Colores de la montaña

Una muestra antológica del artista se verá en el Museo Timoteo Navarro, con más de medio centenar de pinturas, esculturas, objetos y construcciones.

Por Jorge Figueroa 12 Mayo 2010
Una muestra antológica que recorre la producción de 30 años del artista Enrique Salvatierra se inaugurará mañana, a las 20.30 en el Museo Timoteo Navarro.
"Del barro y las estrellas", reúne un conjunto de medio centenar de obras del artista, entre pinturas, objetos, esculturas, cuadros cerámicas, tapices y construcciones de madera. Los trabajos están fechados entre 1982 y 2010.
La exposición puede observarse como una unidad, casi como una "marca registrada", en la que el color, las formas y las texturas conservan un estilo.
Aunque, en sus obras más recientes, el color se ha hecho más brillante.
En las obras de Salvatierra puede advertirse la producción de una significancia en la que se investiga, nada menos, el tiempo y su relación con el espacio, del que solo puede decirse que es y permanece. Salvatierra hace trabajar la significación en la significancia, como proceso permanente: ha logrado unir la iconografía precolombina con el constructivismo rioplatense, lo que constituye su mayor aporte -así lo entiendo-, y lo distingue de otros programas artísticos.
En sus últimas pinturas hay constantes estructurales, como la fuerte base geométrica y, en particular, el dominio de las líneas horizontales y verticales sobre las oblicuas; una paleta que reitera colores, pero, en esta oportunidad, con mayor presencia del azul y el amarillo al lado de los rosados, ocres y grises; colores que, de algún modo, generan un particular clima que expresa su relación con la tierra, con su paisaje.
Si entendemos la perspectiva como una creación tridimensional de una superficie bidimensional, no puede soslayarse el trabajo con la textura, tanto táctil como visual. Pero quiero detenerme en la composición pictórica: cuando uno observa estas pinturas advierte cuadros dentro del cuadro; zonas de construcción que semejan, en algunos casos, a virtuales acercamientos de espacios determinados, planteados -tal vez- como detalles de un todo. Esta composición -estructurada, reitero- es la que pone en relación todos los elementos-signos mencionados, y es la que permite que una pintura se someta a segundas y terceras lecturas.
Las obras de Salvatierra pueden linkear con cierto minimalismo, con una producción que respira un paisaje determinado, pero, como él mismo aclara, se propone desde una visión contemporánea. Hay una cita de las culturas precolombinas que atraviesa sus cerámicas, sus pinturas, sus objetos, es indudable; puede observarse allí una mezcla del pasado y el presente, de lo antiguo y lo contemporáneo. Pero este arte se posiciona en un constante dislocamiento, en ese cambio de lugares, de espacios, de géneros; esa visita al pasado la realiza desde nuestros días, no desde una producción residual.

"Entre"
Una última observación: si bien en las pinturas de Salvatierra hay una relevancia de la estructura (se lee como una lenguaje organizado de signos) que denota el esfuerzo en la construcción, en toda su producción se subraya ese dislocamiento destacado, porque se ubica entre lo textil y el diseño, entre los objetos y la pintura, entre lo útil y lo inútil; entre el arte y la artesanía.
Desde este punto de vista, podría decirse, que deconstruye las dicotomías arte/ diseño y arte/artesanía. Sus obras se deslizan entre una y otra, y en ese desplazamiento, se advierte la operación artística.

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