Un baile desesperado que desnuda la miseria

UNA HISTORIA CONOCIDA. Siga el baile, siga el baile, que si no sería ridículo, sería una tragedia, indica el animador.
UNA HISTORIA CONOCIDA. "Siga el baile, siga el baile, que si no sería ridículo, sería una tragedia", indica el animador.
10 Mayo 2010
"Marathon", la obra que el Teatro Cervantes puso en escena en la sala del San Martín, no es de las que se pueden ver y olvidar con rapidez. Como sus personajes, las ideas que dispara  se quedan bailando en la cabeza del espectador. La miseria y la desesperación, en clave musical.
Un teatro bastante caluroso y unos espectadores, como siempre, un poco impuntuales, le dieron la bienvenida a este trabajo de Ricardo Monti, una obra que durante toda la velada se mantuvo en movimiento. El movimiento de seis parejas que bailan por un premio que desconocen, movidos por la fe y la desesperación de quien no tiene otra alternativa.
La bajeza humana, llegando a soportar la  humillación y el dolor de quien parece no tener otra opción; y el vaivén entre la resignación y la lucha fueron las notas que el director Villanueva Cosse eligió para esta ópera de la crisis social ambientada en la Argentina de 1930.
Pompeyo Audivert y Montenegro, el animador y su guardaespaldas, son los encargados del sometimiento de las parejas. Por medio del sufrimiento de los concursantes, estos dos macabros personajes se encargan de entretener al público que asiste todas las noches a observar la miseria ajena. Con grandes actuaciones se traza un recorrido por la realidad de cada personaje. Sus miserias y sus sueños, su resignación y su fe van y vienen al ritmo que marca el desalmado animador, que sabe cómo mantener al público atento y a los concursantes dominados. "Si esto no fuera ridículo, sería una tragedia. Siga el baile, siga el baile", grita el animador. "Sin los sueños la vida sería imposible", agrega, dejando en claro que a estas parejas no les queda más que soñar con un futuro mejor.
Durante la puesta se van introduciendo sutilmente relatos históricos: los frigoríficos, la dominación de los españoles, las apariencias de clases y la tipificación de personajes clásicos del país.
Asoman una clase media en crisis que no quiere resignarse a la miseria, una aristocracia desinteresada y caprichosa y un joven rebelde y desorientado. Juntos le dan el toque "argentino" a la obra. "Marathon" logró involucrar aún más a los espectadores porque no pueden dejar de sentir que a la historia ya la conocen.
Al final, cada pareja había desnudado su crisis personal, había mostrado su bajeza y ya no tenía fuerzas para bailar. Y se asoma un esbozo de revolución: el joven Tom Mix, interpretado por Martín Slipak, era el único personaje que estaba ahí sin un motivo aparente. Un joven perdido, que no sabía lo que quería, empieza a cuestionar el sinsentido de esta tragedia. Se rebelan, y el animador y su guardaespaldas naufragan en la misma miseria en la que, al fin y al cabo, nadaban todos. Parecía que la condena de ese baile eterno iba a terminar; que por fin cada personaje iba a perseguir sus sueños fuera de esa jaula de humillación y resignación. ¿Y qué qedaba afuera? "Siga el baile, siga el baile".

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios