu fue categórico: "con la viveza criolla, nuestro país no tiene futuro". Considera que mientras los ciudadanos no se den cuenta de que la viveza criolla es un delito en otros países, no habrá una salida para la Argentina.
El historiador especializado en economía Roberto Cortés Conde refuerza esta idea, y carga sobre la inflación el origen de la tan mentada viveza criolla argentina, que luego derivó en la aparición de todos los males que hoy son moneda corriente en el país. Sitúa el relato en la década del 40: "yo que fui a la escuela primaria y pública en una época en que no había inflación. La pérdida de la fibra moral de los argentinos se inicia con la inflación". Según este concepto, antes de que el aumento sostenido de los precios en un período determinado se instale como una realidad de todos los días, los argentinos creían en determinadas virtudes, una de las cuales era el ahorro. "Con la aparición de la inflación, quien ahorraba pasó a ser un imbécil y el que debía dinero era el ?vivo?. Con la inflación, el que guardaba dinero se perjudicó y el que se endeudaba, ?chicaneaba? y luego no pagaba se transformó en el estereotipo del ?piola? argentino". Cortés Conde evalúa que "es difícil sostener un alto estándar moral cuando uno pierde siempre", y explica: "si siempre le va mal al que se porta bien, entonces llega un momento en que ese también se porta mal".
El especialista sostiene que, desde el punto de la moral del trabajo y de la ética, la inflación fue tremendamente perjudicial para el país. A lo largo de décadas, los procesos inflacionarios fueron degradando la moral de la gente hasta derivar en un cambio cultural profundo y arraigado que socavó el destino de las futuras generaciones.
El historiador Horacio Ortega publicó en el New York Times, el 24 de marzo de 1998, que "Argentina ha estado muchas veces al borde de la gloria, sólo para verla escaparse de entre nuestras manos. Esto ha tenido un profundo efecto en nuestra psicología nacional. Sabemos que somos capaces, pero nunca concretamos nuestro potencial. De ahí el problema de nuestra soberbia".
Arriazu asegura que la viveza criolla terminó distorsionando toda la educación básica en la Argentina. "La educación primaria en el país es enciclopedista, en lugar de fomentar valores y de tratar de inculcar la fibra moral de los pueblos", dice el economista, y se pregunta cuánto tiempo se tardará en cambiar esos factores.
Las leyes
Otro aspecto que propicia los vicios de la viveza criolla -según Arriazu- sucede cuando el encargado de hacer cumplir las leyes no las hace cumplir y además es el primero en hacerlas incumplir. "El argentino tiene la cultura de la viveza, y eso se nota en todos lados. Cuántas veces ocurrió que uno llama a una persona para que le arregle el lavarropas, le adelanta $ 100 para que compre la pieza dañada y finalmente, el técnico se queda con el lavarropas y con los $ 100. O el caso del del almacén que pesa de menos con la balanza. Todas estas costumbres existen en otras partes del mundo donde no hay alguien que haga cumplir las leyes", sentencia el economista.
Hace algunas décadas, Borges dijo que "el argentino prefiere pasar por inmoral que por tonto". Afirmaba que eso hacía de la Argentina un país sin futuro. Esa descripción de la viveza criolla hoy parece una profecía. En Tucumán, las penurias diarias que paceden los sufridos poseedores de Bocade pueden estar originadas en la "viveza criolla" de los gobernantes locales que en los últimos emitieron estos títulos de manera irresponsable, a sabiendas de que se estaba perjudicando la economía de miles de personas, y confiando en que la Nación arreglaría ese desaguisado.
El festejo por el default
Cuando el Congreso festejó la decisión argentina de declararse en default se produjo un episodio de "viveza criolla" con efectos aún impredecibles. Esta es la típica actitud de los "genios de la patria financiera", que proliferaron a partir de la época de Martínez de Hoz. ¿Qué hacían? Tomaban dinero prestado ajeno, y si les iba bien, se enriquecían, pero si les iba mal, dejaban el "muerto" a los ahorristas e inversores y escondían parte del botín en el exterior. De aquí proviene la "cultura" financiera de quienes manejan las posiciones claves de la economía nacional.
Es oficio y estilo de vida
El periodista Raúl Urtizberea señala que que en una competencia entre un vivo y un inteligente, corrida en pista argentina, el vivo gana por varios cuerpos de ventaja. El vivo hace de su viveza un oficio y un estilo de vida. En el colegio, zafa; en el trabajo, empuja sin hacer fuerza. En el mejor de los casos -dice Urtizberea-, la viveza puede ser un subproducto o un estadio inferior de la inteligencia que ha logrado en nuestro país ocupar el lugar que antes estaba reservado sólo a la inteligencia. Un éxito rotundo al precio de una catástrofe.
Avivadas en la televisión
Un notero del programa televisivo "El Show de Videomach", del conductor Marcelo Tinelli, le pregunta al primer ministro de Noruega "¿premier, en su país se garcan de ofri?" y todos festejan en el estudio. El gobernante, que no entiende nada, maneja un país que está considerado el primero de la Tierra en índices de bienestar. El notero representa al periodismo de un país que hace cincuenta años estaba entre los diez primeros del mundo y que hoy comparte el final de la tabla con varias naciones africanas. Casos cotidianos de nuestra viveza criolla.
La pizza con champagne
Un caso emblemático de viveza criolla se vivió durante casi toda la última década en el país. Todavía está firme en la memoria de la gente las "fiestitas" oficiales y la pizza con champagne, además de la certeza de que la corrupción acabó por institucionalizarse en el país. En la reciente elección para Presidente -que aún debe dirimirse en segunda vuelta-, la mayoría de los argentinos le dio la espalda a un posible retorno al poder de esta forma de viveza criolla. Ya había un antecedente: De la Rúa ganó en 1999 porque la gente creía que él era la antítesis de la viveza criolla nacional.







