Poliladron con acento neoyorquino

LOS MEJORES DE BROOKLYN | Policial, acción - PM16 132´Tres historias que se desarrollan en zonas marginales del barrio neoyorquino de Brooklyn muestran sin eufemismos el ambiente sórdido en el que se mueven los narcotraficantes y los integrantes de las fuerzas policiales, alcanzadas por preocupantes niveles de corrupción.

22 Mayo 2010
Es muy difícil sustraerse a la tentación de trazar paralelos entre esta realización del director Antoine Fuqua y aquel muy buen filme suyo que fue "Día de entrenamiento". Además de la presencia de Ethan Hawke, ambos comparten la preocupación por poner en evidencia los niveles de corrupción entre las fuerzas policiales cuya tarea es la de combatir el narcotráfico en las zonas más conflictivas de la ciudad (ahora, en Brooklyn y antes, en Los Angeles). Los dos filmes están estructurados de manera similar y si "Los mejores..." parece menos contundente que su antecesor, en gran medida se debe a la decisión del director y de los guionistas de contar en esta oportunidad tres historias paralelas que encuentran conexión en el desenlace, en lugar de la única y potente anécdota que protagonizaron Hawke y el gran Denzel Washington en el filme de 2001.

La conversación entre los personajes de Vincent D´Onofrio y Ethan Hawke con la que se abre el filme es una especie de síntesis de lo que se va a ver durante las más de dos horas que ocupa la proyección; la disquisición sobre la relatividad de lo que es legal y lo que no (y el abrupto final de la charla) esbozan una suerte de tesis que el filme tratará de probar. Y el mismo hecho de no saber si los que hablan son dos policías, o dos delincuentes, o uno de cada uno, es también toda una definición sobre lo que Fuqua piensa sobre el tema. El relato, partido en tres como suele ocurrir en los filmes corales, exige atención por parte del espectador, pero está resuelto sin problemas de narración. Quizá la historia centrada sobre el personaje de Richard Gere (el policía honesto y devaluado en la consideración de colegas y superiores, enamorado de una prostituta cálida y comprensiva) sea la más previsible.

La película se vale de estas tres anécdotas y de una algo forzada convergencia final para demostrar que delincuentes y policías están separados apenas por una delgada línea (cuando esta existe). No es demasiado novedoso, pero aunque se toma demasiado tiempo para trazarlo, el planteo resulta interesante y se apoya en una correcta realización técnica.

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