11 Mayo 2010 Seguir en 
La universidad es una de las instituciones más antiguas del saber académico. Aunque los persas y los árabes habrían sido los precursores de la versión moderna en la antigüedad, en Occidente surgieron en la Edad Media. La Universidad de Bolonia (Italia), fundada a comienzos del siglo XIII fue la primera en tener estudios reconocidos universalmente y estatutos propios. A ella le siguió la de Oxford, la París, Módena, Padua y Nápoles.
La Universidad Nacional de Tucumán (UNT) se inauguró el 25 de mayo de 1914 y fue su primer rector, su fundador Juan B. Terán. Nacionalizada en 1921 con la promulgación de la ley 11.027, la casa de altos estudios se distinguió siempre por su calidad académica y por una investigación que aportó grandes logros a la sociedad.
El 20 de abril pasado dio comienzo el proceso de elección del rector que culminará con la asamblea universitaria que debe reunirse el 18 de mayo. Desde el comienzo se percibió que iba a ser dura la campaña proselitista de ambos candidatos por las acusaciones que cruzaron.
Una vez iniciado el proceso electoral, las incriminaciones de compra de votos, de corrupción, de otorgamiento de cargos, se incrementaron y desnudaron una lucha feroz por el poder, en la cual todo parecía ser válido para descalificar al rival. A escasos días de la formación de la Asamblea que consagrará al nuevo rector, los postulantes se denunciaron duramente. La por entonces vicerrectora María Luisa Rossi de Hernández -presentó la renuncia a su cargo ayer- había señalado que el festival de nombramientos por parte del oficialismo ponía en peligro las finanzas de la casa de altos estudios. "No podemos permitir que sigan usando los fondos del YMAD, poniendo en riesgo el futuro de la Universidad, a ojos de todo el mundo, hubo variados despilfarros", acusó, mientras que su compañero de fórmula denunciaba que el gasto en personal había crecido $4 millones. Por el lado del actual rector, que busca la reelección, Juan Cerisola, su secretaria académica afirmó que las acusaciones de la actual vicerrectora eran expresiones típicas de quienes ignoran los límites entre una campaña electoral y el quehacer institucional; entre una denuncia mediática y los deberes de funcionario público.
Ayer, la UNT y una buena parte de la sociedad se convulsionaron con un video en el que se observa al secretario de Bienestar Universitario ofreciendo prebendas a cambios de votos a un consejero estudiantil electo y a un funcionario de la Facultad de Artes. La grabación fue presentada en la Justicia Federal.
Nunca antes en una elección a rector en la UNT se vio tanta virulencia entre los rivales. Las inculpaciones mutuas de "bolsonerismo" y de malversación de fondos no han hecho más que enlodar una institución del saber que debería dar el ejemplo a la sociedad de respeto, de transparencia, de debate de ideas y proyectos. El episodio de ayer es un reflejo vergonzoso de lo que está sucediendo en estos comicios, que deja mal parada a la Universidad no sólo ante la sociedad provincial sino también ante el país.
Si estos niveles de agresión y de corrupción han llegado hasta la casa de Juan B. Terán, de donde deberían surgir la dirigencia como anhelaba su fundador, significa que los principios éticos y morales han entrado en un cono de sombras. Cabe preguntarse, no sin preocupación, cuál será la formación que recibirán nuestros futuros profesionales y docentes si esta contienda está mostrando la bajeza de los argumentos entre los postulantes para acceder al poder a toda costa como si el fin justificara cualquier medio. Lejos de la visión de la grandeza de Prebisch, Descole y Virla, lo demostrado hasta aquí es una suma de intereses sectoriales que empequeñecen a nuestra principal casa de estudios.
La Universidad Nacional de Tucumán (UNT) se inauguró el 25 de mayo de 1914 y fue su primer rector, su fundador Juan B. Terán. Nacionalizada en 1921 con la promulgación de la ley 11.027, la casa de altos estudios se distinguió siempre por su calidad académica y por una investigación que aportó grandes logros a la sociedad.
El 20 de abril pasado dio comienzo el proceso de elección del rector que culminará con la asamblea universitaria que debe reunirse el 18 de mayo. Desde el comienzo se percibió que iba a ser dura la campaña proselitista de ambos candidatos por las acusaciones que cruzaron.
Una vez iniciado el proceso electoral, las incriminaciones de compra de votos, de corrupción, de otorgamiento de cargos, se incrementaron y desnudaron una lucha feroz por el poder, en la cual todo parecía ser válido para descalificar al rival. A escasos días de la formación de la Asamblea que consagrará al nuevo rector, los postulantes se denunciaron duramente. La por entonces vicerrectora María Luisa Rossi de Hernández -presentó la renuncia a su cargo ayer- había señalado que el festival de nombramientos por parte del oficialismo ponía en peligro las finanzas de la casa de altos estudios. "No podemos permitir que sigan usando los fondos del YMAD, poniendo en riesgo el futuro de la Universidad, a ojos de todo el mundo, hubo variados despilfarros", acusó, mientras que su compañero de fórmula denunciaba que el gasto en personal había crecido $4 millones. Por el lado del actual rector, que busca la reelección, Juan Cerisola, su secretaria académica afirmó que las acusaciones de la actual vicerrectora eran expresiones típicas de quienes ignoran los límites entre una campaña electoral y el quehacer institucional; entre una denuncia mediática y los deberes de funcionario público.
Ayer, la UNT y una buena parte de la sociedad se convulsionaron con un video en el que se observa al secretario de Bienestar Universitario ofreciendo prebendas a cambios de votos a un consejero estudiantil electo y a un funcionario de la Facultad de Artes. La grabación fue presentada en la Justicia Federal.
Nunca antes en una elección a rector en la UNT se vio tanta virulencia entre los rivales. Las inculpaciones mutuas de "bolsonerismo" y de malversación de fondos no han hecho más que enlodar una institución del saber que debería dar el ejemplo a la sociedad de respeto, de transparencia, de debate de ideas y proyectos. El episodio de ayer es un reflejo vergonzoso de lo que está sucediendo en estos comicios, que deja mal parada a la Universidad no sólo ante la sociedad provincial sino también ante el país.
Si estos niveles de agresión y de corrupción han llegado hasta la casa de Juan B. Terán, de donde deberían surgir la dirigencia como anhelaba su fundador, significa que los principios éticos y morales han entrado en un cono de sombras. Cabe preguntarse, no sin preocupación, cuál será la formación que recibirán nuestros futuros profesionales y docentes si esta contienda está mostrando la bajeza de los argumentos entre los postulantes para acceder al poder a toda costa como si el fin justificara cualquier medio. Lejos de la visión de la grandeza de Prebisch, Descole y Virla, lo demostrado hasta aquí es una suma de intereses sectoriales que empequeñecen a nuestra principal casa de estudios.







