Positiva acción ecológica de alumnos

08 Mayo 2010
Como se sabe, desde hace tiempo, la producción de basura es una de las grandes "industrias" tucumanas. Quien recorra la provincia hallará papeles, bolsas, botellas y todo tipo de desperdicios a la vera de los caminos y las rutas, en las ciudades, en las márgenes de ríos y lagunas, en los bosques, en los mismos cursos de agua. Es cierto que, en muchos lugares, como las plazas, en cientos de calles o en los barrios faltan cestos para residuos, pero eso no es un justificativo de esta pésima costumbre social.

Es siempre positivo cuando desde la educación se aborda este problema social con un criterio formador, no sólo discursivo. Por esa razón, es positivo cuando se llevan a cabo acciones en las que se aprende brindando un servicio a la comunidad. Ello sucedió con la experiencia realizada por alumnos del colegio San Patricio, de Yerba Buena, y de la escuela "Miguel Angel Torres", de Tafí del Valle. Junto a sus docentes limpiaron el perilago del dique La Angostura en el marco de un proyecto de intervención socio comunitaria sobre medio ambiente.

Previamente, visitaron la planta procesadora de residuos que está en la entrada de El Mollar. "Encontramos de todo: zapatos viejos, ojotas, latas, alambres y, sobre todo, muchas bolsas y botellas de plástico. Estaban semienterradas y tuvimos que hacer mucha fuerza para sacarlas", dijo una adolescente, mientras que otro contó que además de juntar basura hicieron un relevamiento de los desperdicios para saber lo que consume y tira la población. En una hora y media, el centenar de chicos limpió el lugar. Depositaron los residuos en un contenedor que fue llevado a la planta de El Mollar. La práctica efectuada los llevó a concluir que la gente sabe que no debe tirar los desperdicios al suelo, pero lo hace porque no le importa. Uno de ellos descubrió la importancia de que se eduque sobre el cuidado del medio ambiente desde la infancia. "No se dan cuenta de que la basura que tiramos puede llegar a tapar nuestro futuro", sentenció una alumna.

Hubo iniciativas similares en otras ocasiones, con patrullas ecológicas que recorrían los parques 9 de Julio o Avellaneda. Estas experiencias surgen, por lo general, por iniciativa de algún docente.

Nos parece que estas acciones deberían formar parte de una materia que incluyera no sólo la preservación del medio ambiente, sino también la seguridad vial, así como prácticas que estén relacionadas con la solidaridad en sus múltiples facetas. De ese modo, los chicos tal vez tomarían conciencia de que la ciudad y su entorno son su segunda casa y por lo tanto, hay que cuidarlos.

Se podrían armar patrullas ecológicas en todos los barrios, integradas por chicos y grandes, que limpiaran y reacondicionaran, por ejemplo, la plaza. Como ya se ha hecho en otras oportunidades, la Municipalidad podría brindar su apoyo prestando herramientas de trabajo

Iniciativas como esta o como el proyecto "Concejales por un día", que impulsa la Municipalidad capitalina deberían ampliarse a todos los establecimientos educativos. Sería, por otro lado, auspicioso que los concejos deliberantes de los otros municipios impulsaran una experiencia similar. Luego podría generarse un intercambio: que chicos del interior vinieran a sesionar a la capital y viceversa; de ese modo, podrían intercambiar ideas acerca de la realidad que vive cada uno.

Se formaría así a niños y jóvenes en la vida institucional y en la democracia y se derribarían los muros de un individualismo que nos sumerge en una torre de cristal. Un antiguo adagio latino reza: "res non verba", es decir "cosas (hechos), no palabras". A menudo las acciones -por más pequeñas que sean- enseñan más que sesudas teorías o enjundiosos discursos o consejos. Los alumnos de estos dos colegios lo comprobaron.

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