15 Mayo 2010 Seguir en 
Se considera, en general, al individuo que posee facultades intelectuales mucho más desarrolladas de lo que corresponde a su edad que es un niño prodigio o superdotado. En todas las épocas hubo chicos -no muchos, por cierto- con estas características. En la década de 1990 se profundizó la superficialidad -valga la paradoja- en la sociedad, cuyos valores éticos y morales venían en crisis desde hace tiempo.
Se promovió el individualismo a ultranza, el tan mentado "sálvese quien pueda"; se ahondó el famoso "yo, argentino", surgido a mediados de los 70, para explicar la falta de compromiso con la sociedad y la obtención de dinero y de la fama -si se consigue fácilmente, mejor- pasó a tener un gran protagonismo en una sociedad cada vez más materialista.
En ese contexto, muchos jóvenes se desviven por participar en programas tipo reality show que consisten en mostrar las miserias cotidianas durante 24 horas en la pantalla chica, promover la competencia entre ellos y convertir a los espectadores en mirones estimulados por la morbosidad. Siempre hubo antes programas del saber, pero comenzaron a salir en los últimos años otros de talentos, en los que los jóvenes elegidos, si bien competían cantando en los diferentes géneros populares, eran preparados por profesores de canto y aunque perdieran, alguna enseñanza les quedaba.
Hubo otros que estaban dedicados a la participación de niños a los cuales el conductor los sometía a interrogatorios como si fueran adultos, y los hacía contestar sobre noviazgos, sexo, etcétera. Surgieron otros de talento en los que se permitía la participación de chicos; estos competían con adultos por la obtención de unas gotas de fama y de un generoso premio.
El jueves hubo justamente un casting para un programa televisivo y asistieron numerosas madres con sus hijos. En la espera, ellas parecían más entusiasmadas que sus vástagos que practicaban en la vereda. Uno de los postulantes tenía apenas dos años y zapateaba imitando a sus padres. El padre de una de las candidatas dijo que quería que sus hijas tuviesen un buen futuro y le gustaría que el día de mañana pudieran desarrollar su vocación sin impedimentos de ninguna clase. También chicos discapacitados fueron presentados a la selección.
Seguramente, los padres no piensan en lo traumático que puede resultar para sus vástagos en una competencia muy exigente, si llegan a fracasar. La cuota de exhibición es muy alta y las expectativas se potencian, de modo que la frustración puede ser seria si no se pasa a la ronda siguiente.
Coincidimos con una psicóloga social consultada por nuestro diario que dijo que el deseo de los chicos por participar en este tipo de programas de talentos es el deseo de los padres, que quieren realizarse a través de sus hijos. "Muchos de estos niños son tan pequeños que resulta impensable que de ellos sea la iniciativa, y sin embargo están en la fila esperando su turno. Más bien creo que en este fenómeno hay, por un lado, una situación social terrible y frustrante, y por otro, la idea de que la fama va a proporcionar la gratificación que no se puede conseguir de otra manera", afirmó.
En la historia de la humanidad, son pocos los niños prodigio que llegaron a destacarse siendo adultos y ello no se debe seguramente a que no existía la televisión o internet. Genios hubo muy pocos a lo largo de los siglos.
En esta sociedad donde importa la exhibición y se muestra la vida como un gran show que brinda réditos económicos a algunos sectores, los niños deben ser protegidos y dejarlos que vivan su infancia con naturalidad y si tienen algún talento artístico que estudien y lo disfruten, con la meta de ser buenas personas, lejos de la fama y el dinero como metas.
Se promovió el individualismo a ultranza, el tan mentado "sálvese quien pueda"; se ahondó el famoso "yo, argentino", surgido a mediados de los 70, para explicar la falta de compromiso con la sociedad y la obtención de dinero y de la fama -si se consigue fácilmente, mejor- pasó a tener un gran protagonismo en una sociedad cada vez más materialista.
En ese contexto, muchos jóvenes se desviven por participar en programas tipo reality show que consisten en mostrar las miserias cotidianas durante 24 horas en la pantalla chica, promover la competencia entre ellos y convertir a los espectadores en mirones estimulados por la morbosidad. Siempre hubo antes programas del saber, pero comenzaron a salir en los últimos años otros de talentos, en los que los jóvenes elegidos, si bien competían cantando en los diferentes géneros populares, eran preparados por profesores de canto y aunque perdieran, alguna enseñanza les quedaba.
Hubo otros que estaban dedicados a la participación de niños a los cuales el conductor los sometía a interrogatorios como si fueran adultos, y los hacía contestar sobre noviazgos, sexo, etcétera. Surgieron otros de talento en los que se permitía la participación de chicos; estos competían con adultos por la obtención de unas gotas de fama y de un generoso premio.
El jueves hubo justamente un casting para un programa televisivo y asistieron numerosas madres con sus hijos. En la espera, ellas parecían más entusiasmadas que sus vástagos que practicaban en la vereda. Uno de los postulantes tenía apenas dos años y zapateaba imitando a sus padres. El padre de una de las candidatas dijo que quería que sus hijas tuviesen un buen futuro y le gustaría que el día de mañana pudieran desarrollar su vocación sin impedimentos de ninguna clase. También chicos discapacitados fueron presentados a la selección.
Seguramente, los padres no piensan en lo traumático que puede resultar para sus vástagos en una competencia muy exigente, si llegan a fracasar. La cuota de exhibición es muy alta y las expectativas se potencian, de modo que la frustración puede ser seria si no se pasa a la ronda siguiente.
Coincidimos con una psicóloga social consultada por nuestro diario que dijo que el deseo de los chicos por participar en este tipo de programas de talentos es el deseo de los padres, que quieren realizarse a través de sus hijos. "Muchos de estos niños son tan pequeños que resulta impensable que de ellos sea la iniciativa, y sin embargo están en la fila esperando su turno. Más bien creo que en este fenómeno hay, por un lado, una situación social terrible y frustrante, y por otro, la idea de que la fama va a proporcionar la gratificación que no se puede conseguir de otra manera", afirmó.
En la historia de la humanidad, son pocos los niños prodigio que llegaron a destacarse siendo adultos y ello no se debe seguramente a que no existía la televisión o internet. Genios hubo muy pocos a lo largo de los siglos.
En esta sociedad donde importa la exhibición y se muestra la vida como un gran show que brinda réditos económicos a algunos sectores, los niños deben ser protegidos y dejarlos que vivan su infancia con naturalidad y si tienen algún talento artístico que estudien y lo disfruten, con la meta de ser buenas personas, lejos de la fama y el dinero como metas.







