Carcajadas en escena

EL SALUDO FINAL. El elenco completo de la obra Juancito de la ribera, en uno de sus ensayos.
EL SALUDO FINAL. El elenco completo de la obra "Juancito de la ribera", en uno de sus ensayos.
21 Mayo 2010
Uno de los fantasmas que enfrentan los actores es el de un repentino fallo en la memoria que le impida momentáneamente recordar sus parlamentos o sus acciones en escena. Lo que se produce en esos aciagos momentos es lo que en la jerga teatral se llama "bache" (un aparentemente eterno silencio hasta que alguien reacciona e intenta salir de la situación con cualquier recurso). Personalmente, recuerdo haber sufrido pesadillas en fechas cercanas a algún estreno, en las que soñaba con situaciones fatídicas desencadenadas por algún olvido de mis parlamentos y que alcanzaban dimensiones trágicas, con el condimento de la poco convencional lógica que suelen seguir los argumentos oníricos.

Pero hay otro momento igualmente temido por algunos actores y del que ninguno puede sentirse a salvo: el acceso incontrolable de risa en medio de una situación escénica en la que tal expansión resulta inaceptable. La "tentación" puede asaltar al más serio de los colegas, sin aviso, y someterlo al más bochornoso de los papelones, con el agravante de que, generalmente, los intentos por reprimir la risa no hacen otra cosa que desencadenar nuevas carcajadas y prolongar la situación hasta extremos catastróficos. Hay muchos actores conocidos por su condición de "tentados", y otros que se jactan de no pertenecer a ese grupo porque creen ejercer un absoluto control sobre sus emociones.

En 1993 hicimos en el teatro Estable "Juancito de la ribera", un sainete de Alberto Vaccarezza; la puesta en escena, delirante y poco convencional, era del rosarino Rodolfo Pacheco. En uno de los cuadros, mi personaje debía seducir a través de una ventana al que interpretaba Gloria Berbuc; en proscenio, Raúl Schuttemberger, disfrazado de musa inspiradora, hacía desopilantes comentarios a la platea. En una de las funciones, Gloria y yo nos "tentamos" a causa de una de las intervenciones de Raúl, y cuando ya creíamos haber dominado el momento, mi compañera se "llevó puesta" la ventana a la que se asomaba para atender a mis requiebros, lo que de ninguna manera estaba contemplado en la puesta. Junto con la exclamación de exagerada sorpresa de Raúl brotó la incontenible (y prolongada) carcajada de los tres. Allí nos quedamos, incapaces de ahogar la risa, hasta que el público, misericordiosamente, salvó el momento con un aplauso que nos tranquilizó y sirvió para recomponernos.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios