Aplaudiendo por un sueldo

Casi siete años después, los estatales volvieron a protestar en los pasillos de la Casa de Gobierno. El conflicto no deseado por Alperovich.

Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 06 Mayo 2010
Los primeros aplausos llegaron para José Alperovich. Y no fueron de aprobación. Las protestas internas en la Casa de Gobierno significaron un signo de debilidad de la gestión. Más si se trata de conflictos salariales. Ramón Ortega tuvo que sofocarlos en varias oportunidades apelando a su carisma de cantautor. Luego, en la historia institucional, Antonio Domingo Bussi trataba de ponerle su impronta de rectitud a un conflicto que se le fue de las manos. Julio Miranda buscaba cerrar acuerdos en los bares, por lo que las protestas internas en la sede del Poder Ejecutivo no le eran familiar. Le llegó el turno a José Alperovich, casi siete años después de que tomó las riendas de la gobernación. Los estatales salieron el viernes a los pasillos del Palacio de Gobierno a reclamarle al mandatario que cumpla lo acordado respecto del aumento salarial. La queja incomodó a más de un miembro del gabinete. Hubo silencio y el día después, el del Trabajador, apaciguó los ánimos. El lunes, las aguas se aquietaron.

¿Qué sucedió? Según la explicación oficial, hubo un problema en la interpretación de la letra chica del acuerdo salarial. Los más afectados fueron los empleados de la categoría 19 del escalafón, esos que pueblan la Casa de Gobierno. El aumento pactado del 19% no tuvo el impacto esperado en esta categoría. El reajuste fue prácticamente nulo para este sector. El sofocón pudo haberse evitado. Ni los funcionarios ni los gremialistas parecen haber evaluado la incidencia de la suba salarial por categoría, una técnica habitual en años anteriores. El error de cálculo le costó a Alperovich un dolor de cabeza por una impensada protesta en tiempos en que el Ejecutivo abona los salarios regularmente. Muchos, durante la protesta del viernes, recordaron los primeros discursos del gobernador. Aquello de que el tema salarial no iba a ser novedad durante su gestión. Es cierto, los sueldos se pagan al día, pero los estatales están convencidos de que el aumento debería evitar mayores disparidades salariales entre categorías.

En términos globales, el Poder Ejecutivo destina cerca de $ 300 millones mensuales para cubrir la planilla salarial de no menos de 80.000 empleados públicos. El costo salarial total por agente roza los $ 3.750, pero el promedio de remuneraciones de bolsillo es de $ 2.200 per cápita. Ese ingreso no es uniforme y, lo peor del caso es que el 40% del sueldo es no remunerativo para gran parte de la administración pública.

Esta es una parte del problema que, según algunos funcionarios, puede solucionarse con un aporte anual de $ 7 millones. Algunos sindicalistas consideran que los referentes del Frente de Gremios Estatales se apuraron a cerrar un acuerdo con el Gobierno, aun cuando en el sector público nacional no hay novedades acerca de las paritarias. Al Ejecutivo, en suma, le vino como anillo al dedo. Calmó las aguas, pero las nubes siguen amenazantes y tienen nombre: autoconvocados.

El conflicto con el personal de la salud no encuentra solución, mientras las marchas blancas continúan minando el corazón del poder. El discurso oficial sigue siendo el mismo de ayer: no hablar con profesionales que no tienen representación sindical. Por eso, Alperovich sigue negándose al diálogo. Mientras tanto, los paros se multiplicarán en los hospitales públicos, tal como lo advirtieron los propios autoconvocados. "Vamos a aguantar", se le escuchó decir a un miembro del gabinete, al evaluar la marcha blanca.

El conflicto en el sector salud está ingresando en un terreno espinoso. Lo malo es que mientras el Gobierno y los profesionales discuten, pierde la gente. El diálogo se torna necesaria. Los médicos y el personal sanitario reclaman un reajuste en sus ingresos acorde con la función que cumple. Y el Gobierno está en tiempo de descuento. Extender el conflicto más allá de setiembre significará una piedra en el zapato para transitar el camino a las elecciones de 2011. Sólo se necesita mirar hacia atrás, para no repetir los mismos errores de gestión.

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