Episodios violentos en el ámbito escolar

31 Mayo 2010
La violencia se ha extendido hace tiempo en todos los ámbitos de la sociedad; ello casi no es una novedad, pero no por eso debe dejar de preocuparnos. Si bien esta siempre existió porque forma parte de la naturaleza humana, ha llegado a ámbitos como el educativo, donde los episodios de agresión eran quizás menos frecuentes.

Algunos mayores memoriosos podrían asegurar que en otras épocas, con algunas diferencias, había peleas a la salida de las escuelas, pero estas no pasaban a mayores, con el agravante de que, si los padres se enteraban de que sus hijos habían sido protagonistas de una refriega, estos recibían un castigo en el hogar. También había patotas que se dedicaban a provocar disturbios en las fiestas. En general, la reacción social pasaba por prestarles poca atención a esos hechos, a menos que hubiese víctimas.

Sin embargo, en los últimos lustros, los niveles de violencia e inseguridad se fueron incrementando en la sociedad hasta niveles alarmantes. Comenzaron a generarse peligrosos cambios de conducta. El maestro fue perdiendo la autoridad que tradicionalmente tuvo; su palabra era respetada tanto por los alumnos como por los padres. Ahora suelen ser víctimas de agresiones tanto de unos como de otros.

En estos días, una educadora que se desempeña como preceptora en el nivel medio de la Escuela "Independencia" del barrio Alvear, de Concepción, sufrió una salvaje agresión de manos de la madre de una alumna. Fue atacada cuando un grupo de estudiantes de ese establecimiento concluía su participación en el desfile cívico que se efectuó en esa ciudad por la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Según los testimonios, la presunta agresora se habría disgustado porque su hija no había sido elegida abanderada para el desfile. La docente sufrió un trauma cerebral y shock nervioso, según los médicos.

En San Miguel de Tucumán, en un establecimiento de Villa 9 de Julio, también se registraron episodios violentos. El comisario de la zona explicó que el establecimiento está en uno de los lugares más peligrosos de la ciudad, conocido como El Matadero. Le dijo a nuestro diario que el martes pasado había ingresado una pandilla a la escuela y no se pudo dictar clases.

Por su parte, enterada de este hecho, la titular del Servicio de Asistencia Social Educativa (SASE) que depende del Ministerio de Educación, envió inmediatamente a una asistente social a la escuela. Esta comprobó que las denuncias sobre violencia existen en ambos turnos y se comenzó a trabajar con los directivos de la institución. La funcionaria lamentó que los directivos no hubiesen informado sobre el problema a las autoridades educativas. "No hay nada más lamentable que el silencio o el querer hacer invisibles las situaciones de conflicto. Estos hechos de violencia nos están expresando el quiebre de los lazos sociales y de comunicación, y cuesta mucho revertirlos, porque es un proceso que lleva a la exclusión", declaró.

Al día siguiente, en forma sorpresiva, los padres y los docentes negaron que se hubiesen suspendido las clases el martes y sostuvieron que los jóvenes que ingresan a la escuela y causan problemas no pertenecen al establecimiento. Ello contradice, por cierto, las opiniones del comisario y de la funcionaria educativa.

Como bien señala la directiva del SASE, el problema debe salir a la luz para poder encontrarle una solución que debe surgir del debate de toda la comunidad educativa. Si los padres consideran que la escuela es la segunda casa de sus hijos, deberían trabajar conjuntamente con los docentes, los alumnos y las autoridades para erradicar los hechos de violencia. El ocultamiento sólo contribuye a profundizarlos.

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