17 Mayo 2010 Seguir en 
La previa se prolongó durante casi una hora. La fiesta había empezado a la mañana, cuando los fieles seguidores de Callejeros empezaron a acampar en los alrededores del club Central Córdoba, envueltos en sus trapos.
Fueron 5.000 las voces que se unieron en un solo grito cuando se apagaron las luces. Y de inmediato enmudecieron: el saxofonista Juan Carbone abrazó el bandoneón y Patricio "Pato" Santos Fontanet cantó "Tan perfecto que asusta".
Durante las dos horas y 12 minutos de show no hubo referencias a todo lo que vivieron la banda y su público después de la noche del 30 de diciembre de 2004, más allá de lo que puede escudriñarse entre las letras. Tal vez sí en la escenografía: una enorme pintura rocambolesca formada por cuatro camarógrafos y reporteros gráficos. Una de las lentes retrataba una boca cocida, silenciada.
El fervor, con las banderas flameando sin cesar y muchos chicos y chicas subidas a los hombros pusieron ese toque que distingue a la movida del rock barrial. Las comparaciones con los rituales del fútbol son inevitables, sólo que en Central Córdoba fueron todos locales y no hubo agresiones en los cantos. Tampoco en el contacto físico ni la fricción, que fueron permanentes, como parte de esa manifestación de hermandad sin fronteras ni distancias.
A Tucumán llegaron 1.700 fans de lugares tan distantes como Paraguay, Uruguay, Mendoza y la provincia de Buenos Aires. Pero no se percibieron diferencias con los tucumanos, más allá de las inscripciones en los trapos. La mimetización estética fue total, como las ganas de saltar y bailar. Si hasta el vendedor de pochoclo se calzó el gorro de lana de llama y se puso la chaqueta con la lengua de los Stones estampada en la espalda. Y no dejó de agitar mientras vendía.
La avenida Alem al 600 fue durante la tarde una tienda de remeras y accesorios con el nombre de la banda y la fecha del recital. A su alrededor, como en las esquinas de cuatro cuadras a la redonda del club, grupos de chicos aguardaron el inicio del show con paciencia, compartiendo tragos para calentar el cuerpo y el espíritu.
La larga lista de temas -muchos convertidos en clásicos- continuó sin pausa. En el medio, Callejeros mechó tres estrenos: "Acordate", "Suerte" y otro cuyo nombre no anunciaron. La fórmula efervescente de rock and roll que la banda de Villa Celina encontró a mediados de los 90 sigue intacta y genera la misma efusividad de entonces.
Otra novedad fue el debut en vivo de Luis Lamas (Ojos Rojos), el baterista que reemplaza a Eduardo Vázquez, y de Alvaro "Pedi" Puentes (Jóvenes Pordioseros), que se colgó la guitarra en lugar de Elio Delgado. En su puesto sigue Crispin, un ex plomo de la banda que toca la guitarra desde que Maximiliano Djerfy pateó el tablero durante el juicio post Cromagnon. Crispin se hizo cargo del puesto en enero, en Mar del Plata, donde Callejeros ofreció el primer recital posterior a la absolución judicial.
La línea arrabalera que marca la voz canyengue del "Pato" se acentuó una vez más cuando Carone tomó el bandoneón y la banda tocó "Fantasía y realidad".
Cuando el recital promediaba una hora y 20 minutos "Pato" empezó a despedirse, pero nadie le creyó. Varias veces saludó, agradeció el aguante, reivindicó a los viajeros y siguió cantando.
"Cristal", "9 de Julio" y otras se sumaron a la lista de los temas más coreados, que ya integraban "Una nueva noche fría" o "Prohibido". Ahí llegó el anunció de que el próximo encuentro será después del Mundial, en el Orfeo cordobés.
El recital terminó con "Imposible", y 20 minutos después muchos seguían frente al escenario sacudiendo sus trapos y cantando, resistiéndose a salir del club y enfrentar una nueva noche fría en soledad.
Fueron 5.000 las voces que se unieron en un solo grito cuando se apagaron las luces. Y de inmediato enmudecieron: el saxofonista Juan Carbone abrazó el bandoneón y Patricio "Pato" Santos Fontanet cantó "Tan perfecto que asusta".
Durante las dos horas y 12 minutos de show no hubo referencias a todo lo que vivieron la banda y su público después de la noche del 30 de diciembre de 2004, más allá de lo que puede escudriñarse entre las letras. Tal vez sí en la escenografía: una enorme pintura rocambolesca formada por cuatro camarógrafos y reporteros gráficos. Una de las lentes retrataba una boca cocida, silenciada.
El fervor, con las banderas flameando sin cesar y muchos chicos y chicas subidas a los hombros pusieron ese toque que distingue a la movida del rock barrial. Las comparaciones con los rituales del fútbol son inevitables, sólo que en Central Córdoba fueron todos locales y no hubo agresiones en los cantos. Tampoco en el contacto físico ni la fricción, que fueron permanentes, como parte de esa manifestación de hermandad sin fronteras ni distancias.
A Tucumán llegaron 1.700 fans de lugares tan distantes como Paraguay, Uruguay, Mendoza y la provincia de Buenos Aires. Pero no se percibieron diferencias con los tucumanos, más allá de las inscripciones en los trapos. La mimetización estética fue total, como las ganas de saltar y bailar. Si hasta el vendedor de pochoclo se calzó el gorro de lana de llama y se puso la chaqueta con la lengua de los Stones estampada en la espalda. Y no dejó de agitar mientras vendía.
La avenida Alem al 600 fue durante la tarde una tienda de remeras y accesorios con el nombre de la banda y la fecha del recital. A su alrededor, como en las esquinas de cuatro cuadras a la redonda del club, grupos de chicos aguardaron el inicio del show con paciencia, compartiendo tragos para calentar el cuerpo y el espíritu.
La larga lista de temas -muchos convertidos en clásicos- continuó sin pausa. En el medio, Callejeros mechó tres estrenos: "Acordate", "Suerte" y otro cuyo nombre no anunciaron. La fórmula efervescente de rock and roll que la banda de Villa Celina encontró a mediados de los 90 sigue intacta y genera la misma efusividad de entonces.
Otra novedad fue el debut en vivo de Luis Lamas (Ojos Rojos), el baterista que reemplaza a Eduardo Vázquez, y de Alvaro "Pedi" Puentes (Jóvenes Pordioseros), que se colgó la guitarra en lugar de Elio Delgado. En su puesto sigue Crispin, un ex plomo de la banda que toca la guitarra desde que Maximiliano Djerfy pateó el tablero durante el juicio post Cromagnon. Crispin se hizo cargo del puesto en enero, en Mar del Plata, donde Callejeros ofreció el primer recital posterior a la absolución judicial.
La línea arrabalera que marca la voz canyengue del "Pato" se acentuó una vez más cuando Carone tomó el bandoneón y la banda tocó "Fantasía y realidad".
Cuando el recital promediaba una hora y 20 minutos "Pato" empezó a despedirse, pero nadie le creyó. Varias veces saludó, agradeció el aguante, reivindicó a los viajeros y siguió cantando.
"Cristal", "9 de Julio" y otras se sumaron a la lista de los temas más coreados, que ya integraban "Una nueva noche fría" o "Prohibido". Ahí llegó el anunció de que el próximo encuentro será después del Mundial, en el Orfeo cordobés.
El recital terminó con "Imposible", y 20 minutos después muchos seguían frente al escenario sacudiendo sus trapos y cantando, resistiéndose a salir del club y enfrentar una nueva noche fría en soledad.
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