14 Mayo 2010 Seguir en 
Nunca es bueno adjudicarse la exclusividad de algo, sobre todo cuando se trata de características que pueden resultar comunes a otras sociedades. Pero es cierto que nuestra costumbre de sentirnos, por un lado, dueños de la verdad y de ser llamativamente pesimistas, por otro, forman parte de la idiosincrasia argentina. Cada argentino tiene su fórmula para arreglar el país, sus respuestas para solucionar un problema. Esta capacidad discursiva pocas veces se refleja en la realidad.
En estos días, el técnico de Selección Nacional dio a conocer la nómina de 30 jugadores preelectos para participar del Mundial de Fútbol que se llevará a cabo en junio en Sudáfrica. Diego Maradona dejó afuera a jugadores consagrados que eran pedidos por hinchas y por diferentes sectores de la prensa. En cambio, citó a algunos futbolistas que no parecían con posibilidades de asistir al campeonato.
Como suele suceder en estos casos, una buena parte de la nación estuvo pendiente de la decisión del entrenador. Al conocerse la lista, rápidamente hablaron los heridos que quedaron afuera del campeonato y las críticas adversas sobre el director técnico se renovaron, haciendo alusión a su vida personal y a su supuesta incapacidad para dirigir un equipo. Un sector hizo hincapié luego en cuáles serán los siete deportistas que se quedarán con las ganas de viajar cuando se entregue la lista definitiva de 23 jugadores. Otros han lanzado sus malos augurios sobre la futura performance del combinado en la competencia internacional. La óptica negativa se está imponiendo con creces.
En otras ocasiones, se ha dicho que los argentinos no tenemos un término medios, pasamos de un extremo a otro: somos los mejores o los peores del mundo, de acuerdo con el humor con que nos levantemos. Este comportamiento no ocurre solamente en el campo deportivo, se refleja en el otros aspectos de la realidad. A un proyecto o idea positiva rápidamente se le encuentra la vuelta para encontrarles el aspecto negativo y en consecuencia, tumbarla o no llevarla nunca a la práctica.
Primero fue la mala actuación de la Selección durante las eliminatorias, luego la controversia sobre quién es mejor futbolista: ¿Messi o Maradona? A pocas semanas del Mundial, sería interesante que pensáramos en positivo, en el potencial futbolístico del equipo nacional que cuenta con varios de los mejores y más caros jugadores del mundo y que ha sido valuado en 293 millones de euros, ocupando el segundo lugar luego de España. Ello no significa que pese a su potencial, la Argentina no pueda ser eliminada en la primera rueda, como podría sucederle a Brasil, Alemania o cualquier otro combinado. Sencillamente, porque afortunadamente el azar siempre está dispuesto a romper la lógica rigurosa y eso conduce al que el más débil pueda derrotar a veces al más fuerte, cuanto pareciera a todas luces imposible.
Como sucede en otros aspectos de la realidad, hay que aceptar las decisiones de quienes conducen un equipo de fútbol, un gobierno o la justicia, más allá de que no estemos de acuerdo y expresemos nuestra disconformidad libremente.
Lo interesante sería confiar en que se puede hacer un buen papel en la competencia o en todo caso, no anticiparse a un resultado negativo. Tal vez reservar toda la carga crítica si el rendimiento fuera adverso y nos eliminaran rápidamente.
"No se puede", "no es posible", "es una buena idea, pero...", "no va andar", son expresiones que se escuchan a diario. Sería bueno que pudiésemos revertir alguna vez las ondas negativas y recordar siempre que querer es poder. Que a los impedimentos nos los imponemos las personas. Si una persona pudo vencer una adicción o subir al Aconcagua, significa que los otros también pueden, en tanto y en cuanto se lo propongan.
En estos días, el técnico de Selección Nacional dio a conocer la nómina de 30 jugadores preelectos para participar del Mundial de Fútbol que se llevará a cabo en junio en Sudáfrica. Diego Maradona dejó afuera a jugadores consagrados que eran pedidos por hinchas y por diferentes sectores de la prensa. En cambio, citó a algunos futbolistas que no parecían con posibilidades de asistir al campeonato.
Como suele suceder en estos casos, una buena parte de la nación estuvo pendiente de la decisión del entrenador. Al conocerse la lista, rápidamente hablaron los heridos que quedaron afuera del campeonato y las críticas adversas sobre el director técnico se renovaron, haciendo alusión a su vida personal y a su supuesta incapacidad para dirigir un equipo. Un sector hizo hincapié luego en cuáles serán los siete deportistas que se quedarán con las ganas de viajar cuando se entregue la lista definitiva de 23 jugadores. Otros han lanzado sus malos augurios sobre la futura performance del combinado en la competencia internacional. La óptica negativa se está imponiendo con creces.
En otras ocasiones, se ha dicho que los argentinos no tenemos un término medios, pasamos de un extremo a otro: somos los mejores o los peores del mundo, de acuerdo con el humor con que nos levantemos. Este comportamiento no ocurre solamente en el campo deportivo, se refleja en el otros aspectos de la realidad. A un proyecto o idea positiva rápidamente se le encuentra la vuelta para encontrarles el aspecto negativo y en consecuencia, tumbarla o no llevarla nunca a la práctica.
Primero fue la mala actuación de la Selección durante las eliminatorias, luego la controversia sobre quién es mejor futbolista: ¿Messi o Maradona? A pocas semanas del Mundial, sería interesante que pensáramos en positivo, en el potencial futbolístico del equipo nacional que cuenta con varios de los mejores y más caros jugadores del mundo y que ha sido valuado en 293 millones de euros, ocupando el segundo lugar luego de España. Ello no significa que pese a su potencial, la Argentina no pueda ser eliminada en la primera rueda, como podría sucederle a Brasil, Alemania o cualquier otro combinado. Sencillamente, porque afortunadamente el azar siempre está dispuesto a romper la lógica rigurosa y eso conduce al que el más débil pueda derrotar a veces al más fuerte, cuanto pareciera a todas luces imposible.
Como sucede en otros aspectos de la realidad, hay que aceptar las decisiones de quienes conducen un equipo de fútbol, un gobierno o la justicia, más allá de que no estemos de acuerdo y expresemos nuestra disconformidad libremente.
Lo interesante sería confiar en que se puede hacer un buen papel en la competencia o en todo caso, no anticiparse a un resultado negativo. Tal vez reservar toda la carga crítica si el rendimiento fuera adverso y nos eliminaran rápidamente.
"No se puede", "no es posible", "es una buena idea, pero...", "no va andar", son expresiones que se escuchan a diario. Sería bueno que pudiésemos revertir alguna vez las ondas negativas y recordar siempre que querer es poder. Que a los impedimentos nos los imponemos las personas. Si una persona pudo vencer una adicción o subir al Aconcagua, significa que los otros también pueden, en tanto y en cuanto se lo propongan.







