Mientras los productores de limón miran con atención todas las noticias que provienen de la convulsionada Europa, el principal destino de la fruta tucumana, los azucareros se preocupan más por la posibilidad de que se registren heladas que echen por tierra las previsiones productivas para este año y porque se mantengan estables los mercados (interno y externo).
Hasta el momento, los pronósticos de heladas tempranas parecen haber quedado atrás, gracias a que los fríos intensos de la última semana no fueron inferiores al cero grado centígrado. Sin embargo, los especialistas no descartan que el fenómeno climático ocurra, probablemente durante la primera quincena de junio o la segunda de agosto.
Los temores de los azucareros por los azotes climáticos no son infundados. Si bien el año pasado no hubo interrupciones de la zafra como consecuencia de las lluvias, las temperaturas por debajo del punto de congelación produjeron serios daños a buena parte del cañaveral, tanto que la actividad se perdió de producir nada menos que 200.000 toneladas de azúcar en la provincia. Con los precios tonificados que hoy exhibe el producto en el mercado mayorista, queda claro que el sector dejó de ganar mucho dinero a causa del frío extremo.
Para la presente temporada, la estimación de la Estación Experimental volvió a estimar una producción de azúcar que sería récord en caso de que el diablo no meta la cola con el factor climático. Si la campaña es perfecta y con rendimientos del 10,7%, el cañaveral de 14 millones de toneladas de materia prima podría transformarse en 1,505 millón de toneladas de azúcar. En un escenario con heladas severas, el volumen caería a 1,342 millón de toneladas, similar al azúcar que los 15 ingenios tucumanos elaboraron en 2009 (1,367 millón de toneladas). O sea, en la peor situación que visualiza la Experimental, la producción sería al menos similar a la del año pasado.
Lo que aún queda por definir es la forma en que se compensará a los cañeros por ser parte del programa nacional de biocombustibles. Por lo pronto, los dueños de los ingenios definieron que se exportará un 23% del azúcar que se produzca en esta zafra, 12 puntos porcentuales menos que el valor exportado en la campaña anterior (el porcentaje de este año podría modificarse, porque fue planteado con anterioridad a que la Experimental diera a conocer su pronóstico de producción; en cualquier caso, la variación no será significativa). Lo que proyecta el sector es cambiar exportaciones riesgosas -y a menudo a pérdidas- por alcohol para mezclar con las naftas, que tiene un precio rentable de $ 2,7 por litro, de acuerdo con la última actualización de la Secretaría de Energía de la Nación. El debate con los cañeros es por el manejo del físico: los industriales pretenden que sus noveles compañías energéticas (creadas para operar con los biocombustibles) sean las encargadas de aprovisionar de etanol a las petroleras, y también de cobrar por esa venta, para luego distribuir esos recursos con los cañeros que participaron del negocio. Los productores, en cambio, quieren que los industriales les extiendan certificados de propiedad del alcohol para ser ellos mismos quienes negocien con las petroleras. Pero, por ahora, ninguna de las posturas logra la aceptación de la contraparte, por razones diversas. Lo grave del tema es que no hay ningún tipo de avance concreto en esta discusión entre partes. Lo cierto y lo real es que siempre faltará caña para alcohol, porque la demanda irá creciendo, de manera que es posible que los propietarios de la materia prima tengan a partir de ahora una mejor posición para negociar.
Con la zafra a punto de generalizarse en el país y mientras se demoran las definiciones relevantes, la principal preocupación de la actividad azucarera necesariamente pasa a ser el estado madurativo del cañaveral y la importancia de llevar a cabo una molienda rápida y eficiente, con oraciones especiales para que el frío de este año no sea demasiado nocivo.
Hasta el momento, los pronósticos de heladas tempranas parecen haber quedado atrás, gracias a que los fríos intensos de la última semana no fueron inferiores al cero grado centígrado. Sin embargo, los especialistas no descartan que el fenómeno climático ocurra, probablemente durante la primera quincena de junio o la segunda de agosto.
Los temores de los azucareros por los azotes climáticos no son infundados. Si bien el año pasado no hubo interrupciones de la zafra como consecuencia de las lluvias, las temperaturas por debajo del punto de congelación produjeron serios daños a buena parte del cañaveral, tanto que la actividad se perdió de producir nada menos que 200.000 toneladas de azúcar en la provincia. Con los precios tonificados que hoy exhibe el producto en el mercado mayorista, queda claro que el sector dejó de ganar mucho dinero a causa del frío extremo.
Para la presente temporada, la estimación de la Estación Experimental volvió a estimar una producción de azúcar que sería récord en caso de que el diablo no meta la cola con el factor climático. Si la campaña es perfecta y con rendimientos del 10,7%, el cañaveral de 14 millones de toneladas de materia prima podría transformarse en 1,505 millón de toneladas de azúcar. En un escenario con heladas severas, el volumen caería a 1,342 millón de toneladas, similar al azúcar que los 15 ingenios tucumanos elaboraron en 2009 (1,367 millón de toneladas). O sea, en la peor situación que visualiza la Experimental, la producción sería al menos similar a la del año pasado.
Lo que aún queda por definir es la forma en que se compensará a los cañeros por ser parte del programa nacional de biocombustibles. Por lo pronto, los dueños de los ingenios definieron que se exportará un 23% del azúcar que se produzca en esta zafra, 12 puntos porcentuales menos que el valor exportado en la campaña anterior (el porcentaje de este año podría modificarse, porque fue planteado con anterioridad a que la Experimental diera a conocer su pronóstico de producción; en cualquier caso, la variación no será significativa). Lo que proyecta el sector es cambiar exportaciones riesgosas -y a menudo a pérdidas- por alcohol para mezclar con las naftas, que tiene un precio rentable de $ 2,7 por litro, de acuerdo con la última actualización de la Secretaría de Energía de la Nación. El debate con los cañeros es por el manejo del físico: los industriales pretenden que sus noveles compañías energéticas (creadas para operar con los biocombustibles) sean las encargadas de aprovisionar de etanol a las petroleras, y también de cobrar por esa venta, para luego distribuir esos recursos con los cañeros que participaron del negocio. Los productores, en cambio, quieren que los industriales les extiendan certificados de propiedad del alcohol para ser ellos mismos quienes negocien con las petroleras. Pero, por ahora, ninguna de las posturas logra la aceptación de la contraparte, por razones diversas. Lo grave del tema es que no hay ningún tipo de avance concreto en esta discusión entre partes. Lo cierto y lo real es que siempre faltará caña para alcohol, porque la demanda irá creciendo, de manera que es posible que los propietarios de la materia prima tengan a partir de ahora una mejor posición para negociar.
Con la zafra a punto de generalizarse en el país y mientras se demoran las definiciones relevantes, la principal preocupación de la actividad azucarera necesariamente pasa a ser el estado madurativo del cañaveral y la importancia de llevar a cabo una molienda rápida y eficiente, con oraciones especiales para que el frío de este año no sea demasiado nocivo.







