En Villa 9 de Julio, ir a la escuela puede volverse un acto temerario
Afirman que un grupo de alumnos concurre armado al establecimiento y amenaza al personal. La directora del Servicio de Asistencia Social Educativa cuestionó a aquellos directivos que no denuncian casos de violencia. No hay denuncias formales en esa zona roja
28 Mayo 2010 Seguir en 
En Villa 9 de Julio, la violencia se coló en las aulas y en los patios de las escuelas. En la calle Blas Parera al 400, donde funciona una secundaria que lleva el nombre del prócer, las agresiones entre alumnos y contra docentes se convirtieron en parte de la vida escolar. Vecinos de la comunidad de la popular villa, dijeron que el martes pasado una docente y un alumno fueron heridos con arma blanca; y que la directora no hizo la denuncia.
En una carta enviada a LA GACETA, Pedro Héctor Aráoz, dio cuenta de los innumerables casos de violencia "sin que nadie haga algo"; el lector agregó que los docentes "corren peligro" si hablan de ello.
Aráoz expresó que docentes de esa escuela le dijeron que hay un grupo de alumnos que está identificado, y que "concurren a clases con cuchillos de cocina, puntas y cortaplumas, de los que se valen para establecer su primacía y con los cuales han llegado a amenazar con la clásica seña de degüello al personal docente".
"Ir a la escuela a trabajar se ha convertido en un verdadero acto temerario, con la gravedad de que las autoridades de la escuela ni siquiera han informado de esta situación a las autoridades educativas, ni han llamado al orden a los alumnos agresores", afirmó una docente que pidió reserva de identidad.
Suspendieron las clases
Fuentes escolares dijeron a LA GACETA que se formularon denuncias por agresiones en la Comisaría 10º, Sin embargo, el comisario Luis Vaca, aseguró que nunca hubo una denuncia formal de parte de la escuela. Sí reconoció que el establecimiento está en uno de los lugares más peligrosos de la capital tucumana, en el corazón de Villa 9 de Julio, conocido como El Matadero. "El martes pasado ingresó una pandilla a la escuela y no se pudo dictar clases; lamentablemente esto se da a diario entre las cinco escuelas que atendemos en la zona", dijo Vaca. Indicó que no tenía conocimiento de que hubo heridos.
"El problema es que ni la policía ni nadie de la comunidad se atreve contra estos grupos violentos, porque son hijos o parientes de punteros políticos de la zona", aseveró una vecina de la escuela.
La titular del Servicio de Asistencia Social Educativa (SASE) del Ministerio de Educación, Susana Tahuil, quien tomó conocimiento de este caso por LA GACETA, envió inmediatamente una asistente social a la escuela; la profesional comprobó que las denuncias sobre violencia existen en ambos turnos; y que se empezó a trabajar con los directivos de la institución. La funcionaria lamentó que los directivos no hayan informado en tiempo y en forma, a las autoridades educativas. "No hay nada más lamentable que el silencio o el querer invisibilizar las situaciones de conflicto", indicó.
"Estos hechos de violencia nos están expresando el quiebre de los lazos sociales y de comunicación, y cuesta mucho revertirlos, porque es un proceso que lleva a la exclusión", sostuvo la profesional.
Tahuil dijo que al SASE no llegó ningún pedido de intervención de parte de la escuela. "Es un abordaje integral y requiere el compromiso de todas las partes, si no se hace visible el conflicto no se puede actuar para prevenir ni para evitar que se profundicen", indicó.
Si bien no dio cifras sobre casos de violencia en las escuelas, reconoció que la mayoría son agresiones entre sus pares; aunque intervienen también los adultos. "No se puede estigmatizar a la escuela por el lugar donde está emplazada ni por la población que asiste, los niños, educandos, son sujetos de derecho", concluyó Tahuil.
En una carta enviada a LA GACETA, Pedro Héctor Aráoz, dio cuenta de los innumerables casos de violencia "sin que nadie haga algo"; el lector agregó que los docentes "corren peligro" si hablan de ello.
Aráoz expresó que docentes de esa escuela le dijeron que hay un grupo de alumnos que está identificado, y que "concurren a clases con cuchillos de cocina, puntas y cortaplumas, de los que se valen para establecer su primacía y con los cuales han llegado a amenazar con la clásica seña de degüello al personal docente".
"Ir a la escuela a trabajar se ha convertido en un verdadero acto temerario, con la gravedad de que las autoridades de la escuela ni siquiera han informado de esta situación a las autoridades educativas, ni han llamado al orden a los alumnos agresores", afirmó una docente que pidió reserva de identidad.
Suspendieron las clases
Fuentes escolares dijeron a LA GACETA que se formularon denuncias por agresiones en la Comisaría 10º, Sin embargo, el comisario Luis Vaca, aseguró que nunca hubo una denuncia formal de parte de la escuela. Sí reconoció que el establecimiento está en uno de los lugares más peligrosos de la capital tucumana, en el corazón de Villa 9 de Julio, conocido como El Matadero. "El martes pasado ingresó una pandilla a la escuela y no se pudo dictar clases; lamentablemente esto se da a diario entre las cinco escuelas que atendemos en la zona", dijo Vaca. Indicó que no tenía conocimiento de que hubo heridos.
"El problema es que ni la policía ni nadie de la comunidad se atreve contra estos grupos violentos, porque son hijos o parientes de punteros políticos de la zona", aseveró una vecina de la escuela.
La titular del Servicio de Asistencia Social Educativa (SASE) del Ministerio de Educación, Susana Tahuil, quien tomó conocimiento de este caso por LA GACETA, envió inmediatamente una asistente social a la escuela; la profesional comprobó que las denuncias sobre violencia existen en ambos turnos; y que se empezó a trabajar con los directivos de la institución. La funcionaria lamentó que los directivos no hayan informado en tiempo y en forma, a las autoridades educativas. "No hay nada más lamentable que el silencio o el querer invisibilizar las situaciones de conflicto", indicó.
"Estos hechos de violencia nos están expresando el quiebre de los lazos sociales y de comunicación, y cuesta mucho revertirlos, porque es un proceso que lleva a la exclusión", sostuvo la profesional.
Tahuil dijo que al SASE no llegó ningún pedido de intervención de parte de la escuela. "Es un abordaje integral y requiere el compromiso de todas las partes, si no se hace visible el conflicto no se puede actuar para prevenir ni para evitar que se profundicen", indicó.
Si bien no dio cifras sobre casos de violencia en las escuelas, reconoció que la mayoría son agresiones entre sus pares; aunque intervienen también los adultos. "No se puede estigmatizar a la escuela por el lugar donde está emplazada ni por la población que asiste, los niños, educandos, son sujetos de derecho", concluyó Tahuil.
NOTICIAS RELACIONADAS







