10 Mayo 2010 Seguir en 
Pompeyo Audivert es una gran figura del teatro nacional. Conduce el estudio El Cuervo desde 1990 y participó como actor en piezas como "Esperando a Godot", "Postales argentinas", "Hamlet" y "La hija del aire". Dirigió además casi una veintena de obras y registró una destacada y reconocida labor en televisión y en cine. Audivert es, si se quiere, un creador con todas las letras, porque en sus talleres y seminarios propone, nada menos, la dramaturgia del actor, a partir de la improvisación.
En una entrevista con LA GACETA, Audivert repasó distintos temas. Básicamente, sostiene que los actores son los que tienen la palabra en el mundo del teatro. "En el modo de producción tradicional funcionaban como un engranaje más en una fábrica, pero sostengo que son el centro de la actividad", enfatizó.
- ¿Qué mirada tenés del arte?
- El arte debe competir con la realidad, no reflejarla. La obra debe poner en peligro la realidad, porque debe ser más real y más intensa; incluso, más verdadera. Si se limita a ser un reflejo, la obra está capturada para afirmar esa realidad histórica que debe cuestionar; y si imita, se pierde. Debe entenderse que el "Guernica" de Picasso plantea una revolución en términos formales, antes que nada.
- ¿Cómo analizás al llamado teatro contemporáneo argentino?
- Creo que en la escena hay dramaturgos y directores interesantes, distintos caminos que se adoptan, pero trabajan con la dramaturgia de autor. Son movidas emergentes aún, aunque estén instalados desde hace una década, porque todavía faltan obras que tengan un determinado nivel de singularidad. Las tentativas son buenas, pero... Beckett, por ejemplo, instaló una escritura que rompió con todo y todavía tenemos su influencia, porque lo suyo fue fundacional.
- ¿Proponés otro tipo de dramaturgia?
- Sí, la del actor, que es el que está al frente de la batalla y de la lucha por la existencia teatral. Son los que inscriben sus cuerpos en la escena y son los que pueden producir dramaturgia. Aclaro que la dramaturgia no es únicamente el texto escrito, sino el cuerpo, el espacio y la palabra en la escena. La propuesta, en suma, pertenece a la investigación teatral de la escena. En otras palabras, el teatro hoy es de emergencia y de barricada.
- ¿Cómo se comporta el espectador?
- El sistema lapida la capacidad poética del espectador y lo que debemos hacer nosotros, el arte en general, es poder reactivarla. Insisto en que esa dimensión poética es la sensibilidad y nuestros objetivos deben dirigirse a esa realidad, y sin solemnidad. Creo que el teatro debe ser más abierto, no cerrado a determinados círculos, y opino que esto está empezando a ocurrir; hay una reacción, que también está sucediendo en la realidad.
- ¿Cómo enseñar, cómo entender la improvisación?
- Es una palabra peligrosa. Se trata de la producción de condiciones de discontinuidad en los movimientos en la escena; técnicas con el cuerpo y el espacio, para lograr otra forma de estar presente en el escenario.
En una entrevista con LA GACETA, Audivert repasó distintos temas. Básicamente, sostiene que los actores son los que tienen la palabra en el mundo del teatro. "En el modo de producción tradicional funcionaban como un engranaje más en una fábrica, pero sostengo que son el centro de la actividad", enfatizó.
- ¿Qué mirada tenés del arte?
- El arte debe competir con la realidad, no reflejarla. La obra debe poner en peligro la realidad, porque debe ser más real y más intensa; incluso, más verdadera. Si se limita a ser un reflejo, la obra está capturada para afirmar esa realidad histórica que debe cuestionar; y si imita, se pierde. Debe entenderse que el "Guernica" de Picasso plantea una revolución en términos formales, antes que nada.
- ¿Cómo analizás al llamado teatro contemporáneo argentino?
- Creo que en la escena hay dramaturgos y directores interesantes, distintos caminos que se adoptan, pero trabajan con la dramaturgia de autor. Son movidas emergentes aún, aunque estén instalados desde hace una década, porque todavía faltan obras que tengan un determinado nivel de singularidad. Las tentativas son buenas, pero... Beckett, por ejemplo, instaló una escritura que rompió con todo y todavía tenemos su influencia, porque lo suyo fue fundacional.
- ¿Proponés otro tipo de dramaturgia?
- Sí, la del actor, que es el que está al frente de la batalla y de la lucha por la existencia teatral. Son los que inscriben sus cuerpos en la escena y son los que pueden producir dramaturgia. Aclaro que la dramaturgia no es únicamente el texto escrito, sino el cuerpo, el espacio y la palabra en la escena. La propuesta, en suma, pertenece a la investigación teatral de la escena. En otras palabras, el teatro hoy es de emergencia y de barricada.
- ¿Cómo se comporta el espectador?
- El sistema lapida la capacidad poética del espectador y lo que debemos hacer nosotros, el arte en general, es poder reactivarla. Insisto en que esa dimensión poética es la sensibilidad y nuestros objetivos deben dirigirse a esa realidad, y sin solemnidad. Creo que el teatro debe ser más abierto, no cerrado a determinados círculos, y opino que esto está empezando a ocurrir; hay una reacción, que también está sucediendo en la realidad.
- ¿Cómo enseñar, cómo entender la improvisación?
- Es una palabra peligrosa. Se trata de la producción de condiciones de discontinuidad en los movimientos en la escena; técnicas con el cuerpo y el espacio, para lograr otra forma de estar presente en el escenario.
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