17 Mayo 2010 Seguir en 
Todos viven de él, pero a menudo lo maltratan. Se supone que las compañías de servicios, los taxis, los bancos, las obras sociales deben prestar un servicio y por lo tanto, darle un trato privilegiado al usuario; sin embargo, ello no suele suceder. Eso ocurre, por ejemplo, con las farmacias, cuya actividad, aun cuando sea un comercio, se debe a la comunidad.
En nuestra edición de ayer dedicamos un amplio espacio a la dificultad de los ciudadanos para conseguir un medicamento durante la madrugada. Se trata, por cierto, de un problema que ya viene desde hace tiempo y lejos de solucionarse, se agrava. Los más perjudicados a la hora de conseguir una farmacia de turno, son aquellos que viven en barrios periféricos o en ciudades del interior. Por ejemplo, en el departamento Cruz Alta, hay un solo negocio de guardia para cubrir las necesidades de 81.400 pobladores.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la farmacia debe ser una unidad de salud para brindar servicios farmacéuticos de calidad a la sociedad. Las normas internacionales señalan que es conveniente que haya de turno una cada 10.000 habitantes. No obstante, ellos no se cumple en nuestra provincia que cuenta con alrededor de 600 comercios de estas características. San Miguel de Tucumán tiene una de guardia cada 21.500 personas; Yerba Buena, una cada 32.000 habitantes, en Tafí Viejo, una cada 22.000 pobladores y en Concepción, dos para atender a 70.000 habitantes.
Según los farmacéuticos y el Colegio que los nuclea, los responsables de esta situación serían los negocios que atienden las 24 horas. Hasta no hace mucho tiempo, estos negocios debían efectuar un turno nocturno cada ocho días. Después de muchas quejas, la frecuencia se extendió a 15 días. Los comerciantes argumentaron que eran blanco de delincuentes y en que sus ventas nocturnas se habían visto disminuidas por el expendio ilegal de remedios en quioscos y drugstores.
En opinión del titular del Colegio de Farmacéuticos, la cuestión de fondo pasa porque ninguno quiere hacer guardia desde que surgieron las farmacias de 24 horas que captan una buena parte de los clientes. Dijo que la mayoría se localiza en el centro, dos en la zona oeste de la ciudad y uno en Concepción. "Por estos pocos comercios, la población perdió 100 farmacias, que se eximieron de hacer turnos debido a que se encontraban a 10 cuadras de distancia de las que nunca cierran las puertas", señaló el profesional.
El titular del Departamento de Fiscalización de Farmacias y Tecnología Médica del Siprosa defendió la existencia de los megacomercios de remedios porque están en lugares iluminados, vigilados y generalmente concurridos. Aseguró también que el turno de las farmacias, en general, se cumple sin problemas en toda la provincia, aunque admitió que hay sectores que cuentan con menos negocios que otros.
En esta cuestión, ninguna de las partes -ni vendedores ni controladores- habla sobre el perjuicio que con este comportamiento se le ocasiona usuario. Este se queja en soledad porque a menudo debe hacer un recorrido varias cuadras y cuando encuentra alguno de estos comercios abiertos, puede ocurrir que no tengan el medicamento que necesita.
El ciudadano sufre a menudo el maltrato de hacer colas -a veces a la intemperie- en entidades crediticias, en la administración pública, subirse a taxis desvencijados o a ómnibus en mal estado, peregrinar en la madrugada para conseguir un remedio como si él le estuviese haciendo un favor a los demás. En todo caso, los farmacéuticos deberían decidir si brindarán un servicio de calidad a la comunidad, como señala la OMS, o serán simples comerciantes.
En nuestra edición de ayer dedicamos un amplio espacio a la dificultad de los ciudadanos para conseguir un medicamento durante la madrugada. Se trata, por cierto, de un problema que ya viene desde hace tiempo y lejos de solucionarse, se agrava. Los más perjudicados a la hora de conseguir una farmacia de turno, son aquellos que viven en barrios periféricos o en ciudades del interior. Por ejemplo, en el departamento Cruz Alta, hay un solo negocio de guardia para cubrir las necesidades de 81.400 pobladores.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la farmacia debe ser una unidad de salud para brindar servicios farmacéuticos de calidad a la sociedad. Las normas internacionales señalan que es conveniente que haya de turno una cada 10.000 habitantes. No obstante, ellos no se cumple en nuestra provincia que cuenta con alrededor de 600 comercios de estas características. San Miguel de Tucumán tiene una de guardia cada 21.500 personas; Yerba Buena, una cada 32.000 habitantes, en Tafí Viejo, una cada 22.000 pobladores y en Concepción, dos para atender a 70.000 habitantes.
Según los farmacéuticos y el Colegio que los nuclea, los responsables de esta situación serían los negocios que atienden las 24 horas. Hasta no hace mucho tiempo, estos negocios debían efectuar un turno nocturno cada ocho días. Después de muchas quejas, la frecuencia se extendió a 15 días. Los comerciantes argumentaron que eran blanco de delincuentes y en que sus ventas nocturnas se habían visto disminuidas por el expendio ilegal de remedios en quioscos y drugstores.
En opinión del titular del Colegio de Farmacéuticos, la cuestión de fondo pasa porque ninguno quiere hacer guardia desde que surgieron las farmacias de 24 horas que captan una buena parte de los clientes. Dijo que la mayoría se localiza en el centro, dos en la zona oeste de la ciudad y uno en Concepción. "Por estos pocos comercios, la población perdió 100 farmacias, que se eximieron de hacer turnos debido a que se encontraban a 10 cuadras de distancia de las que nunca cierran las puertas", señaló el profesional.
El titular del Departamento de Fiscalización de Farmacias y Tecnología Médica del Siprosa defendió la existencia de los megacomercios de remedios porque están en lugares iluminados, vigilados y generalmente concurridos. Aseguró también que el turno de las farmacias, en general, se cumple sin problemas en toda la provincia, aunque admitió que hay sectores que cuentan con menos negocios que otros.
En esta cuestión, ninguna de las partes -ni vendedores ni controladores- habla sobre el perjuicio que con este comportamiento se le ocasiona usuario. Este se queja en soledad porque a menudo debe hacer un recorrido varias cuadras y cuando encuentra alguno de estos comercios abiertos, puede ocurrir que no tengan el medicamento que necesita.
El ciudadano sufre a menudo el maltrato de hacer colas -a veces a la intemperie- en entidades crediticias, en la administración pública, subirse a taxis desvencijados o a ómnibus en mal estado, peregrinar en la madrugada para conseguir un remedio como si él le estuviese haciendo un favor a los demás. En todo caso, los farmacéuticos deberían decidir si brindarán un servicio de calidad a la comunidad, como señala la OMS, o serán simples comerciantes.







